
Una breve entrada. Una situación familiar que se complica poco a poco me impiden tener tiempo, ni ánimos para contar lo sucedido en Valencia.
Un par de fotos o tres nos muestran la cara y la cruz del viaje. Valencia y sus gentes se portaron de maravilla, incluso por encima de nuestros merecimientos...


Os muestro las caras del viaje. Dos muy alegres y una tercera llorando y sufriendo como un principiante, pero es lo que tiene que la carrera no se acabe hasta la línea de meta. En el kilómetro 37 ni siquiera sabes si llegarás a meta, aunque oigas la megafonía o veas las grúas del puerto a lo lejos. Allí sobre el cartel del 37 la rodilla dijo basta. Me dolía como nunca más lo había hecho, pero seguí corriendo, como pude. No le podía dar el susto a mi Santa de estar esperándome en meta y no llegar, no le haría pensar en que me había sucedido para que no me viera en el horizonte de la línea de meta.
Otro día, con más tiempo y más ánimo hablaremos de más cosas... Hoy sirvan estas fotos como muestra.