miércoles, 25 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (Epílogo)


Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Estaba empeñado el capitán Cook en dejar a la tropa en el barco el máximo tiempo posible. En el "Freestyle Daily", anunciaba a bombo y platillo que nos abrirían los toriles exactamente a las 13.00 pm. ¡Mierda!. Pensó el de La Arboleja. Palma, un sitio tan bello y recoleto que seguro que necesitaría más tiempo para poder ser visitado. Sobre todo los bares, lugares en donde no tendría que poner cara de niño bueno para que le sirvieran una cerveza a no mucho más de un par de euros. A cambio el "baranda" del barcucho nos obsequiaba con la fiesta más "cool" de todo el crucero en la zona de las piscinas y parque acuático. Bueno, vale una cosa por la otra, no le quedó más remedio que aceptar al Garban. Además era una buena manera de despedir las mañanas del viaje. Un mojito, música latina y rotura de caderas... Ahí es donde en zagalico tenía más "chance".

La fiesta, tal y como lo prometía el panfleto resultó de lo más divertida. El sol ayudaba a que sobre la cubierta, recostadas las "dominas" en las hamacas a modo de triclinium, tostando su piel y libando exóticas bebidas, dieran a la escena un cierto aire de bacanal romana. Comenzó la "verbena" con un par de dúos (los mismos que habían escuchado actuar durante la semana) que sonaban muy bien, pero que al Garban solo lo invitaban a pedir otro mojito, cerrar los ojos y dormirse. A las doce y media, justo cuando el chiquillo pensaba en irse a cambiar el "bañata" por el disfraz de "turista de crucero" aparecen por la puerta de cuadrillas la banda de puertorriqueños que habían dado los mejores y más divertidos momentos salseros durante el viaje. El capitán Cook, de nuevo manejaba con arte sus posibilidades con tal de encallarnos a la vera del divertido y descomunal bar del puente quince. Tras un par de bailes y viendo que las nenicas con las que estaba bailando no pensaban moverse del sitio hasta que cesara la música, el Garban, que ante todo no quería dejar pasar un sitio sin conocerlo, tuvo que tomar la difícil decisión de abandonar a las nórdicas a su suerte y partir a explorar lo desconocido.

El nene que ya tenía aprendido el manual del turista y que encima estaba en tierra conquistada se las prometía muy felices. Sale a pie del puerto, sabiendo que a unos doscientos metros existía una parada de autobús. Pregunta cual es la línea que le llevaría al centro y cual es la parada en la que se debe bajar. Como se llama el lugar donde iba a coger el bus y si la línea era circular o de "ida y vuelta".... ¡Coño!. Lo preguntó "tó", pero por lo visto al más gilipollas del pueblo. Al menos le dijo bien donde se tenía que bajar, que línea era y poco más. Más tarde veremos que la calamitosa información le tuvo al borde de quedarse en tierra donde más fácil, presumía, sería regresar a casa.

Resulta que Palma debe ser inmensa, pero fuera de lo que es la ciudad. En dos pasos anduvo el chavea todos los recorridos turísticos que pudo encontrar en el quiosco que junto al Parc de la Mar, daban información sobre los sitos a visitar. Desde el "Luis Sitjar" hasta el Museo March, la catedral, el palacete de "Jaume Matas" (el que se quedó con los cuartos del Palma Arena), los Baños Arabes, el Paseo de la Muralla,  Plaza Mayor, La Rambla... Total que en dos "patás" se quedó el "descerebrao" del Garban sin ná que hacer y no eran más allá de las cinco de la tarde... ¿Qué hizo el Garban?. Lo natural en él. Buscó en el casco histórico, por cierto que me dice el nenico que estaba todo restaurado con piso de piedra, limpio, tranquilo. Daba gusto pasear, una calle plácida con un coqueto cafetico que tuviera mesicas en la puerta en las que degustar "Estrella Damm", que la fabrican en Murcia. Que tuviera wiifi gratis. Que la camarera fuese simpática y bien guapa. Como ya tenía "datos" en el móvil, metió toda esta información en el "google" y le salió el "Café del Estudiante". Un barecico sin pretensiones que vive de dos centros docentes que se encuentran junto a él y que ese sábado abría porque a la tarde la dueña cumplía 37 años y estaba preparando su fiesta de aniversario. Allí a 1,50 el tercio de Damm, se tiró el Garban el resto de la velada, departiendo con la chiquilla y con los dos o tres estudiantes que se dieron cita allí. Durante ese tiempo la criatura se dedicó a enviar wassap, subir fotos, charlar amigablemente y beber a precios del Hogar de la Tercera Edad.

Y en ese punto comenzó su calvario.

Una hora antes del toque de queda se fue joven a la Plaza del Mercat donde para la línea tres. Cría el inocente que la información que tenía del autobús era la correcta. Se subió confiado y comenzó a juguetear con esa terrible herramienta que es la mensajería instantánea. Cuando creyó que estaría cerca de llegar a su destino levantó la cabeza y el autobús iba por una avenida "Carrer de Aragó", para más señas, en la que se apreciaba, sin ser el más listo de la clase, que lo separaba cada vez más de su destino. Consulto a la conductora y ésta, con cara de poco amigos, dice: "Si deseas ir al puerto de cruceros vas muy mal. Bájate ahora mismo y coge este mismo autobús pero en el otro sentido". El puto autobús no era de línea circular, si no de "ida y vuelta". Además yo lo había cogido en un sentido y en el contrario no lo hacía por la misma avenida, si no por otra paralela. Miró el Garban el reloj y ya comenzaron a temblarle las piernas... Las agujas del reloj estaban corriendo claramente en su contra. No tardó demasiado el autobús de regreso y al decirle al conductor que iba al Muelle de Cruceros, le contesta: "Este lo más cerca que tiene parada en esta dirección es en el Centro Comercial de Puerto Pi". Así que el Garban, no solo tenía que llegar a su parada, si no bajarse y correr hacia el embarcadero, cruzando el centro comercial. Adivinar si la puerta principal estaba a la izquierda o a la derecha de la salida del centro, cruzar todo el puerto y subir al puto "EPIC" antes de que al capitán Cook le saliera de los huevos quitar la pasarela que le daba acceso al pasaje...

Por supuesto, si algo puede salir mal, saldrá. El Garban tiró para la izquierda, cuando la entrada al puerto estaba a la derecha. Anduvo. No encontró la entrada por la que había salido. Regresó sobre sus pasos y ya nada le parecía igual que a la mañana. Se aventuró y miraba el reloj, mientras que con el otro ojo miraba al cielo, que se ennegrecía por momentos igual que su futuro inmediato. Tras minutos que le parecieron horas encontró la entrada al muelle y al fondo veía como las carpas de bienvenida del pasaje, donde habitualmente invitaban a un refresco a los embarcados cuando regresaban, no estaban. Algo más que una tabla y una cuerda quedaba para subir al barco y un marinero, no como los que estaban acostumbrados a ver, de impoluto blanco. Un mecánico con mono azul, guantes de trabajo y más mierda que "el rabo de una vaca", gritaba ¡Go, go, go!, y hacía evidentes signos de que corriéramos o nos quedábamos en tierra como que el capitán Cook no había llegado tarde nunca a ningún sitio. Corrió el Garban y al volver la cabeza observó como le seguían una pareja de "japos" y un matrimonio, más tarde sabría que eran nicaragüenses. Llevaban en brazos a dos criaturas. Esperó y le cogió de los brazos el chiquillo más pequeño a la señora. Los cinco siguieron corriendo en busca del refugio que suponía el barco.... Y por fin, los cien metros más largos de un Garban acostumbrado a carreras de decenas de kilómetros, acabaron en un suspiro. Tras ellos se quitó la tablica y se cerró la puerta. La lista de bajas del capitán Cook aquel día estaría cercana a veinticinco...

A la tarde el matrimonio llamó a Garban al camarote y lo invitó a una botella de champan. Con lo mal que le sienta, lo cierto es que esa vez, le supo a gloria.

Por la noche se preparaba una gran fiesta de despedida que se agrió con la descarga de una gran tormenta nada más salir del puerto de Palma. Los grupos se disgregaron con rapidez y la falta de música y la urgencia por preparar el equipaje hizo el resto. La americana se tenía que bajar del barco a las cinco de la mañana para coger su vuelo. Las suecas estaban ya para que las desembarcaran en una caja de zapatos. Esto obligó a que las despedidas fueran rápidas. 

El Garban, que tantas veces ha tenido que oficiar la ceremonia de la despedida, no es paartidario de que estas sean demasiado densas. Un ¡Hasta la vista!, sincero, conciso y ligero, es el máximo tiempo que puede perderse en un adiós.

A la mañana siguiente, temprano, desembarcó. Dio la casualidad que se celebraba la Travesía a Nado del Puerto de Barcelona, con motivo de la fiesta de La Mercé. Allí que se quedó viéndola con la sana envidia de quien unos años atrás también participaba en ese tipo de carreras. Cogió el tren y allí se acabó la aventura.

La aventura de un crucerista sin vocación que, por no hacer lo que siempre hace intentó llegar a donde antes no había llegado.

P.D.: Pronto, las peripecias de Garbanzito y el carnet de moto. Historias para no conducir.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (IX)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas


“Nunca hagas promesas cuando estés alegre, ni escribas una carta cuando estés triste”.

El nene de La Arboleja estaba en toda su salsa y no se le ocurrió otra cosa, que asegurar a sus nuevas amigas que les llevaría a Avignon al día siguiente. Llevado por la euforia del momento comentó, no sin ciertas ganas de presumir, que era infalible a la hora de organizar excursiones off-cruise. El Garban tenía previsto ir en tren y regresar antes de las seis y media para ver sus murallas. Hasta ese momento todo le había salido a pedir de boca. Los certeros manuales del crucerista traídos de España le habían servido de una inestimable ayuda. Hay que buscarlos en internet. Las dos nenicas, embrujadas por los encantos del zagal y su envolvente verborrea, se apuntaron a conocer con él tan bonica ciudad.

Se acostaron tarde y algo pasadas de entusiasmo (y de alcohol, el Garban no, que perder el juicio en el barco sale carico). Sus nuevas amigas confiaron en el chiquillo.


Cuando el vecino de La Albatalía leyó el diario de a bordo del día siguiente, intuyó lo peor. El puto barco ya no llegaba a las siete de la mañana a puerto como en días anteriores, si no a las diez. Imaginó que la catástrofe se avecinaba, cual tormenta de otoño. Se llamaron para modificar la hora de reunión. Ya no serían las ocho de la mañana, serían a las diez. En el lugar convenido aparecieron las chiquillas más una amiga que sólo hablaba inglés, y un nenico que por prudencia evitó preguntar quien lo había invitado. Cogieron la lanzadera que les dejó en el puerto viejo de Marsella, cerca del centro, pero ligeramente separados de la “Gare de Saint Charles”. El Garban había estudiado a conciencia el plano de la ciudad y condujo al animado grupico hasta la taquilla de los billetes, como si no hubiera hecho en la vida otra cosa más que callejear por la ciudad de Marsella conduciendo grupos de turistas.

Con su fluido francés, mentiría el chiquillo si no mencionara que con cierta ayuda del catalán de su nueva amiga, hizo entender a la nena de la taquilla que quería ir a Avignon y regresar antes de las seis menos cuarto de la tarde… La nena de la ventanilla transmutó su linda carica y le anunció el principio de la tormenta que al despertar el día el Garban barruntaba. Eso iba a ser imposible. El tren que les llevaba a su destino tardaría dos horas en llegar y sería el mismo que deberían coger de regreso. Así que ir a Avignon, podían ir, pero para estar a la hora precisa en Marsella no podrían ni bajarse a comprar pipas. ¡Coño, el jodío del Capitán Cook les había jodido el plan!. Platicaron largamente sobre el asunto y llegaron a la siguiente conclusión: El grupo resacoso hasta extremos inimaginables decidió que para ver la puta Marsella, prefería regresar al barco y recobrar fuerzas. El Garban, que no había realizado el viaje para pasarse más de las horas estrictamente necesarias en el EPIC, con la mejor cara posible y disimulando al máximo su decepción, dijo que nones, que el se iba a patear Marsella, algo habría que ver por allí. Así que allí terminó la aventura en compañía y se dispuso a pasear sin rumbo por la ciudad, una vez más, a solateras.

Ayudado por una gentil lugareña que observó como el zagal, en la puerta de la estación, daba vueltas y más vueltas al manoseado callejero de Marsella, pergeñó el plan de emergencia. El chiquillo despojado de los nervios, al no sentirse ya responsable más que de si mismo, mejoró su dicción y semántica francesa, tanto que, fue felicitado por la indígena al finalizar la conversación.

Al cabo de unos minutos emprendió la ruta.

Es sabido que casi todas las zonas que rodean las estaciones de tren, autobuses… etc. de las ciudades, suelen ser barrios deprimidos. Por unos momentos Garban se asustó y pensó que estaba en la “pequeña Argelia”. Calles sucias con cafetines infectos a cuyas puertas se sentaban en pequeñas mesas decenas de personas cuyo aspecto no era precisamente el más tranquilizador. Pateó toda aquella zona con algo más que prudencia, hasta que comenzó a encontrar los lugares que buscaba en el mapa. No era Florencia, ni Pisa y aún menos Roma, pero allí había algo que ver. Sobre las tres de la tarde, junto a la comisaría de policía encontró un coqueto bar con terraza, en el que intuyó podría tomar una cerveza. En todos los lugares parecían que las mesas de las terrazas estuvieran solo dispuestas para comer. Tuvo suerte de que el camarero era un simpático norteafricano que se enrolló como si de la misma Murcia fuera. Le explicó como conectarse a Internet aprovechando el wiifi de la comisaría y comenzó a servirle cervezas autóctonas, al principio con tiento. Conforme fue perdiendo la prudencia y haciéndo efecto el alcohol, de nuevo su francés mejoró, como si el don de lenguas hubiera sido siempre una de sus cualidades más acentuadas. El garçon le explicó que por allí se tomaba la cerveza negra mezclada con “Amair Picón” y aquel brebaje le dio nuevos bríos al huertanico. Sobre las cuatro y media decidió el Garban que ya era hora de buscar la ruta de regreso al barco. Esta vez ya no venía de la parte alta de la ciudad, así que encontró la Marsella de los lugareños. Calles peatonales con bonitas terrazas en las que los marselleses tomaban café y charlaban amigablemente. Descubrió la imagen de Marsella de la que hablan los libros de viajes. Replacetas con sabor acogedor, donde el paseante agradecía detener su marcha y tomar un pequeño descanso. Y eso hizo el crío. Disfrutó del paseo y se llevó consigo una imagen de Marsella acogedora, íntima, agradable. Tanto exprimió su estancia por aquellos sitios que fue el último en subir, al último autobús que partió.

Mañana Palma de Mallorca. Se acabó la aventura de lo desconocido. De hacerse entender. De experimentar nuevas sensaciones. De intentar empatizar con el diferente.

Esta noche la ha dedicado de nuevo a vagabundear por el barco. Noche de viernes. La verdad es que esto es un ecosistema de lo más variado. Hay pasajeros que el día que enseñaron la elegancia. O la discreción. O lo que es ir un poquico conjuntado, no fueron a clase.

Pretenciosos vestidos vaporosos con lentejuelas, que seguro que el diseñador de la línea de ropa omitió su nombre para no sentirse señalado por la calle. Camisetas de algodón que tienen menos prestancia que las que utiliza el Garban para sacarle brillo al parquet. Pamelas al estilo carreras de caballos. Vestidos de señora que seguro que la primera puesta fue en la boda de la hermana de ésta. Chaquetas blancas con botones dorados. Minifaldas raberas, junto a chicos con camiseta sport de tirantes blancas o negras… Menos mal que aun queda parte del pasaje con algo de coherencia en el vestir.

Esta mañana igual. Tanto que el Garban ha pedido el micro al speaker y ha solicitado por megafonía un poquico de buen gusto para bajar en el puerto de Palma. ¡Qué aquí veranea nuestra Leti!

Ni un pareo a juego con el bikini, ni un bolso de playa a juego con las flip-flap (chanclas de toa la vida, que el Garban se ha vuelto un snob. Mucha grasa  y poco glamour…
El capitán Cook está dispuesto a hacerse rico a base de tenerlos encerrados en el barco y que gasten aquí. Hoy el desembarco es a las 1.00 PM. Menos mal que les da un poco de cuello y atrasa el regreso al barco una hora. Hoy a las 7.30 PM.
Ayer husmeando por el barquito de vela… Pensó el chavea. ¿Aquí nadie fuma?.  Y nada más terminar la reflexión se lanzó como un poseso en busca de la mazmorra, donde sin duda alguna, los tienen que tener encerrados….

Le costó encontrar el escondite. Arriba, muy arriba. Junto a las chimeneas del barco. Tan alto estaba que había una placa que decía: “Aquí pereció fumando Rodrigo de Triana y sus útlimas palabras fueron ¡Tierra a la vista!”. Que dice el Garban que hacía un aire allá que los fumaores se arrepetujaban unos con otros para aumentar la masa y que el viento no los lanzara al mar como servilletas de papel. ¿Y frío?. Hacía tanto frío en aquel inhóspito lugar que a los que allí se aventuraban para encender un cigarrillo los protegían con una chaqueta en la que se leía “Al filo de lo imposible”. “Expedición Española al Everets”.

El Garban al sentirse en tierra propia hoy se ha dejado de tonterías. Estos días atrás desayunaba tostadicas, mermelada, matequilla, café con leche. Tenía miedo de que le ocurriera algo y no supiera explicarle al médico los síntomas que notaba. Aparte, no se fiaba demasiado del sistema de salud de los franceses o italianos. Es más, si enfermaba en Livorno, puestos al caso, ya había hecho cálculos y le salía más barato comprar casa allí que ser repatriado en un vehiculo medicalizado. Así que, habiendo perdido el miedo, al sentirse seguro de que los chicos de Ana Mato lo atenderían y solo le cobrarían lo imprescindible… El copago es un medio para que todos nos sintamos participes del sistema. ¿O creíais que era por recaudar?. ¡Mentes cloacosas!. ¡Lo hacen por nuestro bien.  Pues eso, que hoy ha ido a lo suyo, a lo que desayuna de normal en casa…”Huevos revueltos, beacon, salchichas, cebolla, pepinillos….”.  Lo habitual. Si se pone enfermo el médico lo salvará y si eso le costara caro a la Mato, como la pérdida del Garban es contigente, al menos el cura le administrará los santo óleos con un bonico discurso en castellano.

Y aquí está el Garban, con los barcos de los realmente ricos dando vueltas alrededor del majestuoso EPIC, saludándolos y devolviendo saludos. Esperando que la divina Leti, no le entretenga demasiado en la recepción que le ha preparado.

Nota.

Se acaba el viaje. Aunque el domingo mientras se registraba estaba deseando que éste llegara a su fin, cree que lo echará de menos. Eso sí, poco tiempo. En su casa está su gente, sus amigos y allí tiene nuevos planes que emprender, nuevas aventuras que contar.

P.D.: ¿No sabe la gente que si miran un trozo de mármol desde muy cerca no será más que una piedra?. ¿No se habrán dado cuenta que si se alejan lo suficiente verán un David o una Torre Inclinada?

Es que no he hecho una foto donde no haya algún gilipollas delante. Es que no se suben a la chepa de Neptuno por que un guardia los llevaría a comisaría. Tengo las mismas cabezas en más de doscientas fotos... Ni su peluquero les ve tanto el pelo como se lo voy a ver yo el día que me decida a volver a ver las fotos.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (VIII)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Está Garbanzito a un costado del barco. Para que va a precisar babor o estribor si no está seguro. Sentado en una mesita, coqueta, con su vela. Rodeado de bellas mujeres (nota del autor: Garban no exageres). De acuerdo, no todo es oro, también hay bastante oropel. Tomando el solecico, después de haber visitado Pisa, Florencia y Livorno. Bebe un zumo de frutas exóticas (la verdad es que todos saben casi igual, la única diferencia es el color) a pequeños sorbos. Saboreando. Entretiene su estómago con dos trozos de pizza que preparan delante del cliente en el buffet. Si no fuera porque el paisaje es una porquería. Livorno es igual que Nápoles, solo que en tamaño Playmovil. Todo parece perfecto. Si ésta no es vida de rico, debe parecerse bastante.

Observa Garban como el eficiente capitán, por lo menos a la hora de cerrar las puertas del barco, ayudado por los barquicos esos que tienen mucha fuerza pero que son muy chiquiticos, saca el buque del puerto.

Se dirige a Marsella. La vida en Italia le ha resultado muy fácil. Los italianos son gente agradable y es  un placer entender a la primera lo que te dicen. Cuando regresas a la cruda realidad de Guirilandia, es algo diferente. No es que el chiquillo lo pase mal o no intenten hacerle la vida fácil, si no porque siendo el Garban como es y no teniendo con quien charlar, curioso por vocación, no se entera de nada.

Por cierto, que  se está tomando tantos zumos, frutas (que están cortadas a taquitos y se comen como si fueran tropezones, lo que le ha animado a comer de ellas,. Quien conoce al Garban sabe de su aprensión a cortar la fruta o pelarla… ¡”Cá”!). El caso es que tomar tanto zumo de fruta tropical, le hace orinar de unos colores muy fashion. Vamos que hasta ir al servicio es un espectáculo de colorido inimaginable…

En la cola de embarque ha conocido a unos recién casados de Málaga. ¡Oye!. Que le ha dado rabia que se terminara la cola y entrar al barco. Que iba a romper a llorar de alegría al escuchar tan dulces voces… Han quedado para cenar en el temático de deportes. El chico iba con una camiseta del Málaga CF y por ahí ha comenzado la conversación. Igual hasta los adopta, ellos hablan aún menos inglés que él. Es decir, nada de nada. Los zagales  se iban a retirar a “descansar un rato”. El Garban entretiene el hambre, mientras cuenta sus historias.

Al regresar de Livorno se ha cambiado y ha hecho otra de las cosas que aún le faltaba por probar a bordo….  Se ha puesto un coqueto y precioso bañador verde y se ha lanzado a la aventura del Parque Acuático. Se ha despanzurrado, nunca mejor dicho, pues cada día está más gordo, por los toboganes de agua. A continuación se ha zambullido en la piscina. Entre tirarse por los tres toboganes y bañarse, según cuenta, la escena ha durado cinco minutos… La gente dirá que es mentira, que se lo inventa. Pues que lo sepa el mundo entero y verdadero, que dice el Garban que el bañador ya no es nuevo.

El de la Plaza del Spiritu hasta la estación central de Florencia ha sido un bonito paseo, ya sin el plano en la mano. Callejeando, descubriendo sitios por los que el turista no suele pasar, ya que no conducen a ningún monumento importante.  Ha sido agradable recorrer esas calles sin prisa. Los trenes, también en Italia salen y llegan con retraso. Por una vez le ha venido bien al viajero. Al llegar con tiempo suficiente ha podido coger uno que debía haber salido quince minutos antes y no ha esperado nada de nada.

Esta mañana reflexionaba Garban sobre el turismo de crucero. La vida en el barco no es cara. El Garban, si quita la parte obligatoria de las propinas diarias no ha gastado ni 90 euros. ¡Que va, cree él que menos!. Es cierto que no tiene grandes caprichos. Un par de cervezas por la noche y una copa, pero es suficiente. Te atienden como un marqués. El camarote está genial, tienes fiestas y actividades hasta las doce y media. Aquí se trasnocha poco, si quieres ver algo en tierra hay que salir pronto para coger los primeros trenes. De todas formas hay una discoteca que no cierra. Aunque creo que ya ha habido tres intentos de linchamiento del pinchadiscos. La diferencia entre una forma de viaje u otra es que no te empapas de las ciudades que visitas. Sólo corres tras el plano y tiras fotos. El Garban irá ya por las quinientas… Como no pierde el tiempo en nada…. Al final es un poco hacer una colección de estampas que ya has visto en otros reportajes, libros o la televisión. No sabe muy bien Garban si esto es positivo o no… Pero la vida que lleva es la de un don juan, lo tratan como si fuera de la familia real y ha visto un montón de sitios que ni imaginaba. El cree que es una manera de viajar válida, divertida, que no da opción al relajo ni a la indolencia. Vive rápido, vive deprisa… No llegues tarde….

Como experiencia es fantástica y un medio para eficaz para  afianzar espíritus inseguros. Saber que eres capaz de manejar escenarios complicados por diversos imponderables. Es una herramienta de autoafirmación muy buena. El Garban nunca había viajado solo por placer y menos sin conocer el idioma. Aunque eso sí, la aventura aquí está muy controlada. Enseguida te sacan del apuro.

Acaba de ponerse el sol. El personal se ha lanzado a tirar fotos y el pinchadiscos ha puesto música como si fuera nochevieja. Creo que lo hacen todas las tardes. Los pasajeros ponen muchas ganas y entusiasmo en protagonizar escenas divertidas y que el ambiente siempre sea muy festivo.

Mañana Aviñon. De donde son las señoritas putas. Los Papas y los antipapas… Tiene interés por saber si su francés vale para algo en solitario, sin ayuda. Tiene que ser capaz de ir de Marsella a Aviñon y regresar sin que el capitán Cook le deje en tierra. Acaban de dar la lista de perdidos en Livorno, solo tres, el “garfio” de los cojones los tiene a todos asustaícos…

La espera hasta la hora de la cena la ha entretenido en un espectáculo de cabaret con un cuarteto de música de cuerda clásica, que parodiaban a los músicos aburridos. El espectáculo fantástico, la música divertida, lástima que el Garban no le cogía el punto a las bromas. Todo en inglés.

Se ha puesto rebonico el chiquillo y se ha ido a la cena. Ha sido entretenida. Dos ingenuos felices. Quince días casados. Cuando llega Garban, de azul oscuro, se percata que ellos iban de blanco… ¡Joder, si hoy es la fiesta! “Ardiente”, la califican en el diario de a bordo, todos deberán intentar ir de blanco. Termina la cena y rápidamente se va a cambiar la camisa azul oscura por otra blanca y sube al puente 15 y al lugar que llaman H2O Spice, con una piscina, escenario, pantalla gigante, palcos, mesas… Un auditorium en toda regla al aire libre. Además el barco tiene un teatro cubierto.

Al llegar estaba la cosa un poco como así. La música la catalogaría el de La Arboleja como rara… Pero por lo visto al gusto del pasaje anglosajón.

Enseguida la medicina. Un gin-tonic. El pinchadiscos se da cuenta que el Garban se aburría y comenzó a pinchar salsa, merengue… Lo cierto es que brasileños y algunos latinoamericanos eran una gran competencia… Pero… Que se ha arrancado el zagal a romper las caderas y se ha hecho con un círculo respetable de señoras. Del mismo a descartado a dos o tres por razones que no es el caso explicar y ha formado peña con una española que hacía de traductora y una americana muy simpáticas y con muchas ganas de divertirse… Se hizo tarde…. Tanto que al final faltará tiempo para todo…

Llegamos a Marsella y tiene el nene que desayunar y ponerse en marcha.


jueves, 19 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (VII)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas
Garban es un desastre. Miraba  el reloj del móvil queriendo ser puntual. La hora de salida del barco es crucial para poder realizar toda la excursión que tiene programada. El buffet del desayuno se pone imposible a primera hora. Todo el mundo tiene prisa por poder llegar pronto a su destino. Excepto en Nápoles, los puertos suelen estar relativamente lejos del destino elegido del día. Miró por enésima vez el móvil y aún eran las cuatro y media de la madrugada. A él se le hacía larga la noche… Pero como es un perullo, creyó creer que sería un efecto como el del jetlag de los aviones y el cambio horario (No hay cambio horario, así que cualquier excusa era buena). Aburrido, enciende la tele y sintoniza la cámara del barco. ¡Cojones, si estamos en Civitavieccha… Mira  el reloj que lleva en su muñeca y le muestra las seis y media… El puto móvil como lo tiene “chapao” de datos e Internet, le estaba dando la hora del satélite del gps… ¡Ya comenzamos el día con el pie cambiado!.Ducha, acicalamiento general para estar presentable para sus nuevas amigas y corriendo al desayuno. Tiene que coger pronto el bus que le lleve fuera del puerto.

Las criaturas con las que había quedado no aparecen. Suspira aliviado. Una cosa es tomar copas con alguien recién conocido y otra cosa es viajar. No le gusta que le presionen, ni tampoco que se actúe con indolencia. Pasó lo mejor, el ir solo.

El día, al contrario del anterior en Nápoles, amaneció precioso. Le apetecía ver Roma con buen tiempo. Era la excursión en la que tenía puestas más ilusiones.

Las personas que escribieron los blogs que utiliza Garbanzito de referencia hicieron un gran trabajo. Todo se hace como dice, todo está donde ellos indican.

Llega a la estación de los primeros. Ha seguido la guía y esta dice que hay que cambiar de acera. Lo hace, el resto de cruceristas no lo hacen. Llegando a la estación tienen que esperar a poder cruzar en una redonda con un montón de tráfico. Sacó el billete conjunto tren-metro-autobus, lo validó y cruzó hacia el andén tres a esperar.

Llega el transporte relativamente rápido y tras una hora bajaron en el apeadero de San Pietro. Desde la parada se ve la descomunal cúpula. Su intención es ver la plaza. Al llegar hay una cola de tres pares de cojones para entrar. Detector de metales y mucha seguridad. Pregunto. Lo cierto es que todos los italianos con los que ha charlado para resolver sus dudas han sido muy amables. Primero le atienden en inglés y cuando le dice que en italiano te preguntan de donde es. Ni dios ha oido jamás de donde es él. Es fácil moversee en Italia, más fácil que en el barco. Resultaba que el señor Papa tenía un evento ese día y se iba a dar un baño de masas. Esa era la respuesta al porque del alboroto. Pasó de la cola y comenzó a circunvalar la plaza por fuera. En un principio se pensaba marchar y de repente, encontró un rinconcito junto a los wateres portátiles que no estaba vigilado. Saltó la valla en plan “Ceuta o Melilla” (se siente un sin papeles en ese instante, está violando la frontera del estado Vaticano) y se plantó dentro de la plaza con el resto de enfervorizados fieles… Sacó todas las fotos que pudo, incluso del Papa  y salió pitando para poder ver todo lo que tenía programado.

Roma es preciosa y dice el Garban que un día ha de volver, pero esta vez con compañía. Es una ciudad muy bonita para venir solo. Ese fue su deseo en la Fontana di Trevi.

Por lo demás no hubo nada especial que contar. Roma es una ciudad fácil de callejear y con distancias no demasiado grande entre un lugar y otro. Una cosa. Roma es una ciudad con algo de caos, pero con un glamour escandalosamente atractivo. Las italianas en general y las romanas en particular llaman la atención por su sofisticación… Igual el Garban se busca una novieta italiana, le han gustado…

Tras tres Peroni de medio litro y dos americanas de nombre impronunciable, el Garban se retiró a sus aposentos, habiendo antes cenado temprano y se durmió, profundamente cansadoy profundamente feliz.

Esta mañana no deseaba desayunar demasiado. Nunca en la vida había comido tanto tan pronto. Una vez en el comedor, el Garban ve con asombro, nunca para de asombrarse, que sus compañeros de viaje comen como limas… Piensa que ellos deben saber algo muy grave que les hace hacer un acopio inusitado de fuerzas. Ellos deben saber algo que Garban ignora y por ello comen como posesos. Al final ese espíritu de autoconservación le hace sucumbir y come, como por si acaso todos saben que esta noche no habrá cena y el es el único que lo ignora… Ahora está en el tren camino de Florencia y con un empacho de caballo. No le arriendo las ganancias al tontolculo del Garban.

Esta vez la directora del crucero le ha metido el miedo en el cuerpo y se ha apuntado al autobús que pone (por 12 dólares por barba) el barco hasta la estación del tren. Tenía miedo que el regreso de Livorno se le complicara, pues había que coger dos autobuses más para salvar el trayecto de la estación de Livorno al barco. De esta manera de la estación va directo a los dominios del Capitán Cook, sobre nombre que le ha puesto al jefe del chiringo. En cada puerto se deja a diez o doce tíos… Van a tener más bajas que en El Alamo… Vamos que si llegas un segundo más tarde de las seis y media, te quedas en el puerto, si o sí.

El autobús le ha dejado en la Estación Central de Livorno. Ha sacado un billete que sirve para ir a Pisa y luego coger otro tren hasta Florencia. En ese se encuentra en este momento.


Pisa es una ciudad muy parecida a Murcia, quizás más pequeña. El tráfico es reducido y la bicicleta es medio habitual de transporte. Se respira tranquilidad. Es un sitio que al Garban le ha parecido muy agradable para vivir. Los del lugar pasean con aspecto despreocupado o toman café en las coquetas terrazas. Sólo los turistas van con prisas. Es como una visita incómoda. Todos quieren tener la foto de la torre, pero nadie desea estar allí más tiempo del estrictamente necesario. Pisa debe sentirse como la suegra a la que nadie quiere en casa. Sin embargo creo que si no hay más sitios que fotografiar, si que hay lugares coquetos donde respirar tranquilidad.

Roma algo a parte. Nápoles es un sitio tan feo y sucio que tuvo que ser el único sitio donde aceptaron que Maradona siguiera jugando al fútbol de élite... Tal para cual. Nápoles para Maradona y éste para Nápoles...
Ya lo dice la canción de la zarzuela. " ¡Soldado de Nápoles que vas a la guerra...!. Por eso se alistaban, mejor morir en un sitio bonito que vivir en infecto lugar... 

Viajar en crucero es relativamente barato y te da muchas ventajas, pero tiene un gran defecto, no conocerás ningún sitio lo suficientemente bien. Solamente tendrás las estampas que todo el mundo tiene. Todo lo harás con prisa y cálculo milimétrico, porque si te relajas o no verás nada o llegarás tarde… No harás amigos en ninguna ciudad que visites, ese te lo asegura el mismo Capitán Cook.


Por otra parte, el crucerista de a pie, es un personaje disciplinado. Madrugador, trabajador, muy positivo. El Garban solo ve buen ambiente, ganas de agradar, ganas de no molestar e incluso de ayudar. El de La Arboleja ya no criticará más a los turistas en chanclas, calcetines y mochila que se cruce por La Platería, ahora los comprende, ahora es uno de ellos.

También sabe porque no atracan más cruceros en Cartagena. Es fácil. No hemos guardado nuestra historia. No tenemos contenidos que ocupen doce horas de desenfrenado paseo. El ofrecer sol, tapas, helados o bebidas, es para el crucerista superfluo. Ellos tienen en el barco todo gratis y de gran calidad. Una política que ya no tiene remedio nos ha dejado fuera del mundo del turismo.

Además, ni dios sabe donde estamos.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (VI)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Pocos fueron los instantes de tranquilidad del Garban. Nada más decidir acudir al gigantesco bufett libre del barco, llegó a la conclusión que los españoles no son distintos al del resto de los europeos, africanos o asiáticos. Tienen “condición humana”. El buffet había sido arrasado por un ejército de disciplinadas termitas y encontrar cualquier elemento del menaje no era más que un milagro. Solicitó un plato y un eficiente camarero apareció transcurridos breves instantes, con uno. Se lo entregó y le dijo con la mirada: ”Trátalo con mimo te entrego “el tesoro”…” . Pronto comprendió el porqué. Pudo colmar el platico con comida abundante y variada. No en vano medio Filipinas trabaja en este buque en la elaboración y el servicio de restauración. Tenía el plato, tenía la comida, pero no tenía con que llevársela a la boca. Cuando a los veinte minutos largos los servicios de cocina pudieron reponer la vajilla, tenía el sustento frío y más de medio plato vacío. Tomó una sabia, a su entender decisión: La primera vez que pasara por el buffet se llevaría al camarote un cubierto, una servilleta y un plato para utilizar en casos de emergencia…. Por supuesto, en cuanto pasó el de la limpieza por allí, se lo llevó… Mañana robará otro…

Pasó la tarde viendo como los pasajeros se dejaban seducir por los cantos de sirena del animador de la piscina. Participaban en un sinfín de juegos que hacían las delicias del pasaje. Le recordaba a Garban la lucha de los gladiadores en el circo romano. Con los desaires de los menos,  se entretenían las masas.

Haciendo caso a la señorita que amablemente había dirigido una charla a los cuatro que hablan castellano en este puto barco, el Garban se acicaló, se puso más bonico que un San Luis y se aventuró de nuevo a sumirse en el gran agujero negro que es tener una iniciativa sin saber explicar a nadie que es lo que lleva en mente. Se dirigió a la cubierta 5, en popa, al restaurante temático “Taste Contemporáneo”. Este es de semi-etiqueta, toca un señor un piano y desde fuera tenía, para el de La Arboleja, pinta de muy fino…

Así que a las siete y media (sin pizca de hambre, solo de investigar), como había recomendado la tripulanta, se dirigió con firmeza al mostrador de reservas y espetó: “¡Mesa para uno!”… ¡Coño, como  si hubieran escuchado al oráculo del señor!. De inmediato, la amable señorita, soltó una parrafada que si Garban hubiera sido capaz de entender seguro que se hubiera puesto a llorar. Ya había perdido la vergüenza, le dijo:”Sorry, (que no sabe que significa, pero se lo sueltan con cara de pena cada vez que le pisan en el ascensor) sólo hablo castellano”. ¡Eso es otra!, todo dios responde: “¿Italiano?. ¡Qué no, coño! Los españoles hablamos castellano, no hablamos español…Pues nada, hasta que no le dice español no se enteran. Como la señorita de la puerta se dio  cuenta que su actitud era irreductible y se fijó que el zagal puso la cara de tonto más angelical del mundo, tras aporrear las teclas de su ordenador durante un tiempo que se le antojó interminable al nene, llamó la atención de una camarera y lo hizo acompañar al lugar donde pensaba confinarlo.

Ni habiendo comenzado a probar el primer plato, le sientan en la mesa junto a la suya a cuatro rubias de dos metros de alto por algo menos de ancho, edad  indefinida, porte distinguido con ojos verdes y azules como platos…

Las nenas comienzan a realizar comentarios respecto a si Garban era gay o simplemente un gilipollas de tomo y lomo al quien no aguanta ni dios…. Luego supo que en perfecto sueco… Como ese tipo de conversaciones se notan enseguida, el Garban decidió romper el fuego con un educado: Por favor, ¿podeis hacerme una foto? Y ese fue el comienzo de una corta y frágil amistad… Lo primero que le preguntan en inglés es de dónde es… El nene lo entiende pero quiere intentar mantener la conversación en castellano y se prueba. ¿Español?. Nada, que dicen que son de un poco más al sur de Estocolmo, luego será como todas, que cuentan que viven en Madrid y lo más cerca que han estado de la Puerta del Sol ha sido Getafe. Se prueba de nuevo el Garban, ¿Francés?. No sabiendo bien si prefería que contestaran que si y no supieran una palabra del  idioma o que realmente lo hablaran… Resulta que una habla algo de francés… Peor que el del Garban. Una de la nenas veranea en Marbella y cierto es, que se les veía impecables y de amplio recorrido… El caso es que quieren liar al Garban con la eventual Marbellí y cree éste que ella no hacía ascos al asunto…. Pero como la francesa (de lejos…) Se explica bastante mal y cada vez van más borrachas porque se beben las botellas de vino de a cuarenta euros como si fueran “Caseras”, el huertanico decide no meterse en líos, no vaya a ser que no digan lo que el Garban entiende y proseguir con su plan de ir al teatro a ver el espectáculo de los “Blue Man”. Se despiden cariñosas y quedan con el zagal para el día siguiente en la cubierta cinco a las ocho y media para ir todos a Capri.

Los Blue Man son un espectáculo de luz y sonido, en clave de humor. Tremendamente efectista y entretenido y en el que la participación del público es muy activa. Se entiende perfectamente sin saber inglés, porque el diálogo no va más allá de dos o tres frases sueltas.



Por la mañana nos encontramos en el lugar convenido. Una no aparece, dicen que está enferma… ¡Una mierda, eso no es enfermedad, se llama resaca! Las otras traen una carica de morirse. Comprando los billetes para el Ferry cae una tormenta de la leche. El viaje a la isla es mortal para los sanos, no lo va a ser para las supervivientes de las “Chicas de Oro”. Los barcos son de esos veloces. Entre la tormenta y que el capitán parecía que pretendía aterrizar en la isla en vez de fondear en ella, a base de descomunales saltos, se nos queda un cuerpo a todos para morirnos. En tierra comentan que suben en el funicular pero que se quedan en una terraza del coqueto pueblo. No había pasado tanto penuria el Garban para quedarse tomando café con tres resacosas suecas, por mucho que pudiera prometer la historia. Al cabo de cinco horas, cuando regresa el Garban, como es lógico, ya se habían marchado.

Como empeora el tiempo y ya había visto todas la domus romanas habidas y por haber, fotografiado calles estrechas, preciosos jardines y alucinantes farallones, el chiquillo decide regresar antes de lo pensado y aprovechar el tiempo en tomar cerveza a tres euros, que sigue siendo caro, en la fea de cojones, Nápoles.

Como buen crucerista regresó al barco y se fue al buffet a reponer fuerzas y escuchar por la megafonía la lista de pasajareos que no habían regresado a tiempo y que por los huevos del capitán se quedaban en tierra. Dos o tres brasileños, que cogen unas curdas como pianos, dos o tres japoneses, unos de nacionalidad indefinida y como no los cuatro o cinco angoleños que van del mismo corte que los brasileños.

Volvió Garban a ponerse “de bonito” y se aventuró a cenar en el Manhattan Room, el lugar más exclusivo del barco. Tras intentar charlar con la interprete japonesa que también estaba sola y fracasar, no por falta de interés de ambos, si no porque lo mismo le podía haber hablado del desove del salmón que ninguno de los dos se enteraba de nada, ha parado junto a él dos españolas, más o menos de su edad. Al menos con éstas no iba a haber  malas interpretaciones y hubo algo más de conversación. Se llamaban una a otra “Señora” cuando se dirigían al camarero, por ejemplo: “Póngale más pan a la señora…” y ese ha sido el desencadenante de la conversación. “No os llaméis señoras la una a la otra”, con indudable tono de requiebro, sonrisa de don juan  y apuesta y medida pose… “Sois demasiado guapas y jóvenes para utilizar esa palabra…”.Como ellas estaban más aburridas que el Garban al vuelo han entraron al capotazo. Al finalizar la “soiree” se han acompañado en un espectáculo musical, por lo menos al Garban le salieron las copas gratis, pues las zagalitas llevaban pagado hasta el lavado de sus bragas….Fue divertido y hasta ahí me contó el Garban. Creo que mañana se verán en Roma, pero eso es solo una posibilidad. Esperemos que mañana nos diga como ha ido…

martes, 17 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (V)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Se encontraba Garban inquieto. Pensó que quizás el sacrificio del buey  a Pólux y Zeus se les había antojado a éstos poca cosa y por ello lo castigaban con ese fresquete y fina lluvia con los que le recibió la ciudad de Barcelona. Siguiendo los manuscritos que cruceristas impenitentes habían tenido a bien colgar en Internet, adivinando con acierto, que tras ellos y con menos dotes para el viaje otros repetirían la ruta, como a través de los tiempos viajeros rehacen el peregrinar de Santiago siguiendo las primigenias huellas.

Al instante encontró la estación de metro donde indicaba el mapa, evocando el juego de “la busca del tesoro”, con la L3 en verde clarico… Bajó en la parada indicada, sin sin desatinar en la dirección y encontró algo más allá, al otro lado de la Plaza de Colón la marquesina del “portbus”. El viajecito había incrementado sensiblemente el precio desde que los pioneros de la ruta inmortalizaron su experiencia para el mundo. Todo se desarrollaba según lo previsto. A lo lejos comienza a perfilarse el que llaman “Muelle Adosado” y en él, una larga línea de cruceros abarlobados al pontón. El primero, imponente, majestuoso, el EPIC. Para un zagalico como el Garban, la simple visión de ese mastodonte, pétreo y  sin embargo de femeninas formas, le causó impresión. Comenzó a plantearse, de nuevo, si con las perricas del crucero no podría haberse ido a andar a los Pirineos durante al menos seis meses. Descendió del bus y comenzó la representación que durante tantas horas la tarde anterior  había ensayado.

Se dirigió en primer lugar a la pérgola de equipajes y como ya había realizado la facturación On-line, no tuvo más que dejar la maleta. Le comunicaron que cuando llegara al camarote ya la tendría allí. ¡Qué eficacia!. No tendría que ir con olor podenco durante demasiado tiempo… Todo ello informado con un castellano autóctono y perfectamente inteligible… Garban se relajó y creyó, ingenuo y contumaz bien pensado, que quizás no se desarrollaría toda la obra en clave de tragedia, como había intuido. Al instante se dispararían las alarmas… Un ejército de filipinos trajeados como si a una boda se tratara, se dirigen hacia él.  Sin duda, con rotundidad, armados con una inderrotable sonrisa. Garban comienza a experimentar la reacción inversa de los Pokemon. En vez de trastocarse a un ser más evolucionado, dispara los mecanismos de defensa y para pasar de ese cáliz, se transforma en mosca y saliendo volando de allí. Pero no. Comenzó la transformación tarde. Los amables filipinos le rodean y le dicen primero en inglés y después, cuando Garban les comunica que la única palabra que entiende es “sorry”, en castellano, que le van a entronizar haciéndole poseedor de “la medalla de oro”, que no es más que un colgajo amarillo, en el que cada vez que pasas un control, te anotan una hora y así testean si cumplen los objetivos de calidad marcados en la Norma ISO que tienen en vigor. Garban no puede negarse, pues antes de que le diera tiempo a responder lo abandonan como puta por rastrojo y ociquean el ambiente como un grupo de “locas el día del orgullo” en busca de otra víctima.

Garban a solanas en la cola de registro, pelo rapado, pancita de buena vida, entrado en años y de crucero, posee ante sus ojos y a los de cualquier otro que lo observara, todas las cualidades para ser nombrado “ jefa del club de fans de Fredy Mercury”, sin lugar a dudas. Eso, más la genuina y única, medalla de oro que le han colgado, hacen que todos los componentes de la cola, espontáneamente, le hagan un corro bastante amplio a fin de no estar cerca, ni encontrarse dentro de su radio de influencia. Pensaban los componentes de la larga línea de espera, como lo pensaría el propio Garban en el caso inverso, que la posesión del colgajo amarillo por ese sujeto, no podría más que ser el anuncio de que el individuo, fuera presumiblemente, portador de un virus sin duda mortal.

Lo registró en el barco un amable empleado en perfecto castellano y hasta la mañana del lunes, no volvió a escuchar, el pobretico del Garban, una palabra más en tan musical, florido y querido idioma.

El pasillo donde se encuentran los camarotes del 11500 al final, debería ser llamado “La Milla Verde”.  Pues si bien es cierto que ninguno, que sepa Garban y sus vecinos, va a ser ajusticiado al amanecer, si es una cuestión indiscutible, que es el colectivo que más cerca está de la muerte de  todo el barco. Cuando Garban se cruza por el pasillo con uno o una de sus convecinos, cree él, que ambos piensan: “¡Qué, tu también estás viejo y has venido solo, puta vida!. Los camareros los tratan con especial deferencia. Garban piensa que los que van solos están celebrando las bodas de plata desde que se jubilaron. Menos de cien años no tienen ninguno.

Garban se ríe porque se sueña que él es solo un espectador. Sabe, en el fondo, que es un trozo de atrezzo más del paisaje, que él pertenece a esa obra, que no es más que uno más de ellos.

Ha sobrebautizado el barco. La tripulación le llama el más moderno del mundo, el del parque acuático más grande del mundo, el del bar de hielo flotante más grande del mundo… El de La Albatalía le ha puesto el siguiente alias: EPIC: “El barco con más hambre del mundo”… ¡Joder, que le han quitado las ganas de comer!. Qué aquí “todios” se pasa el día jalando. Que no paran. Se le ha metido el olor a Fast foot en la puta nariz y no hay forma de sacarlo. Lo próximo será ver a alguien montando en la barca salvavidas y pidiendo al servicial y solícito camarero filipino que le ponga un cubo de cervezas y cincuenta y dos hamburguesas, para esperar a que nos salven los de “Salvamento  Marítimo”. ¡Que desea, que llegado el caso, sean los de Francia! . Porque como tenga que esperar que sean los italianos o los argelinos, el Garban está convencido que se ahoga.

El camarote está mejor de lo que había soñado en murcianico. Si ligara, cosa que como no sea con alguien de la tripulación va a ser imposible. El sitio tiene amplitud y comodidad para desarrollar los juegos olímpicos lividinosos… Como es así de torpe ya ha roto el recipiente del champú, que está dentro de la ducha. Le ha dado con el codo haciéndolo saltar por los aires. Menos mal que a él, para el pelo, no le hace demasiada falta. Comunicar por otra parte, que el negocio del sexo no va a poder ser posible, ya que ha encontrado varios problemas, dos de ellos irresolubles.

El primero, el nulo valor comercial del estudio donde iba a instalar el comercio carnal. Por ese pasillo no anda ni cristo y el que pasa está más para tomar la “coramina” o el “efortil” que otra cosa. La segunda es que la ventana tiene un cristal traslúcido y claro, no deja ver su fibrosa, musculosa y atractiva figura, con lo que el valor de la mercancía no puede ser expuesto en todo su esplendor.

Seguía Garban en el puto barco y en veinte minutos se había llevado dos broncas, eso sí, acompañadas de la dulce sonrisa del empleado. Ninguna de las dos sabía el pobretico porqué. Inmediatamente fotografió los carteles y los envió por guasap a alguien, que caritativamente, le indicó que “Only” significa “solo” y “crew” tripulación, así que optó por no adentrarse más por esos pasillos. Acojonado que estaba Garban después de las dos reprimendas y al ver a un grupo de cientos de brasileños quemando “literariamente” el bar bebiendo cervezas y con la autoestima por los suelos, acopió valor suficiente para intentar beberse una y que con el suave y fresco sabor de la bebida, se le pasara el susto. Cuando llega Garban al bar pide su cerveza. La camarera le solicita la tarjeta y le dice: “ Señor Francisco José (lo leyó previamente en la misma)……” y un rollo en inglés de no menos de tres minutos, tras el cual se giró en redondo y se fue a la otra punta de la barra.
Si nuestro buen amigo ya tenía el ego mermado, esto le rompió la autoestima por siete sitios. Miró a su alrededor y lo que había sido una fiesta sin igual, llena de alegres borrachines y de vestales con infinitas ganas de fiesta, se había convertido en un páramo, del que sus alegres pobladores habían sido abducidos….

Al cabo de unos minutos mientras que Garban buscaba un cabo para ahorcarse, sabido es que en los barcos lo único que tiene cuerda son los relojes, aparecieron las bellas vestales contoneando sus cuerpos e inmediatamente después le siguieron los revoltosos borrachines. Tardó de nuevo el vecino de La Arboleja en recobrar valor suficiente para pedir, por segunda vez, la cervecita y cuando llegó a la barra y solicitó que se la escanciaran, le miró la camarera con una sonrisa en los labios, pero ojos llenos de ira. Le solicitó su tarjeta y de nuevo le soltó un rollo que finalizó con el mismo resultado anterior, nada de cerveza, camarera al otro extremo de la barra y el resto de personal desaparecido.
Pocos minutos después, como si de derribar las murallas de Jericó se tratase, sonaron pitos y estruendo de fanfarrias… Aparecieron los saltimbanquis de la barra del bar y tras ellos las casquivanas ninfas. ¡Me cago en mi estampa!, bramaba Garban. ¡Pues no he ido a pedir la cerveza, justo cuando se estaban realizando los simulacros de desalojo del barco.

Falto de seguridad en si mismo, se consoló Garban pensando que el martes llegarían a Italia. Quizás allí le será más fácil sobrevivir que en esta espesa, endógena e ininteligible sociedad anglosajona.

Volvió a cenar en buffet libre, haciendo caso omiso a los cantos de sirena de estrenar alguno de los restaurantes temáticos del barco, pero como el chiquillo ya había tenido una ración más que suficiente de escarnio y humillaciones públicas, decidió que mejor ir a lo seguro y tentar a la suerte lo menos posible.

A palo seco, pues una cerveza cuesta 7,44 (cierto que son dólares, pero a él le da dolor de tripa cada vez que lee el ticket). Cenó lo que buenamente pudo. Aprendió como funcionaba la máquina de los zumos y tras acicalarse para ir de caza, se  lanzó a la aventura de la noche.

La noche da la verdadera radiografía de que fauna puebla el barco. Esto es un compendio de mineros galeses que celebran la jubilación. Matrimonios en el que el marido cumplió los 100 años tiempo ha, ataviados con el uniforme vacacional (calcetines blancos más camisa hawiana). Señoras con el mismo peinado que la Sra. Ropper, para quien recuerde la serie. Madanmes embutidas en vestidos de noche, pero noche, de que se les ha casado un hijo, acompañadas de señores en bermudas y muchas lentejuelas con flip-flap en los pies. A todo esto hay un combatiente, aunque exiguo grupo de cruceristas, que han dejado los disfraces de noche para carnaval e intentan poner algo de cordura en el vestir… ¡Si Petronio levantara la cabeza!

Como Garban va solo y no se entretiene en conversaciones banales,  no entiende ni papa de lo que le dicen, en la primera “soire”  se ha recorrido todos los espectáculos. Los tíos que tocan la guitarra, los que tocan el piano pero en plan tranqui. Los imitadores de los Beatles. La orquesta Manhatan, el karaoke. El duelo de pianos, muy bueno, divertido, dinámico, pero si no hablas inglés no te enteras de nada, como en ningún espectáculo del barco. Al final se fue a escuchar a una orquesta de salsa que cantaban en castellano. Aprovechó en el descanso para decirle al saxofonista que si, por favor,  podía pedirle al camarero un Gintonic con Seegrans, no logró hacerse entender por nadie hasta ese momento. Que a la postre, resultó ser más barato que la cerveza. Cree que el caribeño se quedó con los cuartos ya que sólo le  pidió cinco euros…

Ya no tiene nada que hacer ninguna noche. Lo ha visto todo. Estos días se dedicará más a repetir, para realizar la crónica artística y a las fiestas temáticas…

Se retiró Garban tarde. Disfrutaba el barco de un alegre vaiven, que hacía que el ritmo de barcarola le meciera y le llevara a disfrutar en los brazos de Morfeo…. Excepto que como las puertas de los armarios son correderas, éstas se abrían y cerraban al ritmo de las olas, con el consecuente portazo, ruido y susto… Tuvo Garban que levantarse y mover la mesita de noche de forma que presionara la puerta y utilizar el paraguas para atrancar la otra y entonces ya, entonces, ya pudo dormir…


Esta mañana se ha levantado con nuevos bríos y se ha ido al gimnasio a correr en la cinta. Como no se ha enterado muy bien en la cubierta que le ha dicho el camarero se ha paseado desde la siete a la catorce hasta el feliz encuentro.

En el desayuno ha vuelto a escuchar castellano. Una zagalica de unos 17 años le ha dicho si se podía sentar en su mesa… No había más sitio… No está fácil la caza aunque las piezas solo puedan escapar tirándose por la borda…. Al decirle que no entendía bien que le estaba preguntando, la chica le ha contestado en un perfecto castellano. Se han inquirido mutuamente por la procedencia… Al final le ha dicho que de Barcelona, en Israel, de donde era oriunda la nenica, no saben ni que existimos…. ¡Dos hurras por el consejero Cruz y diez por su tío que lo mantiene!. La chica aprende castellano viendo telenovelas…. Subrealista… Y lo hablaba casi correctamente, eso sí, con un acentazo algo choni…

Mañana Nápoles. Espera el Garban encontrar wiifi gratis para subir su penitencia de crucero. ¡Fantástico!, por cierto. Ahora mismo Garban, mejor dicho el barco, pasa por un estrecho entre dos islas… Sicilia a babor y Córcega a estribor, mientras unos angoleños que se creen del mismo Central Park porque son negricos, gritan y dan la nota en el comedor…. ¡Precioso!

El Garban, siendo las tres menos cuarto de la tarde, reúne valor, deja de contar sus mierdas y se dispone a la odisea de atreverse a pedir algo en algún comedor decente…. ¡Igual come patatas fritas de la máquina!!!!!!...


P.D.: Para los que sufren por el chiquillo. Ha comido muy bien, ternera a la jardinera y otra cosa que no sabría repetir. Dulce, macedonia de frutas, café y un mojito…. ¡Caro!. Pero mojito a fin de cuentas.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (IV)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Amaneció Garban con nervios. A partir de esta mañana alcanzaba el punto que nunca había sobrepasado… Es la misma sensación que sintió muchas veces cuando tras entrenar durante meses una nueva distancia, sabiéndose suficientemente preparado, era el momento de pasar  la crisis, la inflexión de 21 km. A 42… de 42 a 101. De nadar en la piscina a adentrarse en solitario en las oscuras y frías aguas del Cantábrico. Solo, sin apoyo… Sin ayuda en la duda…

La primera etapa hasta Valencia era tierra conquistada. No había problema. El viaje en furgón por carretera, por otra forma un viaje sin glamour pero muy coqueto, le llevaría a ver a sus amigos, llevar regalos y recibir cariño… Era lo fácil.


Pasó la tarde el muchachuelo repasando las instrucciones de la naviera, su carácter metódico, hacía que repitiera mentalmente todas y cada una de las fases del embarque. No quería dejar que descubrieran demasiado pronto que era un perfecto inútil, un viajero inexperto, un turista sin presencia… No le gusta a Garban demasiado dar la nota… De forma involuntaria, otra cosa es cuando busca forzar la situación, provocar la escena histriónica, absurda…

Ensayando el bodevil, repasando el libreto, descubrió que su “estudio” como eufemisticamente denominaban a la lata de sardinas, el modelo trigonométrico en el que se basan para el diseño es el de una caja de frigorífico, donde piensan confinarlo en los próximos ocho días, tenía 9 m2. Incluye: cama de matrimonio a la que se accede aereamente, porque en los laterales no existe pasillo. Armario de seis puertas, eso si, los zapatos hay que introducirlos de forma  vertical y la maleta hay que guardarla en… Ducha en la que te debes lavar como los gatos. Primero eje vertical diestro y después el siniestro. Minibar, sofá y sillones orejeros, cagadero, ¡¡¡¡uffff!!!!. Televisión (lástima como aquello es tan espacioso tendrá que arrojar la suya por la borda. No cree que haya sitio suficiente para las dos). El caso es que en caso de llevar mascota, el armador recomienda el sistema de cama caliente. Primero duerme el perro y al finalizar su descanso abres la puerta, lo mandas al pasillo, entras tu, llamas por teléfono a recepción anunciado que el bicho se ha escapado y mientras aproveches para dormir un ratico… En la puerta hay un cartel que anuncia: “Este espacio no está diseñado para la utilización simultánea de dos seres vivos. La atmósfera no está controlada y la presencia de oxígeno es insuficiente para ambos”. Anuncia la naviera que si eres uno de los afortunados usufructuarios de los “estudios para singles” y has cometido el error (como es el caso de Garban) de haber abusado de equipaje, ante la escasez de espacio en el ropero, puedes salir a cubierta como en la mili los días de frío intenso… Dos calzoncillos, dos camisas, dos pantalones, dos jerseys, con lo que los expertos diseñadores de interiores, después de un sesudo estudio, aseguran que se reduce el volumen necesario de espacio en un cincuenta por ciento.

Solucionado y aprendido esta parte del guión, dedicó el resto de la tarde a memorizar el itinerario desde la recepción a su cochambre. En la cubierta once, que por suerte está por encima de la línea de flotación del paquebote, en la parte de delante, que creo que los entendidos denominan proa, el estudio 510. Este coqueto y distinguido apartamento, además de todo el confort ya relatado tiene dos ventajas que lo hacen distinguirse de los otros cochambrosos “studios singles”. Disfruta de un  acceso directo al discreto y distinguido bar “Studio Longue”, punto de reunión y centro de atención de los denominados con mucha sutileza “ gente que viene sola porque no hay cojones a aguantarlo ni diez minutos y no hay dios que se atreva a acompañarle a ningún sitio”. Asi que ya tiene solucionado donde pasará el resto de los ocho días que restan hasta el desembarco…

La otra ventaja que dispone el paradisíaco apartamento es que es propietario de una pinturera ventana al pasillo provisto de una elegante cortina…. Esta gran cualidad la aprovechará Garban para poner en marcha su versión “güertana” del barrio rojo de Amsterdan. Descorrerá la cortina y se exhibirá desnudo y libidinoso tras el cristalico del ventanuco cual repínfula, esperando atraer alguna clienta, procediendo a cerrar la misma cuando esté manteniendo acceso carnal con la sujeta. Si acaso con el sexo femenino no tuviera el éxito deseado, modificará los objetivos procediendo a yacer con lo que entre por la puerta. Entiende Garban que con este negocio, legal y sin presión fiscal podrá, no solamente costearse el crucero, si no hacerse con un capital y acceder al sexo gratuito, cosa de la que está muy falto y de la que no suele disfrutar (ni del sexo, ni de no tener que pagar…) demasiadas veces…

Pues aquí está Garban, en el Euromed con destino a Barcelona (habiendo sobrepasado sobradamente la estación de Castellón), con todo el plan de embarque estudiado y un perfecto proyecto de negocio diseñado.

El día es soleado y parece que de momento las vísceras del sacrificio del buey a los dioses no le auguran ningún desastre inmediato.



Veremos si Garban es capaz de coger el metro para llegar de la estación de Sants a la de Atarazanas… Y esperemos que pronto tenga wiifi para poder subir este pequeño relato… Polux y Zeús le protejan.

P.D: Garban a llegado, pero siguiendo en línea de que ningún pobre puede tener un entierro de primera llueve. Creo que la L3 verde llega a Atarazanas en castellano y Dress.... no se cuantos en catalán. Cierra el wiifi y se pira... Dice Garban que no sabe que coño hace el tío ese en la foto.... Niega que sea su novio.... Aun tiene esperanzas con las nenicas...

sábado, 14 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (III)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Cuando Garban comenzó a dar vueltas a la idea de realizar un crucero, lo primero que hizo fue dividir el gran problema, que crucero hacer, en pequeños problemas. De tal forma que en el momento de elegir uno, no tuviera que resolver una gran duda sino que, el viaje, tomara forma después de haber resulto pequeñas cuestiones más fáciles de afrontar.

El primer paso fue decidir en que época del año realizarlo. Estaba claro que en período de vacaciones. Pero... ¿En qué momento?. Decidió que sería en la segunda quincena de septiembre. De esta manera tendría algún día bueno de verano, ya que como el medio acuático era el hilo conductor del viaje, con un poco de suerte dispondría de algunos días de calor, que hiciera soportable la estancia en el barco, al aire libre, disfrutando de las actividades que propusiera la organización. Además se quitaba de un plumazo los molestos niños que merodean en ese tipo de viajes por todos sitios, pues tenía la secreta ilusión, que estarían enfrascados en sus estudios.

La segunda cuestión era a donde no quería ir. Es más fácil, en opinión de nuestro chico que, una vez eliminados los lugares que tenía claro que no le gustaría visitar, el abanico de viajes se viera sensiblemente reducido y por ende, la elección más simple. Eliminó todas las rutas que en algún punto tocaban Turquía o algún que otro lugar de la costa mediterránea africana.

Con el listado sensiblemente reducido, procedió a borrar de la lista las navieras u organizaciones de origen español o similar. Entendía Garban que la lista de conocidos de Soria, Logroño y demás paradisíacos lugares de la península la tenía suficientemente completa y le apetecía añadir a su carpeta de contactos apellidos más exóticos que Gómez o Martínez. Además, si el idioma preponderante no era el castellano, a la media aventura de un crucero organizado le podría poner la guinda de luchar cuerpo a cuerpo con la lengua, lo que le añadiría ese punto de incertidumbre que podría llevar el hacerse comprender y el suspense añadido de espabilar para no terminar durmiendo en una caja de cartón o comer todos los días bolsas de golosinas de la máquina expendedora.

Después, tachó de la lista todos aquellos que se salían de su exiguo presupuesto, para que con una retahila corta de posibilidades elegir entre los barcos posibles. Tras ver las fotos y sin otro punto de apoyo que esto, eligió el único que quedó en la lista. El EPIC de NCL. Tras este exhaustivo y metódico trabajo, no quedó más que encomendarse a la diosa Fortuna y esperar que el viaje correspondiese a sus expectativas.

En la perola de Garban se había compuesto un relato en el que imaginaba un viaje exótico por unos lugares bellísimos, llenos de aventuras y glamour.

Lo cierto es, que de momento y como primera impresión ha llegado a la conclusión que el viajar en crucero dista bastante de esa idílica imagen de viajeros con un fuerte potencial económico, todo lujo y sofisticación. Vamos que cree Garban que un crucero es al turismo de lujo, lo que el hotel Legazpi es al Siete Coronas Silken. Cree que esa fotografía de la señora envuelta en pieles, a la que los mozos le bajan los baúles del barco, es tan irreal como poco frecuente. Se parece más a esos turistas, coloraos como cangrejos que pasean por la puerta del Casino de Murcia con sandalias y pies protegidos por preciosos calcetines blancos, pantalones piratas que conocieron mejores tiempos y llamativas camisetas serigrafiadas con frases en idiomas ininteligibles que sonrojarían a las más vanguardista de nuestras abuelas si supieran adivinar que es lo que publicitan en ellas. Que te aconsejen que lleves una mochila con todas las cosas necesarias para cualquier eventualidad durante el primer día, que debes pasear por todas las cubiertas y puentes hasta que bien entrada la noche puedas acceder a tu camarote, le parece al Garban, más propio de la Romería de Septiembre que de un crucero con lujos asiáticos.

Pues eso es lo que he hecho en primer lugar, componer una mochila que llevara todo aquellos “porsis” que su imaginación pueda prever. Chanclas, bañador y tohalla para el baño. Calzoncillos varios por si le da correncia. Bolsa de aseo de emergencia. Camisetas y pantalón de repuesto. Algo de abrigo, algo por si  llueve. Cámara de fotos, e-book. Cable del móvil, portátil... Dinero, documentación, papeleo de embarque… Vamos, que ha visto a sherpas en el himalaya que transportaban bultos con menos peso y utensilios que el. Tras compilar la primera mochila, tuvo que recurrir al trastero de la abuela para coger la “canadiense” que en tiempos inmemoriales llevaba a las aventuras pirenaicas. Una vez pasado el cuarto chequeo al equipaje “de mano”, decidió que podría aguantar el llevar un restregón en los gayumbos todo el día u oler a estiércol de caballo a partir de la tercera hora embarcado. Sacados más de las tres terceras partes del contenido, procedió a devolver la “canadiense” al trastero de donde nunca debió haber salido, desatender las indicaciones de la naviera y aventurarse con una mochila más pequeñica, más mona, que pudiera realzar su apuesta y gentil figura… A fin de cuentas el objetivo del crucero no era ligar bronce, si no mostrar el paisaje, la mercancía y como dijo Jesucristo un día de los inspirados “Dejar que las nenas se acerquen a el”.

Teniendo salvadas, en teoría y a la espera de los acontecimientos, las primeras y críticas horas de crucero. Un comienzo desafortunado haría que la “mercancía” se devaluara, lastrándole a la hora de cotizar al alza en el grupo de “maduros interesantes y solteros del viaje”, pasó a la siguiente fase. La maleta principal.


Se enfrascó Garban en componer la maletita de los cojones, siendo esta parte la más simple de todas. Intuía hace tiempo que su fondo de armario era escaso y en ese momento pudo comprobarlo. Metió en la maleta toda la ropa de invierto y la de verano. Como aún sobraba sitio, empaquetó también todos los zapatos, la ropa de deporte, la interior y la de estar por casa. Dos juegos de sábanas, un nórdico y seis pares de toallas más, fue suficiente para que la maleta tuviera un aspecto saludable y no pareciera la piel de un cordero recién nacido. De tal manera que tras recorrer la casa al cerrar la maletita, solo quedaba en ella los muebles, pues hasta la tele ha metido en el equipaje por los “porsis” ya que tenía sitio de sobra. En este momento podría conocer a una joven nórdica y desde el puerto tomar rumbo a Finlandia a conocer a sus padres, con tal atino, que si ellos tuvieran a bien concederle la mano de su hija el único requisito que necesitaría para casarse con la niña, sería el visado del consulado…

Pues eso, que Garban tiene todo dispuesto y lo único que le resta es poder conciliar el sueño esta noche, pues los nervios del agitado día de vísperas lo tienen desquiciaíco…

Sábado Valencia para presentar sus respetos a una antigua locura de juventud y domingo Barcelona, donde tomará su bautismo de crucerista, pues supone Garban, creemos que con acierto, que los viajes “Denia-Ibiza” y “Almería-Melilla”, no pueden ser tomados propiamente como cruceros… Y menos de lujo.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Cualquier cobarde que huye merece mi respeto (II)

Diario de un crucerista sin vocación

Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas

Estaba Garban pensando en escribir sus pequeñas tribulaciones sobre el equipaje a llevar al crucero cuando una mano amiga lo llamó para que fuera a un concierto, La Musicalité y Melocos, pues sabía que los segundos eran del Puerto de Santamaría y Garban siente especial predilección por la música de esa tierra.

Aunque el chiquillo pensaba estar concentrado para el calvario de mañana, se presenta por segunda vez al cruel examen de pista de la moto, decidió hacer caso al lema que encabeza este relato y se aventuró a ir a escucharlos en vez de refugiarse en la soledad de la concentración para pasar la difícil prueba para él.

El concierto, sobre todos los gaditanos ha sido muy bueno y ha recuperado estas dos historias de amor tan iguales y tan distintas. Mañana hablará sobre el equipaje hoy es muy tarde.

No dejeis de escucharlas merecen la pena.

Mañana seguro que es otro día.