Diario de un crucerista sin vocación
Si siempre haces lo que haces siempre, siempre llegarás donde siempre llegas
Pocos fueron los instantes de tranquilidad del Garban. Nada
más decidir acudir al gigantesco bufett libre del barco, llegó a la conclusión
que los españoles no son distintos al del resto de los europeos, africanos o
asiáticos. Tienen “condición humana”. El buffet había sido arrasado por un
ejército de disciplinadas termitas y encontrar cualquier elemento del menaje no
era más que un milagro. Solicitó un plato y un eficiente camarero apareció
transcurridos breves instantes, con uno. Se lo entregó y le dijo con la mirada:
”Trátalo con mimo te entrego “el tesoro”…” . Pronto comprendió el porqué. Pudo
colmar el platico con comida abundante y variada. No en vano medio Filipinas
trabaja en este buque en la elaboración y el servicio de restauración. Tenía el
plato, tenía la comida, pero no tenía con que llevársela a la boca. Cuando a
los veinte minutos largos los servicios de cocina pudieron reponer la vajilla,
tenía el sustento frío y más de medio plato vacío. Tomó una sabia, a su
entender decisión: La primera vez que pasara por el buffet se llevaría al
camarote un cubierto, una servilleta y un plato para utilizar en casos de
emergencia…. Por supuesto, en cuanto pasó el de la limpieza por allí, se lo
llevó… Mañana robará otro…
Pasó la tarde viendo como los pasajeros se dejaban seducir
por los cantos de sirena del animador de la piscina. Participaban en un sinfín
de juegos que hacían las delicias del pasaje. Le recordaba a Garban la lucha de
los gladiadores en el circo romano. Con los desaires de los menos, se entretenían las masas.
Haciendo caso a la señorita que amablemente había dirigido
una charla a los cuatro que hablan castellano en este puto barco, el Garban se
acicaló, se puso más bonico que un San Luis y se aventuró de nuevo a sumirse en
el gran agujero negro que es tener una iniciativa sin saber explicar a nadie
que es lo que lleva en mente. Se dirigió a la cubierta 5, en popa, al
restaurante temático “Taste Contemporáneo”. Este es de semi-etiqueta, toca un
señor un piano y desde fuera tenía, para el de La Arboleja , pinta de muy
fino…
Así que a las siete y media (sin pizca de hambre, solo de
investigar), como había recomendado la tripulanta, se dirigió con firmeza al
mostrador de reservas y espetó: “¡Mesa para uno!”… ¡Coño, como si hubieran escuchado al oráculo del señor!.
De inmediato, la amable señorita, soltó una parrafada que si Garban hubiera
sido capaz de entender seguro que se hubiera puesto a llorar. Ya había perdido
la vergüenza, le dijo:”Sorry, (que no sabe que significa, pero se lo sueltan
con cara de pena cada vez que le pisan en el ascensor) sólo hablo castellano”.
¡Eso es otra!, todo dios responde: “¿Italiano?. ¡Qué no, coño! Los españoles
hablamos castellano, no hablamos español…Pues nada, hasta que no le dice
español no se enteran. Como la señorita de la puerta se dio cuenta que su actitud era irreductible y se
fijó que el zagal puso la cara de tonto más angelical del mundo, tras aporrear
las teclas de su ordenador durante un tiempo que se le antojó interminable al
nene, llamó la atención de una camarera y lo hizo acompañar al lugar donde
pensaba confinarlo.
Ni habiendo comenzado a probar el primer plato, le sientan
en la mesa junto a la suya a cuatro rubias de dos metros de alto por algo menos
de ancho, edad indefinida, porte
distinguido con ojos verdes y azules como platos…
Las nenas comienzan a realizar comentarios respecto a si
Garban era gay o simplemente un gilipollas de tomo y lomo al quien no aguanta
ni dios…. Luego supo que en perfecto sueco… Como ese tipo de conversaciones se
notan enseguida, el Garban decidió romper el fuego con un educado: Por favor,
¿podeis hacerme una foto? Y ese fue el comienzo de una corta y frágil amistad…
Lo primero que le preguntan en inglés es de dónde es… El nene lo entiende pero
quiere intentar mantener la conversación en castellano y se prueba. ¿Español?.
Nada, que dicen que son de un poco más al sur de Estocolmo, luego será como
todas, que cuentan que viven en Madrid y lo más cerca que han estado de la Puerta del Sol ha sido
Getafe. Se prueba de nuevo el Garban, ¿Francés?. No sabiendo bien si prefería
que contestaran que si y no supieran una palabra del idioma o que realmente lo hablaran… Resulta
que una habla algo de francés… Peor que el del Garban. Una de la nenas veranea
en Marbella y cierto es, que se les veía impecables y de amplio recorrido… El
caso es que quieren liar al Garban con la eventual Marbellí y cree éste que
ella no hacía ascos al asunto…. Pero como la francesa (de lejos…) Se explica
bastante mal y cada vez van más borrachas porque se beben las botellas de vino
de a cuarenta euros como si fueran “Caseras”, el huertanico decide no meterse
en líos, no vaya a ser que no digan lo que el Garban entiende y proseguir con
su plan de ir al teatro a ver el espectáculo de los “Blue Man”. Se despiden
cariñosas y quedan con el zagal para el día siguiente en la cubierta cinco a
las ocho y media para ir todos a Capri.
Los Blue Man son un espectáculo de luz y sonido, en clave de
humor. Tremendamente efectista y entretenido y en el que la participación del
público es muy activa. Se entiende perfectamente sin saber inglés, porque el
diálogo no va más allá de dos o tres frases sueltas.
Por la mañana nos encontramos en el lugar convenido. Una no
aparece, dicen que está enferma… ¡Una mierda, eso no es enfermedad, se llama
resaca! Las otras traen una carica de morirse. Comprando los billetes para el
Ferry cae una tormenta de la leche. El viaje a la isla es mortal para los
sanos, no lo va a ser para las supervivientes de las “Chicas de Oro”. Los
barcos son de esos veloces. Entre la tormenta y que el capitán parecía que
pretendía aterrizar en la isla en vez de fondear en ella, a base de
descomunales saltos, se nos queda un cuerpo a todos para morirnos. En tierra
comentan que suben en el funicular pero que se quedan en una terraza del
coqueto pueblo. No había pasado tanto penuria el Garban para quedarse tomando
café con tres resacosas suecas, por mucho que pudiera prometer la historia. Al
cabo de cinco horas, cuando regresa el Garban, como es lógico, ya se habían marchado.
Como empeora el tiempo y ya había visto todas la domus
romanas habidas y por haber, fotografiado calles estrechas, preciosos jardines
y alucinantes farallones, el chiquillo decide regresar antes de lo pensado y
aprovechar el tiempo en tomar cerveza a tres euros, que sigue siendo caro, en
la fea de cojones, Nápoles.
Como buen crucerista regresó al barco y se fue al buffet a
reponer fuerzas y escuchar por la megafonía la lista de pasajareos que no
habían regresado a tiempo y que por los huevos del capitán se quedaban en
tierra. Dos o tres brasileños, que cogen unas curdas como pianos, dos o tres
japoneses, unos de nacionalidad indefinida y como no los cuatro o cinco
angoleños que van del mismo corte que los brasileños.

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