
Primer tramo desde Ronda al Cuartel
Segundo tramo desde El Cuartel a Ronda

Sucedidos en general
A los hijos del asfalto, a los dueños de las prisas, a los hipotecados por el crono... Una carrera es una carrera... Igual es que yo identifico dorsal con correr... Releyendo el material de la carrera me doy cuenta que pone “13ª Marcha 101 Km en 24 horas”. ¿Es Marcha sinónimo de Romería?... Creo que no. Quiero entender que el que marcha 23 horas 59 minutos es porque su máximo está ahí... Lo respeto... No podría entender que alguien saliera a correr 101 km esperando encontrar al final de recorrido su otro yo, su martirio o una purga de sus pecados o a sustituir las fiestas patronales de su pueblo por la carrera de Ronda... A una carrera se va a correr, a conseguir objetivos por nimios que parezcan. Lo que para uno es un muro insalvable para otro es una chinica en el camino...
Me revienta el que se haga distinción entre carreras de montaña y carreras de asfalto... Son carreras a fin de cuentas... Lo común es que se lucha contra tí, contra el crono... Las diferencia el terreno, pero también son diferentes los cuatrocientos lisos y los cuatrocientos vallas... Los que alardean de que la montaña es otra cosa, en mi opinión es que no... Al final todos hacemos lo mismo, mirar el crono. Si tenemos diez fotos de diez finales de carreras en al menos nueve no se nos ve la cara porque... porque estamos mirando el crono... ¡No me jodas que vas a correr al campo porque escuchas el trino de los pájaros!. Pues yo, en 101 kilómetros no escuché ni uno...
En Ronda, el ingeniero que ideo las pistas forestales debía ser alérgico al polen... ¡Coño, es que si había un árbol a la derecha, la ruta giraba indefectiblemente hacia la izquierda...!. ¡Ni una sombra, joder!... Es una de las circunstancias más duras de la carrera, el sol, que no el calor... La tierra arcillosa, roja como la sangre, suelta cual neblina es otra... Las colas son otra circunstancia que complica el resultado final... Lejos de solicitar que las cosas se hagan de otra manera, lo que debemos hacer los participantes es adaptarnos... Muchas veces solicitamos cosas abanderando mejoras en la carrera, ésta u otra, pero no nos damos cuenta que esas son las particularidades, si se modificaran hablaríamos de otro evento... Otro hijo distinto al que se parió...
Sabíamos que íbamos bien. En todas las carreras pasa lo mismo, si comienza a pasarte gente es que estás desinflándote... En todas las horas que estuvimos corriendo, muy pocos corredores nos adelantaron, nosotros, ya que salimos los últimos adelantamos a unos 2400... El ver que nadie pasaba o muy pocos, era un síntoma de que estábamos haciendo las cosas bien...
El de la coleta nos puso a todos en fila, fue el ganador
Teníamos un objetivo secreto... Adelantar... sí ¿pero a quién?... Era un juego divertido... Más parecido a un ajedrez que a un combate de boxeo...
La tarde caía y el sol se parapetaba tras los montes... Estábamos cerca del cuartel pero los últimos mil quinientos metros se hacían interminables... Dejamos la conversación con Stani, que me estaba llamando en ese momento, para enfrentarnos con otra cuesta más... Volvimos al charloteo, saber que estás allí te da una gran seguridad de que vas a terminar... Pero ojo, no está todo en el bote... Hasta la raya blanca es carrera... Hablábamos más por los nervios que por otra cosa, Special también estaba preocupado por como reaccionaría nuestro cuerpo tras una más o menos prolongada parada.
Llegamos al comedor con las últimas luces de la tarde... ¡Joder, si que vamos bien...!. Está moderadamente ocupado, eso es buena señal, no tenemos mucha gente delante... Nos vamos a por las bolsas... Topamos nuevamente con la dichosa cola... Para entregar una bolsa, hace falta una persona... En Ronda no, para entregar una bolsa hacen falta cuatro personas... La empresa funciona así... No es crítica, es advertencia para que nos adaptemos... A mí me parece estupendo, lo malo es que no íbamos preparados para ello... Pues eso, en el tiempo que cuatro personas pueden entregar cuatro bolsas, sólo se entregaba una, así que la espera era algo nerviosa...
No habíamos vuelto a hablar sobre el tema, pero era tan claro que ni siquiera tuvo discusión... Abrimos la bolsa y nos cambiamos de calcetines, nos pusimos una camiseta técnica de manga larga... No hace falta más abrigo, no necesitamos cargar con más ropa... Si queremos correr, claro. Probamos el frontal y cogimos el móvil y una botella para los dos. Todo, todo lo demás se volvió a meter en las bolsas y se lo devolvimos a la organización... Comimos, poco, no hay que ir allí como si fuéramos a una comunión... Coca-cola, imprescindible, hay que beber Coca-cola cada vez que te la ofrezcan, isotónico, no demasiado si no quieres ir cagándote por el camino, agua, mucha agua y la sopa... ¡Hummm, qué buena estaba esa sopa!... Un yogurt... El perrito, las patatas fritas y el bistec empanao estaban de mas... Entregamos la bolsa... Otro montón de tiempo en una cola que ya comenzaba a estar más tupida... A correr...
Al principio creímos equivocarnos con la ropa... Teníamos algo de frío... Lógico, la sangre había vuelto al estómago y tardamos unos minutos en coger de nuevo el ritmo... Trotamos hacia la Ermita...
Vemos venir a dos corredores hacia nosotros, sin luz... Como somos unos pardillos le preguntamos si es que se habían olvidado el frontal y regresaban al cuartel a por él... Capullos, es que son de los que van delante, que por aquí vamos en el mismo lado de la carretera, ellos ya han visto al cura y escuchado la misa... ¡Coño!.
Nunca había corrido por la noche... Lo primero que me doy cuenta es que frontal no alumbra una mierda... Le pido a Special que no se aleje demasiado de mí... Ahora era la primera y única vez que la carrera me sobrecogió... Era algo hermoso... Veíamos las luces rojas parpadeantes de los corredores, allí, a lo lejos, pero sobre todo en lo alto... Tintineos rojos marcaban la ruta... ¡Qué empinao debe de estar eso...!. Creo que subimos rápido... Siempre yo penalizando la marcha, mis kilos me perjudican subiendo, ahora aún más... Seguimos adelantando gente que se aparta amablemente de nuestro camino... Ahora soy consciente que lo hicimos bien pero no por nuestra fuerza sino por nuestra ignorancia... Estaba tan oscuro que no fuimos conscientes de la pendiente hasta la mañana siguiente...
De sopetón llegamos a la Ermita... Si nos descuidamos pasamos de largo sin verla... Una casucha poco llamativa y que distinguimos porque había un toldo de la legión cerca de ella... ¡Pá eso no hacía falta subir tan alto...!. Exclamé con desilusión... El zig-zag de bajada es demoledor... Peligroso... Ufff, cualquier adjetivo vale, por ostentoso que parezca... Nos cruzamos con los que suben... Un pobre infeliz, se le ocurre preguntar si falta mucho para la Ermita... Le engañamos, eso está “ancadios”... pero le contestamos: “¡No hombre, no, ya casi llegas!... “¡Date prisa que van a empezar “Los oficios” y nos han dicho que la homilía del cura es preciosa!”... Las pocas fuerzas que le quedan al hombre las gasta en reirse un poco... Ahora vemos a los que suben con sus linternas y frontales... Nada más... Las luces que parecen ir flotando en el silencio de la noche nos recuerdan a las ilustraciones que nos hablaban de “La Santa Compaña”... en la noche de todos los santos...
El asfalto llega y corremos, Special que no para de mirar el reloj me comenta: “¡Garban, a cuatro treinta marca el gps!. En ese momento un coche que cruza nos da ánimos y nos dicen: ¡Así nos gusta, que corraís rápido en la madrugá!... Eso me despierta, ¿La madrugá, ha dicho?. Estoy de puta madre para correr, pero tengo que estar reteniendo demasiado a Special en las subidas... No esperaba que fuera tan tarde...
El sendero junto al río es una trampa mortal... Seguimos adelantando gente pero allí sin correr. No veo una mierda y ya he tenido dos serias meteduras de pata, literales, en un hoyo. Cada vez en uno diferente, claro... Si te rompes o te esguinzas un tobillo, fácil en ese terreno, no solo te quedas sin llegar a meta, estando a cuatro pasos, como quien dice, sino que evacuarte de allí tiene que ser bastante complicado...
Volvemos a la pista y llegamos al cuartel... ¡Qué largo se me hizo ese sendero!. Iba tocado, más mentalmente que físicamente... Cogemos un camino de tierra y comienza el principio del final... Una cuesta donde se ve Ronda allí, al frente, casi la puedes tocar con las manos y crees que es la última... No. Esa dura cuesta no te lleva a ningún sitio importante, sólo tienes que subirla para luego bajarla.... Llegas al río... Ahora si que has terminado, piensas... Imponente la pared insalvable del Tajo de Ronda... Subes la cuesta pero la pared sigue estando allí, a lo lejos, subes pero no lo suficiente para que se acerque el pueblo... Allí ya exploto... Special me anima... Le digo...”¡Esta puta cuesta... Pues no me está hablando, la puta cuesta!... Ya sólo hablo para decirle a Special... ¡Por dios, subamos para coger cota y acercarnos a esa puta pared...!... Sólo quería coger altura para pasar por encima...
Sellando el pasaporte, por última vez
Unos cachondos nos invitan a que nos hagamos una foto... ¡No me jodas, pagar una foto, mientras muero... Eso si que es de enciclopedia del humor”...!. Amablemente declinamos la invitación... Por primera vez nos pasa alguien... Tres corredores que habíamos adelantado en la cuesta anterior llegan hasta nosotros y ya llegamos a Ronda... El piso de la cuesta dichosa es más duro, con sus cantos pulidos y redondeados, que la misma cuesta... En el asfalto paramos a beber agua y a disfrutar de la satisfacción de que ya, ahora sí, estaba resuelta la incógnita... ¡Sí íbamos a llegar a Ronda!... Nos ponemos a correr y al llegar a los tres que íbamos a adelantar los invitamos a que nos sigan... Nos hacía feo dejarlos a quinientos metros de meta... Juntos llegamos a La Alameda... Sin estridencias, ni especiales algaradas... Nos sellan el pasaporte y nos endosan un buen puñado de minutos de más por la cara en el tiempo final... Da igual, llegar era nuestra meta. Nos ponen la medalla. Nos abrazamos y nos hacemos una, sólo una y única foto y nos vamos, junto a nuestras Santas, más santas que nunca porque nos estuvieron esperando catorce horas a ¿dónde?. Efectivamente, si nos conoces acertaste de lleno. Al bar a tomarnos unas cervezas y a que mi Special se fumara un cigarrico que ya hacía catorce horas que no se encendía ningún “trujas”.
Mi pañuelo de Hommer y mi amgio. Esta es la foto de meta, la única y genuina
Pues esto es Ronda, para mí. Para otros será otra cosa... Es una carrera que debes disputar una vez en la vida... Merece la pena... Merece la pena por los Rondeños, Los Legionarios, los corredores... Aunque si de algo me vengo algo desilusionado ha sido de estos últimos, no de todos, claro... De algunos... Mucho adjetivo de cientuneros, de forma de vida... Pero al final todo es lo mismo... Si puedo me cuelo y no espero, faltándole al respeto a cientos de personas... Si la camiseta es fea protesto... Si ...
El problema creo, son los protagonistas... Al final nos parecemos más a los “Galácticos” del Madrid que a los adnegados sufridores y solitarios deportistas corredores de fondo... Nos sobra ego y nos faltan... Nos faltan muchas cosas... Lo digo en plural yo también soy imperfecto y me meto en el grupo de los que tendríamos que mejorar...
P.D.: Llegamos sin ampollas, rozaduras... etc. Sin más dolores que los estrictamente necesarios. El entrenamiento, la planificación y la elección de material es básico para una empresa de este tipo.
El Lunes, para los amantes de los números, muchos, pero que muchos números.
La Legión, gracias por vuestra ayuda y vuestra paciencia
Recibo algunas críticas sobre los relatos, unos piensan que son muy largos, otros que han perdido ironía y frescura... Intentaré dar gusto a todos, dividiré éste en varias partes y procuraré que suene divertido.
Con mucha ilusión pero cargados como burros antes de entrar al campo
No os dejéis llevar por el título y creáis que Garbanzito se va a poner a hablar de economía o de la crisis. Es sólo un guiño a uno de los símbolos de los 101 de Ronda, su medalla popularmente conocida por “el ladrillo” y muerta, esperemos que no definitivamente, en esta edición.
Los Cientuneros, como ellos se adjetivan, sólo hablan de su ladrillo, una medalla enorme de cerámica que te cuelgan al cuello cuando finalizan la prueba y una sudadera con la que te resguardan del frío. Este año cambiaron “el ladrillo” como ya dije, por una medalla, también enorme, de metal. La sudadera nos la entregaron a la llegada y también este año ha habido problemas por las tallas. En el foro de La Legión no paran de hablar de las tallas de las sudaderas, del cambio de material de las medallas y de otros cientos de “pequeños” y no tan pequeños detalles (por ejemplo el de las duchas). En mi opinión el personal pierde la perspectiva del asunto. Hablan, antes de la prueba, de vivencias, compañerismo, superación, lealtad... Al final sólo protestan por pequeñeces, que si la medalla es de chapa o si la sudadera es pequeña y no van a poder lucirla por los parques, entrenos y carreras populares...
El reto es terminar, alcanzar tu objetivo o superar tus complejos. La medalla te la ponen porque llegas a un lugar, La Alameda. La sudadera te la regalan para que te resguardes del frío. Quizás tu objetivo, reto o complejo se ve superado ya ampliamente con que te pongas en la línea de salida, superes la “Cuesta de los Cochinos” o te pares en el circuito “Ascari” a ver como un fulano da vueltas con un coche de “a cien mil
Lo de las bicis es indescriptible, aunque un poco caos
euros” que está claramente fuera de contexto en ese precioso paisaje de la Sierra Rondeña. La sudadera, la medalla, son accesorias y al final, tras quitarnos la careta, se convierte en fundamental.
No soy mejor ni peor que los demás, pero sinceramente, mi medalla grande o pequeña, mi sudadera pequeña o de mi talla no servirán para presumir delante de otros corredores, tendrán un lugar privilegiado en mi sala de trofeos, junto a los diplomas de Roth, el dorsal del invencible Zarautz o mi camiseta de Finisher, así que la talla o el material de la medalla es manifiestamente intrascendente. La simbología, como dicen algunos, es importante, pero más aún es lo que simbolizan.
Comenzaremos por el final, por si alguien no quiere seguir leyendo. Llegamos a meta tras muchas horas de esfuerzo que no comenzaron a las once y diez del dieciseis de mayo del dos mil nueve, sino algún tiempo atrás, en un lejano mes del año dos mil uno...
La Legión, 101 kilómetros, Ronda y nuestra revista CorreryTirar.
Un grupo de “amigos” que no nos habíamos visto la cara en la vida, decidimos tirarnos al monte y crear la revista del corredor popular vía internet “Correr y Tirar”. Un catalán, un vasco, un valenciano, un madrileño y un murciano, nos lanzamos a publicar y dar a conocer carreras por nuestra geografía y fuera de ella... Un día, en el virtual consejo de redacción que teníamos todas las semanas, Spanjaard nos propuso hablar de una carrera de ultrafondo que se celebraba en Ronda y que organizaba La Legión. Raro es que yo no tenga conocidos que hayan realizado cualquier cosa por rara que parezca. Enseguida me lancé a buscar alguien que nos pudiera contar de que iba aquello. A nosotros el tema militar nos ponía un poco en “estado de prevención”. A las pocas horas ya había contactado con un Ciezano llamado Paco y un Murciano que se llama Jose Antonio que encantados se prestaron a escribir un relato que dividimos en dos o tres partes que daba una información, por supuesto subjetiva, de la carrera. En que consistía, como era, que se necesitaba. Ya aquella información provocó controversia... El espíritu de Ronda es diverso. Unos, como era el caso de estos dos amigos con los que luego correría muchos kilómetros, querían disputarla, los que sólo querían terminarla opinaban que no habían captado el espíritu verdadero.
Si, ya se que es un tópico, pero yo no me venía sin esa foto.
Por aquellos años, recien estrenada mi condición de veterano, mis aspiraciones eran otras. La Liga Nacional y Regional de Cross y las Medias Maratones copaban mis objetivos e inmediatamente, tan rápido como pasó la edición de ese año, Ronda desapareció de mi mente.
La aburrida bicicleta, el ciclista vacilón y mis buenos amigos Special Force y “El Mago Pepo”.
El pasado año, tras la decepción de Zarautz, penaba por esas carreteras con mi “china” y me encontré a lo lejos un grupillo de ciclistas. Desesperado de hacer kilómetros “a solanas”, sin objetivos ni ilusión, me lancé a por ellos para no seguir sin compañía. Me acercaba y pronto el grupillo se percató de mi llegada y apretaron... Me mosqueé, a un finisher no le vacila una grupeta de globeros de poca monta... Apreté y ellos apretaron... Conforme me acercaba pude distinguir sus maillots rojigualdas con la cabra de la legión... Les pregunté: ¿Es que habéis terminado en Ronda?... Comenzaron a mirarme como si fuera un bicho raro... “¡Por supuesto!, me comentaron... Esa manera de contestarme, ese orgullo en la afirmación, me hicieron inmediatamente tomar la decisión. El próximo año yo también portaría uno de esos...
Transcurrieron los meses y nuestro amigo “El Mago Pepo” vino a casa a celebrar un sarao. Un par de días de fiesta dan para mucho y tras unos trucos de magia y algunos gin-tonic también mágicos convencimos a Special Force para que se inscribiera y nos acompañara. Special, un tío de la “empresa”, bragao como el que más y comprometido se resistía. Un par de trucos más y otros diez o doce gin-tonics hicieron el resto. En la primera semana de Noviembre se selló lo que luego sería una dura, interminable pero magnífica aventura.
¿Y cómo lo hacemos?.
Con el asesoramiento de mi amigo Alfonso, a la vez mi entrenador y lo que El Mago, Spanjaard y lo que leíamos en los foros nos fuimos haciendo una composición de lugar.
Lo primero que tenemos que determinar es el punto de partida. A Ronda acuden, como acuden a los santuarios milagrosos, muchos optimistas, seguros de si mismos y contentísimos de haberse conocido, que hacen de su afición una epopeya, un drama, un día infernal. Salir una hora al día, cuatro días a la semana y pasear por el campo una mañana de domingo con el pariente o la parienta es un claro ejemplo de lo que no hay que hacer, pero en todo caso lo siguiente a determinar es proponer el objetivo. La premisa al elegir el objetivo es que debe ser “conseguible”. Si estás gordico, no sueles correr demasiado y entrenas poco, estará mas dentro de lo probable el proponerse terminar que el intentar ganar la prueba.
Lo segundo es planificar un entrenamiento adecuado. El volumen debe primar sobre la intensidad. El entrenamiento para una media, por ejemplo, no es el adecuado para esta prueba aunque corras 50 medias al año. Salidas diarias progesivas en cuanto a tiempo, si demasiada intensidad, pero llegando a alcanzar las dos horas corriendo, algunas de tres y una de cinco al menos a la semana deben ser las habituales conforme se vayan acercando las fechas de la prueba. Por supuesto por terreno duro, quebrado, no vale que sea rompepiernas, tiene que ser duro, donde la misma cuesta te ponga a caminar en vez de correr y largo. No valen subidas de seiscientos metros. Nuestras interminables subidas por “El Sequén” a la “Cresta del Gallo” de más de siete kilómetros y con unos mil quinientos metros de desnivel acumulado, nos ayudaron de una manera definitiva.
Lo tercero es determinar que es lo que deseas, ¿marchar?, ¿correr?. Si tu objetivo es marchar, el equipo y la forma de afrontar el reto es totalmente diferente a si pretendes “correr”. El correr siempre es entre comillas. No hablamos de los que ganan, hablamos de mortales como nosotros. La carrera no te deja correr demasiado. Las cuestas y las colas (ya hablaremos de las colas), te marcan el ritmo, te cuidan, ofreciéndote los descansos que tu no te darías si el terreno fuera siempre favorable.
Si deseas marchar, una riñonera con uno o dos bidones de agua, barritas, geles, nueces, vaselina, calcetines, camiseta, tiritas, medicamentos... es imprescindible. Lo primero decir que en contra de lo que podáis leer y escuchar allí hay de todo, pero la fatiga va haciendo que cada vez tardes más entre los puestos y una hora u hora y media entre determinados puntos pueden romper con toda tu estrategia de carrera, debes llevar agua y elementos que puedas necesitar. Si deseas marchar un mp3, un “loro” al estilo hip-hoplero pueden incluso ayudar a que termines...
Si deseas correr, si deseas correr no necesitas más que un bidón de agua vacío, calcetines para cambiarte, si acaso una camiseta y algo de vaselina y nada más o poco más. Allí hay de todo y a una distancia asequible uno de otro. Todo lo demás que lleves es supérfluo, innecesario. Otra cosa será que “pinches” y cambies al plan B, entonces querrías haber cargado con todo lo que no llevas, pero es algo que debes valorar.
En una carrera de 101 km creerás que la posición de salida no es importante, no cometas ese error... La salida es importantísima, no por correr desde el principio, sino porque te ahorrarás ponerte detras de siete mil tíos para coger un vaso de agua en el primer avituallamiento. Se pierde muchísimo tiempo haciendo colas en esta prueba, desde que intentas coger el dorsal, hasta que te propones recoger el diploma... No es crítica, la culpa no es de la organización que debe de atender a 7000 personas, sino que nosotros debemos espabilar para intentar minimizar el tiempo de espera... Eso sí, sin colarse en ningún sitio... Que también los hay que tienen una jeta dura... dura...
La intendencia también es muy importante. Si buscas alojamiento en el mes de noviembre lo encuentras a treinta metros de meta a precios asequibles y con una calidad adecuada.
¿Nos vas a contar la carrera, Garban?.
Pues no, hoy no. Estas han sido unas primeras impresiones mías. Seguro que alguien piensa de otra manera. Seguro que no estoy en posesión de la verdad, pero si un hijo mío fuera allí le daría estos mismos consejos: Prepara adecuadamente la carrera. No cargues con nada que no sea imprescindible. Confía ciegamente en la organización, no te fallarán. Y por supuesto, corre, corre como si te fuera la vida en ello, la recompensa es tan dulce que lo merece.
Ahora mismo me pongo a contaros la carrera, la nuestra, que otros seguro que la vivieron de otra manera. Fue muy dura, muy divertida y de nuevo dura, para convertirse en divertida... Es lo que nos pasa a los sin cerebro... Al final nos vale con llegar y el resto lo guardamos como algo positivo ya que nos aporta experiencia, sabiduría y por supuesto nos aporta algo más a nuestra vida que podamos contar a nuestros nietos...
Desvelo un secreto... Por si acaso alguien aún duda... ¡No, no voy a volver!.