




Sucedidos en general
Muchas veces lo digo y quizás esta vez me lo tengo que aplicar a mi persona. Cuando alguien llama mucho la atención de todos pasando a ser el foco principal sin ton ni son, suelo etiquetarlo con esta frase: “¡Ese tío lo que está es con mucha falta de cariño!”. Posiblemente pueda que no tenga razón y lo que me falte es “cariño”, pero creo que no. Fue bonito mientras duró y viví una quimera, como podría escribir un poeta pringoso y almivarado.
Las dos primeras sesiones de natación con el club fueron muy positivas. Me quedé sorprendido de lo animadas y el espíritu de grupo que había allí. Para mayor alegría resultó que la entrenadora era Isa. Una chica joven que acaba de terminar la carrera de Educación Física y que tuvo un montón de records regionales siendo una gran nadadora. Cuando se cansó de nadar, el nadar no sólo cansa físicamente, sino que a mi parecer, te destroza mentalmente pues no puedes hablar con nadie, el agua te aisla de tu entorno y aunque acompañado te sientes solo, el caso es que cuando se lo dejó, se pasó al atletismo. Como es de la edad de mi zagal mayor coincidimos en muchos entrenamientos, en muchos viajes y carreras disputando los croses regionales y nacionales. Es una chica muy dulce, educada y que emana confianza. Todo era perfecto. La entrenadora era la ideal, la hora es buena, las instalaciones no estaban mal, los triatletas muscolosos y con tablas de planchar como abdomen habían aceptado a este Homer Simpson de panza cervecera y brillante calva, no éramos más de cuatro o cinco por calle. Todo era de color de rosa, estúpidamente creí que este año si iba a ser productivo... ¡Tan mayor y que ingenuo soy!.
El sueño duró dos días. Justos los necesarios para que todos los triatletas que van a entrenar o al menos la mayoría se acercaran a nadar. Seguro que cuando lleguen los día duros de frío algunos desertan pero para ellos es lo mismo, van sobrados. Hoy en el calentamiento me he percatado de que allí habíamos muchos, quizás como pregona a los cuatro vientos mi santa soy un ser “asocial”. Lo intuía y como los animalicos lo venteaba, lo sentía. Isa que de buena, amable y dulce dan ganas de abrazarla como si fuera un osete de trapo, nos manda a calentar y nos previene que hoy haríamos un test de 1500 mts. para evaluar nuestro punto de partida. Bromeo diciéndole que me apunte 40 minutos que pocos me faltarán para llegar a ese número. El ambiente distendido ya casi no existe, pocos lo entienden como broma y los otros pocos pasan del comentario. Nos lanzamos al agua. Quince minutos de calentamiento. Cuando voy a croll, no hay problema controlo quien viene por detrás y cuando se acerca la pareta aprieto para no molestar, me agarro a ella y los dejo pasar, cuando voy a braza el asunto cambia. Me pasan a media calle y cada vez que alguno me adelanta no deja de darme uno o dos manotazos en los pies. Al principio no le doy importancia. Cuando ya casi todos lo hacen comienzo a darle su aquel. Acabamos el calentamiento y viene la debacle. Hay que hacer 400x2 a pies. Me pongo pálido y se que algo va a suceder. En la calle ya no existe una fila, como antes sino que unos van adelantando a otros y justo en el momento de adelantarme a mí viene gente por el otro lado, imposible hacerlo sin chocar con el que viene en sentido contrario o sin pasarme a mí por encima. Siguen dándome manotazos, cada vez más contínuos y más fuertes. Pienso... “Cuando yo nadaba con mis viejecicos los doblaba trescientas veces y otras trescientas venía otro viejecico de frente. Rarísima vez le daba a nadie en los pies y si lo hacía era un accidente, no era lo habitual.” Me da la impresión de que lo están haciendo premeditamente, me están enviando un mensaje. No me gusta y me da mala hostia. Igual es que estoy muy sensible, estoy como yo mismo lo he descrito en otros: “¡Ese tío lo que le pasa es que está falto de cariño!”. Pues ¡no!. Un cretino susurra a otro: ¡Me voy a la otra calle, con este tío no se puede nadar!. Me sienta como una patada en los cojones. A mí nadie me pidió mínima para poder ir a entrenar con ellos y si era necesaria con haberlo dicho sobraba, no tiene nadie que ser humillado por algo así. El caso es que intento quitármelo de la cabeza y no darle más vueltas. La entrenadora me pide que haga los ejercicios con más exactitud para poder mejorar la técnica. No puedo, estoy más pendiente de apartarme cuando ellos llegan, para que no tengan nada que ladrar, que en realizar el entreno. Dos se paran en la pareta y sin ningún escrúpulo comienzan la siguiente conversación, aún sabiendo que estaba delante y que lo estaba escuchando: ¡Esto es una mierda, con estos tíos aquí no se puede nadar!. No escucho más, me salgo de la piscina y le digo a la entrenadora. Hoy no haré el test. No es mi intención crearle problemas, sino solucionarlos y le digo que me voy a la calle de baño público en la que sólo había un usuario. Allí me lanzo y comienzo ha practicar la respiración por ambos lados. Por lo menos con tranquilidad y sin agobios puedo hacer algo positivo. Conclusión. Le he enviado un mail a la entrenadora y le comento si puede darme el entreno en un papel y yo hacerlo en la calle que menos moleste, aunque sea la del público. Cuando no se pueda porque esté llena, pues me siento y charlo con ella, si de vez en cuando me puede echar un vistazo, mejor, sino tampoco pasa nada, entiendo que hay más gente que yo entrenando.
El caso es que lo que no entiendo es como la gente puede estar “tan contenta de haberse conocido”. Porque ellos nadan más rápido se creen con más derecho que los demás. Lo que deben pedir es que el asunto se organice de otra manera o que nos digan que no volvamos, pero de eso a poco menos que perdonarte la vida va un abismo. Estoy harto de leer en los blogs y foros de ciclismo y triatlón a gente que por lo visto nació sabiendo. Aquellos que creyendose en un estadio superior de conocimientos exclaman a quien quiera oírlos: “¡La gente no sabe ir en grupo, ponen en peligro al resto de competidores!. Perfecto si no vas seguro con ellos a su lado lo que debes de hacer es ciclar más fuerte para dejarlos atrás o ir más despacio para que sean ellos los que vayan delante. Lo que no puedes hacer mientras que sean capaces de ir en tu grupo es protestar, porque, según ellos creen, están en posesión del conocimiento y de la verdad absoluta. Creí que estos modos de comportamiento eran sólo de los ciclistas, resulta que también es de los nadadores...
Algunos, pocos, muy pocos de los que esta tarde se han quejado porque no podían desarrollar todo su potencial, nadar a gusto, o exhibirse, ¡qué se yo!, les he tirado en alguna que otra serie de mil en la pista. Otras veces, les he pasado en esas mismas series, doblándolo y algunas veces más les he metido una decena de minutillos en una media maratón o varias decenas en un maratón y creo que nunca jamás les he afeado que fueran por la calle uno, poniéndome difícil el mantener mi ritmo, les he humillado diciendo que no andan una mierda, ni les he ido a esperar a la meta comentándoles que un tío de 47 años les ha metido una minutada en una carrera, siendo ellos jovencillos de treinta. Es triste pero es así. No tenemos nada de tolerancia. No somos capaces de adaptarnos a las circunstancias, nos creemos superiores a los demás, porque nadamos más deprisa, vamos más rápido en bicicleta o tardamos menos tiempo en finalizar un maratón. Podían perfectamente haber terminado la sesión y como señores plantearle a la entredora sus opiniones, necesidades o sugerencias. No soy tonto, lo hubiera intuido, pero no hacía falta que me lo tiraran a la cara. Por eso mismo, porque no soy un crío, entiendo que el bien general está por encima del particular y no debo ni enfadarme, ni sentirme ofendido porque, para bien del grupo, se hubiera tomado alguna medida, pero no era necesario que me lo tiraran a la cara como si fuera un escupitajo. Podrían haber esperado y solucionado como personas que son y con educación, que seguro que la tienen.
Pues tenía escrito un post sobre la natación, creo que muy divertido, pero será para otra vez, hoy va a ser que no. No estoy para bromas. Y el caso es que a la mayoría de los que allí estaban o se han quejado, a casi todos, alguna vez les he hecho algún favor... ¡Con su pan se lo coman!.