martes, 30 de octubre de 2007

¡La próxima semana, San Javier!


De nuevo nos vemos, querido diario. En primer lugar agradecer a todos las muestras de cariño y la preocupación por el estado de salud de mi santa. Ya le han quitado los puntos que tenía y está en fase de franca recuperación. La tengo en un “palmito”. Limpio, friego platos, hago camas, tiendo ropa y atiendo a los perricos y demás “animales” de casa como son mis dos “tiernos infantes”. Mi santica creo que está mejor que en brazos y no creo que tenga ningún reproche que hacerme por ahora. Esperamos con entusiasmo que ya se pueda mover un poquico más, el médico describió su cicatriz como un “navajazo de un lado a otro de la cadera”, para que nos comience a hacer comidicas de esas que nos gustan, un buen potaje, olla de cerdo, arroz y habichuelas y todos esos guisicos que tanto nos gustan. Al menos el que esté en casa nos va a servir para comer como señores, que cuando ella está en el trabajo pone voluntad pero tanto calentar platos y tanto microondas nos hace parecer que comemos peor que un soltero. Supongo que en un par de días podrá volver a estar operativa, al menos para preparar comidas, a fin de cuentas los toreros con cornás como esa reaparecen a los diez días…
También tengo buenas noticias, en cuanto a la evolución de mi cuerpo. Estoy aún más jamón que antes, si es que se puede llegar a tener un cuerpo con más poderío de que yo tenía. Mi peso actual es de 70 kg. y 300 gramos, luego en este par de semanas ya me he descargado de dos kilos setecientos. La “hoja de ruta” sigue su camino. Mi zagalico el pequeño, como es tan pragmático, me ha bajado los humos diciéndome que los dos primeros kilos son de proteínas y que por lo tanto no se notan en la barriga… ¡Siempre me tiene que poner los pies en el suelo!.
Debo comentar, querido diario, que no es que esté decaído o de bajón. El tema que actualmente me encuentro es que el año pasado era todo nuevo y tenía capacidad de asombro por las nuevas cosas que iba descubriendo, ahora es todo un poco más repetitivo y si encima estoy tan gordo, pues es difícil mantener el tono, pero nada grave, ya encontraremos el humor por otro sitio.
Como decía la semana pasada, estoy teniendo problemas con el tema de entrenar a pie. Siempre que me toca rodar pasa algo. Esta semana si pude correr el jueves, pero el sábado que tenía que hacer un R 90´ no pude hacerlo pues habíamos quedado a las 11 con los compañeros del Tri-oráculo de Santa Pola para ir a Tabarca a comer un caldero. Al final el viernes tenía descanso y el sábado me lo tomé para ir de excursión, ¡ya tengo otro déficit de entrenamiento!.
El sábado fue un día bastante entretenido. En un velero muy bonico nos fuimos a Tabarca y regresamos a la luz de la luna con todo el velamen desplegado… La pena fue que a mi vera estaba el feo de Stani y lo que podía haber sido un romántico viaje de enamorados, se quedó en: ¡Qué corra el aire y no te pongas tan tierno!. La verdad es que estaba deseando llegar a tierra pues no iba adecuadamente vestido para la ocasión y me helé de frio en la proa del barquico dichoso. Desde aquí dar las gracias a los compañeros de Santa Pola por el día tan estupendo que nos prepararon. Ni que decir tiene que mi santa se quedó en casa, no era plan de montarse en barco con “el navajazo” que llevaba. El caldero, las cervecicas y la compañía fue lo mejor. Espero que los nenicos nos envíen las fotos que nos hicimos. En el blog de Stani hay un par.
El domingo teníamos la subida a la Cruz de la Muela. El cupo de la inscripción se cerró varios días antes. Las ciento ochenta plazas se acabaron pronto. La fauna de la inscripción era variada. Unos diez o doce especialistas de montaña de los buenos. Cien corredores variados, unos de ruta, otros triatletas y los menos de montaña. El resto un nutrido grupo de senderistas que acudían a la cita sin saber muy bien donde se metían. En la cabeza un gorrito de esos que parecen una cubitera, una mochilica pequeña a los hombros y un palo, bordón o unos palos telescópicos con punta que parecían que iban a esquiar en las manos. Temí por la vida de algún corredor, pues esos afilados aditamentos podrían haber sido un arma mortal en manos de un poco avezado senderista.
A la subida acudieron, engañados por Alfonso, varios de los protagonistas del sábado en Tabarca. Según me comentan tienen las patas tan malicas que no pueden sentarse ni a “cagar”. Es lo malo de una subida que tiene cuatro kilómetros setecientos cuarenta metros y que comienza a 62 metros de altitud y termina en 344 mts, hay momentos en que la cuesta se empina tanto que no queda más remedio que respirar hondo y andar lo que se pueda. Mi menda, que ya sabía de que iba el corte, no se apretó demasiado, sabía que si te aprietas al día siguiente los cuadriceps estallan de dolor. Mis anteriores marcas, al menos las que he encontrado, estaban en 31 y 34 minutos, esta vez 37:47 fue lo que marcó el reloj al llegar a lo alto. La subida es dura, espero que pronto pueda poner alguna foto, se ve en lo alto a la gente andar en fila de a uno. El regreso lo hice corriendo y entonces fue cuando me puse los cuadriceps a tope. Hoy estoy algo tocado, pero puedo correr, poco, pero puedo.
El lunes, como tenía la conciencia intranquila, no pude menos que hacer penitencia y hacerme el rodaje de 90 minutos que me había saltado el sábado. Salió despacico, pero salió como pudo. Por la tarde nadé dos mil quinientos metros en 58 minuticos y luego para terminar de purgar mis pecados me he metido a la sesión de spinning de 45 minutos, un poco para tranquilizar mi conciencia y otro poco para ver a mis monitoras que hacía ya varios días que no las veía. Al final, el señor me ha castigado y ha aparecido un monitor calvo a dar la clase, lleno de músculos para alborozo de las nenicas que llenan a rebosar la sala y desesperación de los nenicos que somos clara minoría.
La carrera fue como siempre. Primero unas bromas con el personal y decir “la verdad”, que no podía correr que estaba malico. Luego hemos salido a toda caña y a esperar a que el personal madurara. La alegría ha sido que, por primera vez desde hace muchos meses, los tres nenicos hemos vuelto a correr juntos. Mi zagal mayor, mi zagal pequeño y yo. Me hacía mucha ilusión que mi nene mayor volviera a una carrera, aunque el hombre hizo lo que pudo. Mi Pablo llegó muy cerca mía. Tiene mucho mérito pues ha perdido este verano 17 kilos y está preparando triatlón esta temporada.
Este fin de semana nos iremos a San Javier a correr la media maratón que hacen por allí. Ya veremos como sale. Lo bueno que tienen estas carreras es que vamos sin presión, como un rodaje más, unos salen mejor y otros peor. Seguro que es divertido, aunque me ganen el mamoncete del Stani y el Capitán Bajoca.

P.D.: Espero tener algo más de tiempo esta semana y hablar sobre "Como planificar la carrera" y sobre el "entrenador de natación"

jueves, 25 de octubre de 2007

Y esta semana ¡La Cruz de la Muela!

Tengo que obligarme. Con la edad uno se descubre así mismo. Algunos no nos reconocemos en el espejo y menos en las fotos. Preguntamos con desconfianza, ¿ese soy yo?. Es que siempre tenemos una imagen de nosotros mismos mejor que la que damos al exterior, tanto física como a nivel personal. Siempre nos creemos mejor persona de lo que somos…
La falta de ilusión, de retos, de verdaderas ganas por conseguir un objetivo se está notando esta temporada y eso se refleja en todo lo que hago, en todo lo que está en contacto conmigo. Sin ganas para escribir…
Sólo podría hablar de historias pasadas, de cosas que seguro que ya he contado, que tergiversaré, engrandeceré y cambiaré de tal manera que no se reconozca con la realidad. El ripioso Campoamor ya lo escribió: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.
De momento no es el caso, sólo que no encuentro ese objetivo que me anime, esa ilusión que obligue a hacer algo con verdadero entusiasmo.
Desde el quince han pasado algunas cosas, la mayoría anodinas, sin trascendencia, sin mérito suficiente para ser contadas. Pues vamos a contarlas, más que nada porque no quiero que el personal se acostumbre a que no hay ninguna actualización en el blog y deje de leerlo. El que escribe, lo hace para ser leído…
Comencemos por las cosas buenas. Mi santica nos dio un susto muy grande el jueves pasado. Mi nena es más dura que “el palomino”, también conocido como “la mierda de paloma”. No se queja nunca y cuando lo hace es porque realmente la tenemos hasta el moño de tonterías y caprichos o, como ocurrió en este caso, porque se encuentra muy malica. El jueves me llamó diciéndome que se iba a casa, que se encontraba muy mal. Como es tan bruta, tuve que convencerla para que me esperara para acompañarla. ¿Qué iba a hacer ella sola, enferma, en casa en medio de un monte, sin nadie a su alrededor?. Cuando puede hacerla entrar en razón, me permitió que la llevara, cuando lo que yo realmente deseaba era llevarla a urgencias. En casa, como no podía ser de otra manera empeoró y sólo entonces me permitió que la llevara al Hospital. A las 12 y media de la mañana, entramos por esa puerta de urgencias. A las ocho de la tarde la operaban para extirparle, supongo que el nombre técnico será otro, un tumor de 10 cm que tenía estrangulado y sangrando, en una palabra que se estaba desangrando por dentro. El dolor era tal que le metieron tanta dolantina y demás medicamentos que cuando entró al quirófano saludó como si traspasara la puerta de “Lluvia de Estrellas”, pues el ciego que llevaba era digno de un botellón. Como es tan dura desde el lunes la tenemos en casa. Hace unos 15 años pasó por un calvario semejante y cuando ves que todo empieza de nuevo, la moral se resquebraja, pero ya está bien y todo quedará en un susto. Muchas gracias a todos los que os habéis interesado por su salud y a los que no os he dicho nada, no me lo toméis en cuenta. Por una parte cuando uno está realmente enfermo no tiene muchas ganas de visitas y cuando comienza a recuperarse y está en el hospital, sobre todo a las mujeres, no les gusta que les vean en poses y actitudes que no le benefician, digamos, de cara a “su imagen”.
Tras esta buena noticia, otra también no menos buena, aunque menos importante. ¡He perdido un kilo setecientos gramos!. Estoy en 71,3. Me está costando, pero como dice la canción “¡Me estoy quitando!”.
Estas dos semanas no he hecho ni un metro a pie, me refiero en los entrenamientos. Los jueves son los días que dedico a ello y el anterior llovió a mares y el siguiente me lo pasé en el hospital, así que… De todas formas si he encontrado hueco para nadar, montar en bici y el spinning. Cuando llegue fin de mes haré un recuento de las horas y de los kilómetros, pero de momento no es importante. Estoy en una fase que denominaríamos entrenamiento terapéutico, en fase de perder peso, sin eso es imposible estar en buena forma.
Lo más importante desde el punto de vista deportivo, estos días, fue el Duatlón Cross de Cieza. Me había comprometido con mi amigo Jesús Carrillo a echarles una mano y como mi zagalica estaba mucho mejor y mi nenico el mayor quería quedarse con ella en la clínica, aproveché la circunstancia para irme a ejercitar otra diversión, que es la de comentarista en pruebas deportivas. Esta es la forma con la que calmo el mono de cuando hacía mis pinitos en la radio. La carrera fue muy dura y estuvo, lo que yo ví, al menos muy bien organizada. Cuando más me divertí fueron los momentos en los que Stani, Xarli y Juan aparecían por boxes y les taladraba la cabeza con su tardanza en cambiarse de zapatillas, aireaba su “tiempo” y hacía chascarrillos con su silueta. El “¡volved pronto y que no se os haga de noche por la montaña!, fue una de las lindezas más suaves que escucharon de mi boca. Por cierto, los tres se comportaron como verdaderos campeones, aunque el “hombre de hierro” Stani, estuvo algo más delante que los otros.
El domingo se celebró la Media Maratón de Molina de Segura. Me había inscrito con mucha antelación y esta vez el nenico pequeño se ofreció a ser el guardián de su mamaica. Mientras corro, compito o entreno, me divierto, se me olvidan los problemas o resuelvo muchos de los que se me plantean, sobre todo los problemas de trabajo, así que sin pensarlo dos veces me fui bien temprano a la línea de salida. Me encontré con muchos compañeros que desde hacía un año no veía. En la salida me encontré con el Capitán Bajoca, lo cierto es que habíamos quedado… En una carrera, lo principal es mentir. Si estás realmente mal de forma, miente. Di que estás fantástico. De esa manera “tus enemigos” te respetarán y pensando que tu los atacarás pronto, se reservan y cuando se dan cuenta que estás hecho una mierda y arrancan ya es tan tarde que los daños serán mínimos. Si estás en una forma óptima, miente igualmente. Debes contar que casi no entrenas y que una lesión crónica te tiene postrado en casa viendo las series y el “Diario de Patricia”. Así ellos serán los que ponga un ritmo que será el más fuerte para ellos pero que esperan que sea suficiente para descolgarte. Cuando estén maduros, un pequeño cambio los dejará a diez metros de ti y el esfuerzo que realizarán para que no te escapes demasiado será el que haga que revienten y empiecen a correr para atrás, como cuando se le rompe el hilo a la birlocha. El domingo sabía que iba a ser duro. El sobrepeso, la falta de carrera a pie, los cuatro días en el hospital, la falta de descanso, la mala alimentación, me iban a pasar factura, pero la alegría de estar haciendo algo que realmente me gusta era suficiente para compensar todo el sufrimiento, sobre todo cuando el mero hecho de estar vivo es un triunfo. La media de Molina es de las duras, no llega a ser del estilo de Hellín, pero se está subiendo mucho, pero mucho rato.
En la salida convinimos el Capitán Bajoca y yo de ir suave. Aunque mi mente me pedía correr, sabía que mi cuerpo no la acompañaría. Pasamos los primeros ocho kilómetros con prudencia, los más duros, pero pronto el Capitán comenzaba a mirar el reloj, yo sigo sin llevarlo y a pensar que delante nuestro había mucha gente que habitualmente le sacamos diez minutos en meta. Como él es más joven e intrépido estaba como el perro atado a un árbol. En el ocho le liberé de su compromiso y le dije que se fuera hacia delante, no sin antes advertirle que los últimos 5 kilómetros son para correr y que el comienzo de la segunda vuelta pasaría factura a mucha gente, pues se hace muy dura. El, que a pesar de los pesares es un novatillo, se fue hacia delante. No me sacaba mucho y yo iba controlándole en la distancia… pero cuando se hacen las cosas bien, la mayoría de las veces salen mal, así que cuando ya de principio se hacen mal… pues salen como salen. Me estaba encontrando bastante bien e iba adelantando a mucha gente que antes había adelantado mi hermano… Comienzo a sentir un hormigueo en los pies… ¿qué pasa?. Acostumbro a preparar el materia de la carrera el día antes, pero como estaba en la clínica lo hice la misma mañana de la carrera, no probé lo suficiente las zapatillas y las plantillas. El caso es que con las prisas las debí meter mal y se hicieron una arruga que me presionaba la planta de los pies y que hicieron que se me durmieran. En un jardín pare y me descalcé. Estuve un tiempo dándome masajes para reactivar la circulación sanguínea y veía como me pasaban todos aquellos que ya había adelantado más muchos más. Lo ví claro. ¡Cuando no se puede segar, se espiga!. Me quité las plantillas, las cogí en mi mano y comencé a correr cinco o seis minutos después. Esta vez sin prisa, no digo que disfrutando porque para una persona tan competitiva como yo, el correr mal no le causa ningún placer, pero sí consciente de que aquello era lo menos malo que podía haberme sucedido un domingo por la mañana. En una hora cuarenta y ocho minutos llegué a la meta, gordo, jodido y cansado, pero con una felicidad distinta a la de otras veces, por eso digo que uno con la vejez comienza a conocerse mejor. Llegué con una alegría más íntima, menos de jarana y postizas, una alegría interior por hacer lo que me gusta…
Lo jodía del tema y para que veas, querido diario, como es la peña, es que todo el que me ganó, incluido el Capitán Bajoca se apuntó la victoria en su casillero, cuando de buen competidor hubiera sido dar la carrera por no disputada, teniendo en cuenta mis circunstancias… Tanto es así que el Capitán en el blog de Stani escribe que me ganó, pero no dice en que circunstancias y tampoco cuenta que, por no hacerme caso, pegó una explosión, justo en el kilómetro que yo le dije, de tres pares de cojo… ¡No pasa nada, estas son las historietas que gustan de recordar!. Ya pondremos fecha a la próxima para el desquite, pero que sepan que me sacaron ocho minutos y yo les pienso sacar quince en la siguiente.
Este sábado tenemos una comida en la Isla de Tabarca, frente a Santa Pola. La organizan nuestros compañeros de Tri-Oráculo. Estos bandarras, son los mismos que organizaron, con gran acierto, el I Triatlón Doble Olímpico, Clandestino de Santa Pola. Esperemos que este año se repita. El objeto de la misma es agasajar a nuestro entrenador, por ellos llamado Oráculo, por habernos aguantado esta temporada en la que todos hemos acabado un Iroman y “semos” “hombres de hierro”. Nos reuniremos alrededor de un “caldero” todos los que hemos preparado con Alfonso esta singular prueba, será una manera, no la más espectacular, pero si la que más nos gusta, de darle las gracias por su labor y su paciencia.
El domingo recuperaremos una mítica prueba, la Subida a la Cruz de la Muela. Esta carrera consiste en subir a una cruz que está en lo alto de un risco impresionante y que vigila y corona la ciudad de Orihuela. La recuperamos pues ya se hacía en un tiempo en forma de contrareloj compensada con las edades de cada uno. Era muy divertida y espero que de nuevo vuelva a serlo. Ahora se hará a la manera tradicional de ¡Maricón o lesbiana el último o la última! (con todo mi respeto por ambas opciones). La prueba era entre amigos, se salía de casa de Alfonso y regresábamos de nuevo a ella donde comíamos todos. Este año pasará de ser familiar a oficial. El Club Tragamillas de Orihuela se ha encargado de organizarla. Si queréis saber de la distancia y el desnivel acumulado lo podéis ver en
www.tragamillas.org. Como mi forma física no es la ideal, me he inscrito con los outsider del club ficticio “amigos de Alfonso”. De todas formas, esté bien o no, la carrera se la dedicaré y en toda ella estarán en mi pensamiento mis amigos Joaquín y Carmen, que ya no pueden disputarla y que tantas veces me adelantaron en ella y que tan buenos recuerdos me traen a la memoria.
¡Hasta la semana que viene, querido diario!

lunes, 15 de octubre de 2007

¡Arreglaos vamos!, Historia de un tragón.


Ayer mi hijo me describió. Fue algo ácido, pero fiel reflejo de la realidad. Inquirido sobre mi apariencia, uno tiene que complejo de “cuerposaco”, me dijo: “Papá, pareces un Chupa Chups. Las piernas finicas, finicas y la barriga el caramelo al final del palo”. La frase es cruel, cuando a uno le pueda doler la respuesta lo mejor es no preguntar, pero mirándome en el espejo y con el maillot rojo que llevaba parecía un Chupa-Chups de fresa.
¿A qué viene esto?, pensarás querido diario. Pues viene como reflexión, qué la vida es un continuo luchar contra las olas… Al final siempre acabas en la orilla… Hace unos pocos meses era un “hombre de hierro”, una sílfide, un bollicao, un hombre maduro pero que aún tenía su público…Ahora soy un juguete roto… ¡Qué cierto!. Agua pasada no mueve molino. Como soy un ser voluble pues uno se confía y se deja mecer por las querencias y pasiones terrenales. La historia es la siguiente. Confiado en mi superior condición física pensé, ¡qué malo es pensar!, erróneamente, por supuesto, que siguiendo mis ritmos de entrenamiento, me pondría en forma y perdería peso. El caso es que, aunque llevaba algo de cuidado, no eliminé drástica y definitivamente esos caprichos que uno se da. Una mano de donpedritos, unos vermutcicos, esas tapicas… Al final lo que ha ocurrido es que me he pegado una “filetá” a entrenar que no me ha servido para nada. Comenzé el 1 de septiembre con 73 kilos y sigo ahora mismo en esos mismos 73, ¡qué si no hubiera entrenado se habrían transformado en 80!. Así que ese no es el camino. ¡Y de aquellos polvos, estos lodos!. El jueves fiesta en el trastero del Stani. Según dicen las malas lenguas, pá mí que la botella estaba empezá, nos soplamos entre El Lobo, Xarli, el Stani y un servidor de las monjas un litro de ginebra de esa azul que tiene poderes afrodisíacos. El viernes era el santo de mi señora y diluviaba. También era nuestro aniversario de bodas, veintidós añicos que lleva soportándome, con contrato, que en “economía sumergida” estuvimos otro buen puñao. Me encontraba malico, no tenía muchas ganas de fiesta. Aparte del poder de la ginebra, que te pone contento media hora y te deja el cuerpo pá el arrastre tres días, no me encuentro demasiado bien. Tengo un dolor intensísimo en el gemelo, como cuando te da un calambre que me baja hasta el tobillo y me sube por el brazo. Sentado cuando el muslo se presiona con la silla aún me duele más. Pues la casa, como las plazas de toros, abarrotá, mi ánimo muy bajo, así que lo que tomé me sentó como un tiro. Encima no pude entrenar, ni el cuerpo, ni el tiempo lo permitieron. Acabamos cómo las procesiones, de madrugá. Ya llevaba un puntazo del jueves y una cornada con dos trayectorias del viernes y el sábado tenía que ir a correr a Rafal. La carrera salió “un pan como una torta”, como dicen por aquí. No quedé el último de milagro. En los primeros metros ya no podía ni respirar. Antes en la línea de salida recibí elogios del calibre: ¡”Garban, has cogido peso”. U otro del estilo: ¿No tenías otra ropa para competir que te hiciera mejor cuerpo?, ¡pareces una morcilla!. El mejor fue uno que creyendo que no lo escuchaba aseveró: “Creo que la bici cuando el Garban se baja, hace como los caballos, ¡relincha de gusto!.”. La carrera fue algo patético desde su inicio hasta el final. Cuando llegué a la meta, como aquello estaba vacío, creí que había ganado y me dirigí a mi entrenador a darle las gracias por su ayuda para conseguir la victoria. Conforme me acercaba comenzó a hacerme señas, de que siguiera de largo y que fingiera no conocerle. ¡Se avergonzó de mí!. Para celebrar tan estrepitoso fracaso, el mismo sábado nos fuimos a cenar un grupo de atletas en casa de del entrenador y acabamos con las existencias de productos cerdícolas, donpedritos y licores en general.
El domingo, comencé mi nueva vida. Me levanté a las siete de la mañana para hacer la ruta con la peña ciclista. Unos cien kilómetros con subida a Sierra Espuña, Gebas y La Cola del Caballo. Un morir continuo, un sufrir de escándalo… ¡Qué ganas tenía de llegar a casa!. El caso es que si el sábado fue patético, el domingo fue para ponerse a llorar. Como había comenzado una nueva vida, no me quedé a las cervecicas de la peña, también porque se hizo tardísimo, pero me autoconvencí de que lo hacía porque era “un hombre nuevo”. Por la tarde asistí al cumpleaños de Candela, la nenica del Capitán Bajoca y de nuevo volví a caer en la tentación, no era el hombre de voluntad férrea, sino un vil pecador. Acabamos con los donpedritos y nos conjuramos para no volver a tomar ni uno más a partir de hoy mismo.
El caso es que me levanto y delante de todos digo: ¡Buenos días, mi nombre es Garbanzito y soy un tragaldabas!, pero espero que con vuestra ayuda me rehabilite…
P.D.: El entrenador de natación ya no lo necesito, con la grasa que abraza mi cuerpo tengo mayor índice de flotabilidad que las plataformas petrolíferas del Mar del Norte.
Espero que pronto pueda escribir algo más divertido y hablar del profesor de natación, pero ahora sólo estoy para esconderme y esperar a comenzar a adelgazar

lunes, 1 de octubre de 2007

He encontrado nuevos amigos para entrenar. ¡Qué gran error!

Hasta el moño de no progresar dando vueltas al jardín que está junto a casa, decides que tienes que cambiar algo en tu modo de vivir esa nueva experiencia que es el correr. En el jardín todos los que corretean por él tienen las piernas gorditas, llenas de pelos, la cara redondica como un pan casero y las mejillas con ese color sonrosado que sólo tienen los bebes y la gente que no se cuida. Llegas a la dolorosa conclusión que allí no vas a mejorar más de lo que ya lo has hecho y que no es más que no tener al día siguiente tales agujetas que te no te permitan subir al autobús del trabajo. Allí, en el trabajo, ese lugar donde cual carromato de titiriteros puedes encontrar casi cualquier cosa, comienza tu investigación. Un compañero conoce a otro que tiene un amigo en otra sección que corre. De las oídas de las oídas que otros han oído, resulta que éste es un calco de Juantorena el cubano, que corre como un gamo y que “¡está federado y todo!”, como si esa tarjetita incluyera algo más que un cutre seguro y fuera el carnet de corredor. Tras varios días de ir a buscar al fulano a su puesto de trabajo y no encontrarlo, certificas que el atleta, a parte de correr un montón, según has escuchado, es un tío que curra menos que “Los Reyes Magos”, pues ha pasado una semana y aún no has podido pillarlo en su sitio. Tras varias llamadas, notas y contranotas concretáis el entrevistaos en la máquina del café…Llegas tarde a propósito a la cita, un poco por hacerle pagar las idas y venidas a su oficina de estas semanas atrás, otro poco para poder ver la pinta del “chavea” de lejos y crearte una opinión previa. ¡En este momento se puede decir que has entrado plenamente en la dinámica del corredor popular! Ya tienes prejuicios y clasificas a los que tienen pinta… y estigmatizas a los que carecen de ella… De lejos tampoco es que parezca un Bekele, más bien tiene pinta de levantador de pesas, pero quizás, puede que sea… qué la ropa le viene amplia. Ya cerca constatas que no, que el tío está al menos tan gordico como tú. Tras las bienvenidas y presentaciones comienzan las preguntas. ¿Oye, que yo quiero correr un poquico más pero no se como hacerlo?, ¿tú qué haces?. Con las primeras respuestas comienzan las primeras mentiras… No… nosotros entrenamos un grupo… tres veces por semana… nada complicado… ¡fundamentalmente lo que queremos es divertirnos!. Ya te ha cazao. Esa mentira es la que rompe todos tus esquemas, inseguridades y prevenciones. Lo primero y antes de que siga con la historia es que nadie que entrena tres días por semana corre una media por debajo de una hora y media. Lo segundo es que nadie que quiera correr deprisa se divierte mientras entrena, sólo sufre como un cochino. Una vez que con ese capotazo te ha metido al toro tú lo que haces es preguntar ¿Qué días entrenáis?. Los lunes, martes y jueves, a las ocho en el Malecón, nos juntamos un grupo de 10 ó 12, muy de buen rollo, hacemos tres o cuatro malecones y a casa. El motivo de que sean los lunes y martes es porque no hay fútbol en la tele y los jueves lo utilizan como excusa para llegar tarde a casa e ir después de “trotar juguetonamente” a tomarse unas cañas por las tabernas que rodean la universidad que ese día en especial están repletas de zagalicas en “edad de merecer”. Por desgracia tu, de eso te das cuenta a la tercera semana de ir por el Malecón. La siguiente pregunta es: ¿Pero vais siempre, o si es fiesta no vais, o si llueve también lo dejáis para otro día, o …?. Nada, nada, allí no se falla nunca, si es lunes y no se ha acabado el mundo allí como un clavo a las ocho…¿Te importa si me acerco mañana que casualmente es martes?, balbuceas tú. ¡Por favor, calla, nos va importar!, tú con total confianza, acércate por allí…
El martes a las ocho menos diez y con tus mejores galas de corredor te presentas en la punta del Malecón. Allí, como no podía ser de otra forma, no hay ni díos. Esperas y a las ocho y cinco aparece un tío en pantalón corto, como tú, que te mira raro, casi con desprecio…Comienzas a ponerte nervioso, pues lloviznaba desde las siete y media y comienzas a creer que el mundo se ha acabado pues allí no aparece nadie. A las ocho y cuarto aparece tu conocido y otro más y con una sonrisa de oreja a oreja te dice: ¡Hoy parece que va a estar flojico!, el personal cuando llueve no viene… ¡Podía habérmelo dicho antes, pues también me hubiera dado de baja con el día de perros que hace!, piensas pero no te atreves a decir. Tras las presentaciones salís a correr los cuatro, el mal encarado que llegó primero, tu compañero de trabajo, su amigo y tú. Deciden que, como está lloviendo, van a realizar un rodaje suave e irse a tomarse unas cervezas que con ese tiempo no hay quien corra. Tú les recuerdas que eres novato y que tu forma física no la misma que la suya, que por favor, si acaso los retrasaras que no se molesten en esperarte, que a la vuelta te reunirías con ellos. ¡Cá, dice tu compi!, aquí no se deja atrás a nadie, iremos al ritmo que tu puedas llevar. Nueva mentira, te sacarán los ojos con el firme convencimiento que eso hará que los respetes más y cual es tu sitio en la manada, tú eres un “puto lobezno”. Los muy cabrones comienzan fuerte para que seas consciente que podrían acabar contigo con un chasquido de sus dedos, cuando te llevan quinientos metros con el resuello de un moribundo he intentas suplicarles que aflojen, tu compi, se adelantará y con el fingido interés del que lo que realmente quiere es joderte pregunta: ¿vamos un poco rapidillos, verdad?. Tu sólo puedes mirarlo con ojos de perrito lastimero. Inmediatamente ordena a sus coleguis, ¡chicos vamos a ir un poquillo más lento que hoy es su primer día!. Inmediatamente aflojan el ritmo de tal manera que tu no puedas quejarte de lo contrario, efectivamente lo han bajado, pero no tanto como para que tu sigas corriendo un punto por encima de tu umbral aeróbico, concepto que a esta altura de tu carrera como popular aún no has descubierto. Tras cuarenta minutos de carrera a ritmo de suplicio dan por finalizado el entreno. Te invitan a que vayas con ellos a tomar cervezas con la esperanza de que aceptes y con la excusa de que es el primer día los invites. Tú que estás para acostarte y que además has dejado a la parienta en casa con un morro de tres metros pues ella no entiende que teniendo el jardín justo bajo casa te tengas que ir al Malecón que está a 12 kilómetros de donde vives y encima la dejes sin coche, pergueñas una excusa que no tiene ni pies ni cabeza y sales escopeteado para casa…
De camino piensas, ¿dónde me he metido?. Te das cuenta que estás, de momento, en un callejón sin salida. Mañana te encontrarás con tu compañero y te preguntará por tus sensaciones. Deberás mentirle y andar gallardo, al menos en su presencia, que no note que tienes el cuerpo molido, como el café de guinea. Por otra parte aunque tu mente te dice que no debes volver el jueves, “tu hombría” no te deja tomar esa decisión, ¡Pa que digan que soy un rajao, un moñas y una nenaza!. La realidad es que en principio a ti te tenía que dar lo mismo, no los conoces de nada, pero por “tus cojones” tomas la decisión de volver y demostrarle a esos “cabroncetes” que tu eres un runner en toda regla. Lo malo es que aún no sabes que la voz se ha corrido. El jueves aparecerán todos los corredores de la grupeta que el martes no aparecieron, más cinco o seis de los que hacía meses que no iban, con la sola intención de reventarte y tener cosas que contar de ti a tus espaldas mientras toman cañas y miran a las universitarias, treinta años más jóvenes que ellos en las tabernas que están junto a la universidad.
El próximo capítulo será “Mi primera carrera con mi grupo de entreno. La mentira continúa”

sábado, 29 de septiembre de 2007

Manual del Corredor Popular. Capítulo I "Como parecer uno más entre ellos"

Un día decides que vas a comenzar a correr. Lo primero es salir a la calle y poner tus piernas a trabajar. Como buen novato eres una esponja, miras a un lado, a otro y comienzas a darte cuenta que quizás tú seas el elemento discordante de la sinfonía. ¡Joder, si todos parecen que corren el doble que yo!. En ese momento comienza tu calvario, el descenso a los abismos. Te das cuenta que necesitas correr más deprisa…
Esta es una guía práctica que pretende asesorarte para que no cometas los errores básicos del corredor popular principiante.
Cuando nos damos cuenta que estamos gordos y que corremos bastante más despacio que los demás corredores que nos cruzamos, lo primero que hacemos es fijarnos en su fisico. ¡Primer error!.
Tras analizar a “nuestros rivales” que corretean por el barrio lo primero que distinguimos como diferencia principal entre ellos y nosotros es “su pinta”. Ellos van alicatados desde la cabeza a los pies de “atletas” mientras que nosotros llevamos un pequeño punto más que la vestimenta que nos ponemos de pijama para ver la tele. ¡Ya vamos de cráneo!. Camiseta de marca atlética, Niké, Adidas, Puma…. Pantalón corto o mallas de tejido “técnico”. Calcetines inexistentes y zapatillas de colores agresivos y con una pinta de que corren solas que “te cagas”. Por el contrario nuestro “look” es: Camiseta de algodón en la que se puede leer “Benidorm es diferente”. Pantalón hasta las rodillas de esos que puso de moda “La Lazio” con escudo del Real Madrid. Calcetines de algodón con dos rayitas, una azul y otra roja que nos acompañan en cada una de nuestras salidas familiares al campo y para finalizar la bomba del perfomance atlético, las zapatillas de fútbol sala que utilizamos desde los dieciséis años y que tantos goles no han facilitado marcar en las pachangas con los amigos. Esta equipación que es complementada por una barriga cervecera sobradamente notoria, más unos pelicos en las piernas que serían la alegría de cualquier persona con alopecia conforman nuestra puesta en escena. Alguna que otra vez, los más osados, los que se saben guapos incluso desnudos, ponen la guinda en forma de unos auriculares dignos del mismísimo “disk-jokey” de la discoteca de moda de tu pueblo. Evidentemente, como uno no es ciego, cuando ha dado tres vueltas al parque y se ha cruzado con cuarenta “pofesionales” decide mimetizarse con el terreno e irse al Corte Inglés, Decatlhon para los pobres y comprarse un traje de campaña.
Lo primero que hay que tener claro es que no podemos comprarnos toda una equipación a juego. Queda de un globero manifiesto el ir con gorrita, camiseta y pantalón o mallas a juego. La verdad es que a todos nos gusta “ir monos” pero ese interés por vestir uniformados denota que pertenecemos al grupo de “novatos”. Lo primero es comprar una camiseta de mangas, una de tirantes para ir a seis treinta el minuto canta mucho, que sin dejar de sentarnos bien, no sea demasiado escandalosa. Para continuar debemos comprarnos unas mallas o pantalón corto que no sea del mismo modelo que la camiseta, a ser posible ni siquiera de la misma marca, ese detalle nos catalogará desde ese mismo momento en el grupo de los que tenemos tantas equipaciones que sacamos las primeras prendas que encontramos en el cajón y en principio, mientras que comienza la carrera, nos facilitará el mezclarnos con los “otros”. Por último las zapatillas. Las zapas son el elemento principal del “disfraz”. Debemos siempre elegir con moderación. Unas zapas de la marca “La Tórtola” quizás no nos vendrían mal, por supuesto a nuestro bolsillo le vendría de perlas, pero quizás no sea la marca “ideal” para hacer amigos en este deporte. Una marca de prestigio nos ayudará a confeccionar una imagen de “pro” y un perfomance que abra las puertas a la conversación pre competición o entreno con nuestros congéneres. Lo principal es saber elegir en función del precio. Unas de 120 euros serán sin dudas excesivas, más teniendo en cuenta que el noventa por ciento de los neocorredores lo dejan a los cuatro días. Otras, demasiados baratas, nos dejarán “fuera” del grupo por falta de prestigio de las mismas o sencillamente por “demodé”. No nos dejaros influenciar por los comentarios de los “otros” populares, en otro post os indicaré la verdadera intención de cada una de sus frases, afirmaciones o consejos. Unas zapatillas pronadoras u otras de supinador no os harán correr más deprisa. ¡Falso!. ¿Acaso no has estado jugando al futbito con tus amigos treinta años sin notar ni una sola molestia?. ¿Cuál era tu criterio para comprar unas zapas?. Pues bien sencillo, las que llevaba tu ídolo del futbol-sala. ¿Ronaldiño es, pronador o supinador?. ¡Eso no te lo has planteado en la vida! y nunca si te dieron una patada que hizo que te tuvieran que escayolar la pierna le echaste la culpa a las zapas, ¿o no?. Las zapatillas deben ser de “marca reconocida” pero de modelo no demasiado moderno, ni demasiado antiguo. No es de recibo por parte de los “atletas populares” que te plantes en la salida de una carrera con unas zapatillas Nike de esas que llevan “muelles” en la suela. Unas Adidas fabricadas en el 32 tampoco serían bien recibidas bajo el arco de Coca-cola en una prueba. Así que la moderación es factor principal en el gasto. Unas zapas de 40 euros son suficientes para, sin ganar la carrera, poder parecer uno más entre ellos.
Las lesiones por culpa de las zapas son leyendas urbanas. ¿Cuándo corrías con tus Jhon-Smith por el jardín que había cerca de casa detrás de tus vecinas para levantarles la falta, acaso te produjiste alguna lesión?. Cuando compras unas Nike Robiño ¿acaso el vendedor te inquiere sobre si cargas a la derecha o a la izquierda?. Esta jerga la inventaron los “populares” para excusar los mil y un pufos que pegan en las carreras de los pueblos. Cuando jugabas al basket en el cole, ¿alguna vez tuviste un tirón de recto anterior?. ¿Acaso pensaste antes de ser un corredor popular que el “recto” pudiera ser algo diferente a tú culo?.
Pues esta es mi primera lección. Ya tenemos los criterios para adquirir la equipación y las zapatillas. La próxima clase estará dirigida hacia los planes de entrenamiento. ¿Qué debo hacer cuando ya equipado y pasados los primeros días he decidido, mientras que la mayoría lo abandona, seguir corriendo?. Este es un momento donde el ser humano, el “popular novato” comienza a dudar. ¿Si yo entreno lo mismo que los demás, porqué todos me ganan en los entrenos?. La solución y el porque de esa pregunta también tiene su respuesta y yo, que no tengo abuela y por eso os digo que lo se todo, os voy a iluminar y llevar al éxito, que nunca será ganar una carrera, pero que si será el que todo el mundo os reconozca como uno más de la manada y vuestra opinión, por supuesto errónea y falta de razonamiento lógico, sea aceptada dentro del exquisito, sectario, estricto y ridículo circulo del “corredor popular”.




¡Hasta pronto queridos alumnos!

jueves, 27 de septiembre de 2007

I.T.E.

Algunos no relacionarán esas siglas a nada, no habrán oído hablar de ellas, como pueden ser las de EEUU o RPM o cientos más que escuchamos a diario. Por eso titulo así esta entrada, quiero hablar de algo pasado pero no por ello antiguo. Cuando nosotros teníamos diez años, por los setenta, nuestros padres nos hablaban de los cuarenta, realmente sólo habían pasado treinta años y nos parecía el pleistoceno, cuando llegamos a saber, si es que alguno llegó a saberlo alguna vez, a la época que se refería esa palabra.















Vista del Cardenal Belluga desde la casa donde nací, después me llevaron a la calle del Arbol

Si nos remitimos a treinta años atrás, hablaremos de los setenta. Voy a ser un pelín más osado, retrocederé un lustro más, recordaré la segunda mitad de los sesenta. Intentaré encontrar fotos de la época, es difícil pues la mayoría que encontramos publicadas de la Murcia antigua se hicieron a finales de los cuarenta. Escarbando ligeramente en la historia contemporánea, no mucho pues ni uno es historiador, ni este entretenimiento pretende tener más rigor formal que un recuerdo de mi infancia, encontraremos que desde los cuarenta, tras la reconstrucción hasta los cincuenta Murcia estuvo sumida en un subdesarrollo manifiesto, sin ningún dinamismo económico y por lo tanto dormitando esperando el paso del tiempo. En los cincuenta aparecieron los primeros impulsos en la sociedad y economía de la ciudad con el estudio y puesta en marcha del último, hasta esa fecha, plan de desarrollo, el Plan Blein. El río constreñía la urbe e impedía el desarrollo de ésta hacia el sureste. Este plan diseñado por Blein marcaba las pautas del ensanche en esta dirección. Teniendo en cuenta los antecedentes y que mientras que se desarrollaban y ejecutaban las obras debieron pasar unos años, la Murcia de las fotografías de los cuarenta no
Los Maristas al fondo en el centro donde estudié, rodeado de huerta
mostraban una realidad muy diferente a las realizadas a mediados de los sesenta. En esta década los proyectos estaban ejecutados pero aún le quedaba a Murcia mucho de lo que se pudo mostrar veinte años antes. Mas tarde los planes quinquenales de desarrollo de otro famoso personaje dejaron atrás a la Murcia sabrosa, genuina y nos presentaron a una Murcia uniformada al estilo de cualquier ciudad dormitorio de las que rodean a una gran urbe.
Volviendo al título de la entrada, ¿qué es el I.T.E.?. No es otro que el Impuesto de Tráfico de Empresas. Un impuesto que fue sustituido por el IVA, ¿verdad que eso si lo recordamos?, tampoco es tan antiguo lo del “valor añadido”. Esa es la Murcia que yo quiero describir, una antigua pero no tanto.
Es domingo, a las ocho de la mañana ya estábamos de pie. Los cuatro hermanos teníamos la ropa, “de los domingos” sobre una silla del comedor. La ropa de fiesta era totalmente distinta a la de diario. Los componentes eran siilares pero el colorido y la prestancia era sustancialmente diferente a la de ir al colegio. Los zapatos marrones se cambiaban por unos negros o de charol. Las calcetas, del mismo color, pasaban a ser de otro más claro, generalmente blancas. Las camisas tenían los cuellos y puños nuevos, en otro caso se catalogaría de “para todos los días”,
Los Maristas en primer término, lo que ahora es el nudo de la autopista era "La Feria"
el jersey de pico no tenía bolas y al cuello llevábamos una corbata de las de elástico, menos el Capitán Bajoca, que como era más pequeño llevaba pajarita. Mi hermana vestía igual pero con falda y una cinta en el pelo a juego con el jersey o la falda. Los domingos, además de la leche que calentábamos en la olla y que uno de nosotros vigilaba atentamente para que no hirviera, se saliera del cazo y tuviéramos que recogerla de la hornilla, tomábamos “torrás”. Las torrás no son ni más ni menos que la versión proletaria de las tostadas. Pan duro que se tostaba en el fuero de la cocina pinchado con un tenedor. Entonces sólo conocíamos la mantequilla Arias. Nuestras torrás se untaban con mantequilla o aceite y le poníamos por encima azúcar. Los adultos, mi padre y mi madre, allí no había nadie más, se ponían sal, símbolo de madurez en el desayuno. Mi madre nos ofrecía ponernos aceite, como no queríamos líos con ella, con mucha educación rehusábamos el ofrecimiento. No era la primera vez que nos machábamos la ropa de los domingos con el aceite que resbalaba entre el pan caliente y nos manchábamos “la ropa de los domingos” teniendo que soportar el berrinche de mi madre, así como la “medalla” en todos y cada uno los actos previstos para la fiesta. El primero era ir a misa de diez, a la Iglesia de San Antolín.
Vivíamos en la calle San Luis Gonzaga, primero siete y luego con la revisión catastral de los años setenta once, primero izquierda. En la puerta de entrada al inmueble, eufemismo con el que se denomina a un caserón con seis viviendas que ya era viejo el día que lo construyeron, había una aldaba. Cuando un visitante venía a casa y la puerta estaba cerrada daba unos golpes con ella en la puerta. Cada vivienda tenía convenido un número de golpes, cuando daban cuatro es que la visita venía a casa. Abríamos la puerta de casa, nos asomábamos al descansillo y tirábamos de la cuerda que mediante pequeñas poleas abrían la puerta de la calle. Lo siguiente que nos había enseñado a hacer mi madre era preguntar “¿quién es?.
La calle era conocida popularmente por “la calle del árbol”, nombre que nunca entendí pues jamás vi en ella ni uno solo de estos elementos. Sinuosa y de tierra nos conducía al barrio.
Salíamos de casa en dirección a la farmacia de Botía. El farmacéutico era el referente de la calle y el hombre con más lustre y prestigio del contorno. La
Salto de agua en la calle Teatro Circo
farmacia hacía pico esquina en un cruce de cuatro calles. De frente por un estrecho callejón salíamos en dirección al “Jardín Botánico”, nombre que seguía teniendo un descampado en el que en el pasado hubo un pequeño jardín. Cuenta la leyenda que habían cientos de plantas distintas. Los críos y mayores del lugar lo conocíamos por “La Feria”, ya que en septiembre en ese enclaver montaron durante muchos años las atracciones feriales. En ese inmenso erial habían tres pequeñas construcciones. En el centro pegada al Malecón estaba la casa de ensayo del “Orfeón Fernández Caballero”. Más hacia la parte del Puente Viejo nos encontramos la sala de fiestas de verano “Nairobi”, lugar que se caracterizaba, como era tan crío era en lo único que me fijaba, por tener una pantera de piedra negra en medio de las escaleras que daban acceso al Malecón. Hoy en día las escaleras perduran pero de la pantera nunca más se supo. A la altura del Nairobi pero orientada a la parte que está junto al Mercado de Verónicas estaban las instalaciones deportivas del Frente de Juventudes. Demasiado nombre para una simple pista de baloncesto con unos barracones sin duchas que servían de vestuarios.
Volviendo a la esquina de la farmacia, si nos íbamos hacia la derecha recorríamos otra calle también sin pavimentar en donde lo primero que nos encontrábamos era la panadería del Cartagenero. Establecimiento, que no se porque, supongo que porque no era muy limpia, mi madre no nos dejaba comprar el pan y nos enviaba, primero a San Andrés “anca Carlos” y más tarde mucho más cerca a la del “Manco”. El pan se vendía a peso y cuando faltaban unos gramos para el
La Gran Vía
oficial, de las seis barras que por entonces se compraban, nunca jamás oí hablar de un colín, baguette y menos chapata, cortaban un trocico de otra y la ponían en la bolsa verde a cuadros donde guardábamos el pan. Ese trozo era el que utilizábamos para calmar nuestro hambre en el paseo que nos devolvía a casa. Tras la panadería del Cartagenero, el bar de Carrampón, uno de los muchos que visitaba mi padre y por supuesto yo en su compañía. Seguidamente nos encontrábamos el que fue mi primer colegio, el de doña Amparo. Esta institución docente se caracterizaba por un par de cosas. La primera era que había que pagar (por eso tuvimos que salir de allí pitando) y otra porque doña Amparo, a la que siempre conocí mayor y gorda más don Antonio pegaban unos palmetazos en las manos de aupa. La palmeta era una regla de madera antigua que tenía el mismo grosor que una viga maestra. El hablar en clase, el no saber una respuesta o no haber hecho la caligrafía eran merecedores de dos, tres y más palmetazos, en función del humor que nuestra maestra tenía ese día. Hacia delante ya era huerta y nos encaminábamos hacia el Malecón, encontrándonos con un conjunto de viviendas bajas, más bien chabolas que se reunían alrededor de un pilón de agua que daba acceso a la escalera que tras cruzar el Malecón nos llevaba a los Maristas, último colegio en el que estuve.
En la farmacia si nos íbamos hacia la izquierda cogíamos la primera calle del barrio que estaba con asfalto y que accedía directamente hacia lo que llamaríamos casco urbano. Misa de diez y a continuación la catequesis que nos preparaba para hacer la comunión a cargo de los Hermanos Maristas y de su corte de chicos de PREU que estaban internados en el colegio. Al terminar siempre nos regalaban unas golosinas y un tebeo.
Al salir de la catequesis, sobre las once y media, sino era antes ya éramos hombres libres. Generalmente nos dirigíamos hacia la calle del Pilar.
Plaza del Cardenal Belluga
Hoy en día calle peatonal tomada por los chinitos que venden de todo y a todas horas. En aquella época era también una calle comercial pero con negocios del barrio. Recuerdo con especial cariño la droguería Botylibar, pues el padre de mi amigo Francisco Caravaca era el dueño. Al entrar en la calle lo primero que hacíamos era parar en “La Botera”. La Botera fue el primer centro de ocio que yo conocí. Se podía jugar al futbolín, al billar y también comprar los periódicos y revistas del momento, siendo el diario “Pueblo” lo que más se vendía junto con La Verdad y el Línea periódicos locales. Una vez jugadas unas partidas al futbolín, en función de los reales que lleváramos, proseguíamos nuestro camino. Nos adentramos en el barrio de San Pedro, ya intramuros de la ciudad antigua, dejando el arrabal. En San Pedro habían varios sitios que visitar, lo primero era un bar que al principio estaba en un callejón sin salida donde hacían unos “caballitos” riquísimos. Más tarde me acordaré del nombre. A continuación pasábamos por la Plaza de las Flores y Santa Catalina. En la Las Flores estaban como elementos más característicos el templete y la marquesina del Bar La Tapa y la Funeraria de Jesús. En Santa Catalina nos encontramos con una cristalería “La Veneciana” que hacía que nos paráramos delante de sus escaparates a mirarnos en sus bellos y grandísimos espejos, ¡es que íbamos de domingo!. En esa plaza estaba la sede de la aseguradora La Unión y el Fénix, con su característica estatua del Ave sobre su cúpula. Otro elemeno, además de la iglesia que le da nombre, es el monolito coronado con la imagen de la Inmaculada que está en el centro y que era en el día de su homónima punto de reunión de los fastos en honor de la virgen. Salíamos
El Malecón al fondo. Los molinos de pimentos en ambas orillas del río.
El de la izquierda se llamaba el Molino de Roque, hoy no existen
de la plaza por la derecha. En un callejón estrecho habían varios comercios que nos llamaban la atención. Lo primero una tienda, que hoy aún existe, donde venden figuras de santos y pinturas, por nosotros, que somos del arrabal, llamados cuadros. Seguidamente el estudio fotográfico “Orga”, lugar donde nos hicieron las fotos de la primera comunión y por donde todos los domigos pasábamos para admirar las instantáneas de los chicos que ya la habían celebrado y las fotos de las novias. Enfrente estaba el “Mostrador de Piedra”, comercio que exponía en su escaparates las últimas novedades en juguetes y que nosotros admirábamos con la esperanza de que ese año nos los trajeran “Los Reyes”, apócope con el que nos referíamos coloquialmente a los Reyes Magos. Seguidamente pasábamos por la puerta lateral del desaparecido Cine Coy, que después pasó a ser una pista de patinaje y en la actualidad un Mercadona y consultábamos las carteleras y si había función matinal.
Cruzábamos la Gran Vía por “Calzados Segarra” y tras admirar las Chiruca, las botas de militar y demás calzado que nunca tendríamos, nos dirigíamos directamente por la Catedral hacia “La Cosechera”. Este bar era un lugar grande, lleno de barriles de madera con artesonado en el techo y con el mostrador protegido por una pequeña barandilla del mismo material que los toneles por el lugar donde estaba la caja y que siempre estaba vigilada por un señor mayor que nosotros intuíamos que sería el dueño. Allí mi padre, que salío de casa tras nosotros, jugaba a las porras con sus amigos. Mientras tanto nos tomábamos unas Mirindas de limón a su salud. Cuando acababa temprano nos íbamos de la mano de él, mi hermana de una, yo de otra. El Capitán Bajoca asido a la de mi hermanica que como una tigresa en celo lo vigilaba y yo prendía la de mi hermano Pepe al que no soltaba bajo ningún pretesto y haciendo tal fuerza que el pobrecico, que cuando era chico no se quejaba, no como ahora, llegaba con ella estrujada a casa. Cruzábamos el barrio de San Lorenzo por su parte más corta, directamente por la puerta de la plaza de abastos. De allí en el cruce con la Calle Puerta Nueva nos parábamos a ver el gran salto de agua que había justo a la entrada de la calle donde estaba el cine “Teatro Circo”. Este salto no era otro que una acequia cimbrada que en ese lugar estaba al descubierto y que hasta bien entrados los años setenta no fue tapada definitivamente. De allí, ya de regreso, nos dirigíamos hacia la Plaza de Santo Domingo, cruzábamos de nuevo Gran Vía, saliendo de “tierra extraña” volvíamos a San Andres, esta vez por la calle Santa Teresa y desembocábamos en el bar “La Viuda”. En él, Paco nos servía unas cervezas, a quien estaba en edad de tomarlas y unos caballitos. Por el Matadero antiguo, hoy un jardín donde sólo hay inmigrantes aburridos y que da la bienvenida a los pasos de Salzillo cuando estos salen a la calle el Viernes Santo cruzábamos la calle y por “El Picadero” regresábamos de nuevo a la calle del Arbol esta vez por el lado contrario, por la esquina donde estaba la carpintería. Dejábamos atrás la corrala donde se hacinaban decenas de familias gitanas, con las que nunca tuvimos un solo problema y mi padre, el único que llegaba a la aldaba de la puerta, daba cuatro golpes para que mi madre la abriera y subiéramos a comer. Por la tarde, si jugaba el Murcia, esta vez solos mi padre y yo, iríamos a la Condomina. Mi madre y mis hermanos nos esperarían al finalizar el fútbol en el quiosco, hoy desaparecido, de la esquina de la calle Puerta de Orihuela, ero eso ya lo contaré otro día.
Hasta la próxima, querido diario.

martes, 25 de septiembre de 2007

Esta semana quería ser de trabajo... jajajajajaja

Lo que tenía que ser una semana de descanso y que pensaba no tomármela pues estoy muy gordo y quería comenzar a perder peso, se quedó como estaba escrito en el plan como eso, como semana de descanso.
Desde el lunes hasta el miércoles lo pasamos, mejor que en brazos, en Granada. Allí fuimos a visitar a una tía de mi santa. De Granada, como de casi toda España, lo más que conocía era los pabellones y algún que otro campo de fútbol de mi época de entrenador de balonmano y jugador de rugby. También conocía la Alhambra, monumento que no pude dejar de visitar en nuestro cutre viaje de novios a bordo de la “Alsina”. La tía Beatriz nos llevó por todos los sitios que no se deben dejar de conocer del riquísimo centro histórico de la ciudad. Su títa, una señora de una edad, es también un referente en lo que se denomina la salida a tomar unas tapas y un “ligero” aperitivo. No dejamos bar que mereciera la pena sin visitar en las pocas horas que allí estuvimos. Lo único malo de Granada es que no hay “Estrella de Levante”. Tengo que ser un poco más transigente y aceptar cervezas de otra fábrica. Una de las muchas cosas que me gustaron pero que más me impresionó es ver el “encendido” de la Alhambra desde el carmen del tío Paco. El tío Paco, no era otro que Francisco Izquierdo, afamado pintor, escritor, periodista, contertulio y presidente de varias Academias, de esas de mayúsculas, como la de las Letras de Granada y algunas más. Son famosas sus tertulias en la terracica del carmen, bajo el manto del castillo árabe, refrigerados por algún vino o licor exquisito. En esas tertulias sólo el tío hablaba y nadie osaba cortar su discurso, excepto un cuñao que tengo yo que es un insconsciente y que el tito callaba con sólo una mirada. Contaba historias de rincones de Granada, de sus personas y sus personajes. Las horas pasaban en un tris y era frecuente que apagaran las luces de la Alhambra antes de que el tío Paco acabara con sus hermosos, divertidos y curiosos relatos. Yo personalmente lo conocí poco, un par de ligeras conversaciones en algún que otro sarao familiar, es obvio que el personaje no era familia mía, sino tito de mi santa, sólo ella podría ser estirpe de alguien con clase, cultura, conocimientos y merecedora del respeto de todo un pueblo. Para el comienzo de la próxima primavera se prepara un gran homenaje, exposiciones de pintura y fotografía, reedición de libros del autor. Todo un festín en honor del tío. Lo que más me gustó es que en una de la fotos que se expondrán en el macro homenaje hay una de mi santica, eso sí en compañía de primos, hermanos y demás familia, como enuncian las esquelas, pero vamos, que al final mi santa va a ser famosa antes que yo. Igual la llaman para alguna tertulia, a fin de cuentas un primico de ella es presentador de televisión, lo que es estar sólo un escalón por debajo de los ministros y los reyes…
El jueves lo dediqué a espiar los excesos de los tres días anteriores y me puse como penitencia una doble sesión. Por la mañana 1.600 mts. de natación, por cierto, que el Capitán Bajoca se está tomando unas libertades, que veremos si no tengo que pararle los pies… Ayer no tuvo otra cosa que hacer que criticar mi “excelso estilo natatorio”, diciendo que meto los bracicos en el agua no más allá de mis orejas y que cuando va tras de mí en la piscina tiene que ir frenándose para no darme en los pies… ¡Esta juventud es atrevida y además no tiene vergüenza. ¿Qué yo nado mal y lento?. ¡Amos…!. Por la tarde cuarenta y cinco minutos de spining que me vienen muy bien para sudar, sobre todo para esto pues hace un calor en la sala que te cagas, además de para intentar mantener algo mi forma física, pues saco poco a “la china”. El viernes tocaba descanso y el sábado pensaba salir con la bici… El viernes nos fuimos de cena, como sabe todo el mundo, el Stani y compañía, Xarli y su media naranja, El Lobo y su nena y me santica y un servidor. Se terminó tarde y moajos, más por dentro que por fuera, aunque por fuera también caía agua “a manta” como riegan en la huerta. El sábado entre que me levanté tarde porque tuve una leve “corná” y que tuve que asistir a mis padres de una “pequeña gran inundación” en su casa me fue imposible acudir a las dos citas que tenía, montar en bici y acudir al almuerzo que se había apalabrado con Stani y el Lobo.
El domingo, ya recuperado del revolcón de toro del viernes y sin necesidad de tener que hacer el papel del 112, monté a “la china” y me fui con la peña ciclista de Algezares, Peña Cresta del Gallo a realizar la salida propuesta. La marcha de 81 kilómetros salía de Algezares y pasando por San Ginés, Alcantarilla, Barqueros, con la subida al Cabezo Negro, Albudeite, Campos del Río, Torres de Cotillas y regreso de nuevo por Alcantarilla y demás. Nos salieron 81 kilómetros que nos ventilamos en tres horicas escasas. El recorrido es duro, pues el terreno tiene, sin ser puertos de montaña, el recorrido por las estribaciones de Sierra Espuña, ladera orientada a la zona de Pliego y Mula y se está constantemente subiendo y bajando. La etapa además se hizo dura porque estuvo lloviéndonos desde el comienzo de la subida al Cabezo Negro hasta Barqueros. Como siempre en la peña se marcan los altos a disputar y hubo un gran ambiente toda la mañana. El grupo, de diez componentes (fue una gran asistencia, nunca solemos ir tantos) se partía en todas y cada una de las subidas en dos, por delante los que andaban algo más y detrás los de “algo menos”. Siempre al final de cada subida se espera a los últimos. En el primer “alto” llegué hasta la cima en el grupo de cabeza, en los sucesivos me quedé cortao a escasos metros de coronar, se ve que los once kilos hacen mella en mi organismo, siempre estuve entre los cuatro primeros… Bajando hacia las Torres de Cotillas demarré en compañía de “La Perla y Termineitor” y logré cortar al resto del grupo pero nuestra hazaña, como somos unos pringaíllos globeros no tuvo la repercusión mediática que tienen cuando “los elite” de la peña llegan primeros en los puertos de montaña.
El lunes nadé dos mil metros por la mañana y por la tarde, aunque no tocaba, me impuse el castigo de hacer 45 minutos de spining, tengo que perder kilos como sea. En la clase de bike me acompañó el Capitán Bajoca y montamos un pequeño revuelo que casi nos cuesta la expulsión inmediata, como en Gran Hermano, eso nos pasa por estar todo el rato riéndonos, hasta que la monitora que está más fuerte que los pilares del Puente Viejo, creyó que estábamos mofándonos de ella y se vino a recriminarnos. La situación, como siempre, la salvó el Capitán que con unos ojos amorosos, como él solo sabe ponerlos, le explicó a la chica que la risa venía motivada porque veníamos directamente de una “despedida de soltero” que comenzó el viernes y que los psicotrópicos aún anidaban en nosotros…
Ya he recibido el plan del Octubre, no tengo que doblar ningún día, pero si puedo lo haré todos, intentaré bajar peso como sea… Este domingo tenemos un problemilla, en principio teníamos que ir a Totana a una carrera de 10 km. que es todo subida. El tema está en que el sábado es el “santo” del Capitán, su aniversario de boda y no se cuantas cosas más, como es tan roñoso lo puso todo el mismo día para con una celebración despacharse. El problema radica en que si “toma” de más no va a ir a la carrera y a mí no me apetece irme solo, así que si no lo tiene claro no nos inscribimos y me iré con la peña de la bici. ¡Ya veremos!
Esta semana, seguramente, tendré otra entrada en el diario. El viernes entre efluvios de alcohol acordamos que haríamos tres relatos sobre la “Murcia que se nos fue” una descripción de la ciudad que unos conocimos y otros de la huerta que finiquitó. Stani, Xarli y yo quedamos en trabajarnos una trilogía y que yo sería el primero en comenzar. Ya tengo un pequeño esbozo de lo que quiero contar… Espero que guste…
Hasta pronto, querido diario.

Esto es un incunable, así que estad atentos a la pantalla