jueves, 7 de marzo de 2013

La Vuelta al mundo en mi birlocha y VI


Pasaron algunos días y nada parecía haber sucedido. La huerta se torna triste cuando la lluvia golpea con la insistencia del tic-tac del reloj. Sabemos que al siguiente segundo escucharemos el tic para inmediatamente ser contestado como el eco por el tac. No hay fin, no hay cambio, no hay solución

Pues sumido en la tristeza de un carril sin paseantes. de un juego de bolos sin parroquianos, de un día más sin respuesta de Laura, pasó Ginés las siguientes jornadas. El nenico salía a la puerta de la taberna y miraba tras la bardiza que separa el juego del azarbe, junto a la gran piedra que por arte de bilibirloque había aparecido al comienzo del quijero en la linde de su padre.

La piedra ya le había traído a Ginés algún problema con el tabernero. El papa del mozuelo, le había comentado en alguna ocasión que, como pillara a los zagales, que él suponía habían puesto el pedrusco al comienzo de la valla, les iba a meter un cocotazo que los iba a poner mirando “p'a La Fuensanta”. El morroncho de Ginés, en vez de pensar que como se diera cuenta el tabernero que el “cacho canto” lo había puesto él, el jetazo no iba a ser pituso, se entretenía en idear un paseo con la Laura entre los pinos piñoneros que rodean el santuario y los lugares próximos.

En la parte de atrás de La Fuensanta entre las moreras que jalonan la explanada donde estacionan los carros el día de la romería. Justo donde la era da comienzo al cejo por el que discurre la rambla. Por allí parte una senda muy estrecha que a media altura del raiguero serpentea a veces cegada por la bardomera, otras clara y diáfana hasta llegar a la altura del Cenobio de Nuestra Señora de La Luz. Este no era otra cosa que uno de los que en el S. IV a.c. formaban una red de santuarios ibéricos que estaban al servicio de la diosa de la fecundación, Deméter. Esto último, el mandanga del chiquillo lo desconocía y por tanto ignoraba que la Laura siquiera osase a dar un paso por esa estrecha y coqueta senda, si supiera que lo que le esperaba al fin de la misma, era una ofrenda para solicitar a la diosa su fecundación... Su padre la desloma siquiera por imaginarlo.

Seguía Ginés, en estos y otros sueños, mientras trajillaba la arena del carril de juego y vigilaba con el ojo que tenía desocupado, pues con el otro estaba atento a su padre. Creía que éste estaba perdiendo la paciencia con él, pues no hacía otra cosa que cuidar el albero y pronto podría recibir un capón por la espalda, en represalia por la indolencia que mostraba a las órdenes que vociferaba, cuando vigilando el tolmo, ara donde esperaba que su amor quedara signado con el depósito de una carta, vio pasar a Laura.

Le pareció que ésta había parado un poco antes de la piedra, mirado alrededor y despues sejar para, en su opinión, nada objetiva, esfisar si bajo la piedra había una carta. Ginés que se aplicó con prontitud y nada de reflexión el cuento de “Creía el ciego que veía y eran las ganas que tenía” experimentó un angor y a la vez un júbilo que no podían ser provocados, mirados de manera objetiva, por ninguno de los hechos que ocurrieron. Lleno de alborozo, creyendo que Laura había leído la carta y esperaba otras, dispuso papel de estraza, pues evidentemente un papel de menos resistencia a los elementos, bajo la piedra y con las humedades de la huerta y Marzo, no sería soporte suficiente para mantener las letras, que manifestaban su amor, si Laura, como estaba ocurriendo en la actualidad, dilataba tanto sus paseos por la trocha.

La carta decía así:

Estimada Laura:

He estado pacientemente observándola estos días. Fundamentalmente he observado que usted no ha pasado en varios por la cieca que está en el linde, por lo tanto no la he visto, pero como el objeto era observarla, si acaso hubiera pasado, he observado que no he podido observarle. Y creo que con esto está todo bastante bien explicado.

Hoy. Sabrá que día es hoy cuando lea ésta (por la fecha), ya que cuando ojee la misiva no será hoy, si no otro día, que no es hoy. No sabré que día la leerá, pero con esta información tan precisa, si sabrá que día la he visto pasar. Pues como le estaba indicando en esta perorata, me pareció que usted había mirado con el rabillo del ojo la piedra donde le indiqué , depositaría en el futuro mis cartas encendidas de apasionado amor.

Se que se habrá sentido profundamente decepcionada al no encontrar sobre alguno bajo el pedrusco, pero es que escribí una, hace ya unos días y por la lluvia, la torrentera, la bolsa, si , esa del atún de hijá donde le guardo mis palabras de amor, se esfaró por el partior y creo yo que ahora estará más allá del Rincón de Bonanza, bonito paraje del partío de Orihuela. No tiene al caso indicarle esta pequeñez, pero como se que usted es estudiante y creerá que  sólo soy un tabernero, le indico este pequeño detalle de mi erudición para que, si a bien lo tiene, no sea un impedimento para nuestra relación. Con mi sapiencia y saber estar no se sentirá usted de menos cuando, en el futuro, ose a dar el paso de presentarme ante sus amistades. Además como soy trombonista siempre puedo apañar una fiesta o reunión en la que usted tenga a bien participar con mis melodías. Al final llegaré a ser el único que no querrán sus amigos de usted, falte a los jolgorios.

Desearía aprovechar estas letras para suplicarle que en el futuro y si usted me lo permite, nuestro trato se haga un poco más cercano y pudiera llamarla de tú y si a usted no le incomoda acompañar su nombre con algún adjetivo cariñoso que denote lo prendado y cautivado que estoy por su persona, como por ejemplo: Mi bella Laura...

Deseo que en la próxima podamos hablar de nuestros sentimientos de una forma más informal y cercana, pero para ello debo recibir autorización expresa por su parte y si acaso, en el futuro podríamos vernos en las moreras esas que están a tres palmos de la orilla de la cieca, pero no quiero ser atrevido y que piense que mis intenciones son deleznables. Así que ese punto lo dejaremos para cuando nuestra relación sea menos rodreja.

Esperando con ahelo su carta y suplicando pueda usted acceder a mis nobles y sentidos deseos,

Se despide de usted, éste que lo es


Ginés

La Arboleja, Marzo de 2.013

A todo esto Ginés desconocía varias cosas. La primera que Laura no había leído la carta y lo que pareció un ligero retroceso para ver si bajo la piedra había alguna , fue un esfarato de la chiquilla, por el suelo embarrado y lo suyo no fue más que un movimiento para equilbrar su lindo talle y no dar con sus preciosos huesos en el charquero que se había formado por la lluvia. También Ginés desconocía que Laura había tenido la misma idea, la de utilizar las moreras, las que están junto a la regaera, pero no tenía intención de que fuera Ginés el mozo que la rondara bajo ellas...

martes, 5 de marzo de 2013

La Planificación Deportiva.-


Planificar es una de las tareas más importantes de un entrenador, de cualquier persona que desee conseguir un objetivo, obtener un éxito.

Gene Sharp, autor del libro “De la Dictadura a la Democracia”, en cuyos fundamentos y principios se han inspirado las últimas revoluciones no violentas del planeta desde Serbia a “La primavera Arabe”, nos comenta al respecto del fracaso de las protestas de la Plaza de Tian'anmen en 1989 que: “No se planificó, se realizó una improvisación constante...(sic)... La idea de que la improvisación te dará un gran éxito es absurda. Si no sabes lo que estás haciendo (estrategia para conseguirlo), lo más probable es que te metas en graves problemas”.

Es básico para conseguir un objetivo, por nimio que sea, planificar su obtención y la estrategia para llegar a él.

La planificación comienza en el mismo instante en que se te ofrece la dirección de un equipo o grupo. ¿Qué desea el club de tí?. ¿Qué objetivos desea alcanzar?. ¿Qué medios pone a tu disposición?. ¿Qué grado de implicación tienen los directivos?. Por otra parte también hay que analizar que es lo que nosotros deseamos como entrenadores para nuestra carrera deportiva. ¿Títulos?, ¿Dinero?. ¿Prestigio?. Debemos ser consecuentes y saber que deseamos y si esa relación deportiva nos puede ayudar a conseguirlo. Conociendo nuestros deseos y los del club, debemos analizar si ambos discurren en la misma dirección y nos ayudan a llegar a nuestra meta o si nos distancian de ella. Por ejemplo Maradona y Vicente del Bosque. Ambos son entrenadores de éxito. El primero entrenó a una de las mejores selecciones del mundo, la de Argentina. El segundo a la de España. Ambos tienen un éxito parecido. Pero..., ¿tienen los dos el mismo prestigio?. Evidentemente la planificación y la estrategia seguida en la carrera de Del Bosque, ha sido mucho mejor planteada que la de Maradona, pues mientras el primero es un profesional respetado, Maradona acude a exhibiciones de tenis a montar un show...

Una vez llegado al compromiso entre ambas partes hay que evaluar el punto de partida. No es lo mismo comenzar a entrenar a un equipo campeón con el objetivo de volver a alcanzar la Liga, que entrenar al eterno segundón. Nos encontraremos varios handicap. El primero es que si el equipo ha quedado segundo es porque con criterios objetivos el grupo es inferior al otro. Segundo, entre varios factores más, que la actitud del grupo con respecto al logro de objetivos de gran dificultad sera menos positiva que la del otro grupo, por el efecto de derrota, cuando no se alcanza la meta señalada. Para ello tenemos que evaluar, sincera, fría y cruelmente la realidad de nuestro punto de partida. Nuestra planificación estará dirigida por la evaluación de nuestro estado inicial. Segundo: Tenemos que señalar un objetivo principal que sea “alcanzable”. Es ilógico que pretendamos alcanzar el campeonato de liga en la primera temporada del ciclo, si el año pasado estuvimos jugando por no descender. A continuación debemos señalar objetivos secundarios. Estos objetivos tienen que ser coincidentes con el principal. Por ejemplo: No puede ser un objetivo secundario ganar al equipo del pueblo de enfrente, si el partido se disputa en vísperas de un objetivo principal como podría ser una final de copa. La planificación física, táctica y estratégica debe estar dirigida a la preparación de la consecución del objetivo principal, para ello debemos obviar que hay un derbi en las vísperas y centrar la planificación y estrategia en la final de copa, aunque nuestro equipo no se presente al ciento por ciento a un partido emocionalmente importante.

Teniendo marcados los objetivos principales y secundarios, recuerdo, es imprescindible que sean realistas y que puedan ser alcanzados, comenzaremos la planificación. Esta se hará en función de los objetivos en la periodificación de las cargas e intensidades. La planificación no es la Tabla de los Diez Mandamientos. Debe ser dinámica y flexible. Es importante valorar periódicamente si la planificación consigue obtener los objetivos propuestos. Es necesario que cambie esa planificación si las circunstancias cambian y por tanto los objetivos también deben cambiar. Si a principio de la temporada tenemos tres lanzadores y en los momentos importantes de la misma están lesionados, los objetivos (secundarios) deben cambiar, ya que las circunstancias han cambiado y en función de los resultados de los test, el objetivo principal también podría ser susceptible de ser cambiado.



*** Nota de Garbanzito: Esto igual no es lo que esperaban los amigos que me han pedido que siguiera escribiendo, pero igual, si no todo, a alguien le viene bien. Se que tengo varios seguidores que son entrenadores y aunque seguro que lo saben, no está de más recordar cosas básicas

Mañana o pasado la siguiente parte, relativa a esto o a cualquier otra cosa... ya veremos.

sábado, 2 de marzo de 2013

La vuelta al mundo en mi birlocha, quedan ochenta y ocho entradas.


Laura es una muchachita ligeramente mimada, pues sus hermanos mayores y su situación social la han protegido y proporcionado casi todos los caprichos que necesitaba y los que no... Sus trenzas negras como el carbón, los rasgados ojos y su largo cuello, hacen junto a su pequeña y graciosa nariz que adorna su sonrisa, no escape su presencia, a la observación de cualquier persona que tenga la fortuna de estar en la misma estancia. Su principal gracia la hace nombrar por sus vecinos del carril como "La Chata".

Ya tiene edad suficiente para comenzar a tomar decisiones, alguna de las cuales, precisamente por su condición de "la pequeña de los hermanos", son cuestionadas y puestas en entredicho por algunos miembros de su círculo más cercano. Los otros, los que forman el otro círculo, un poco más grande, aunque también, un poco más lejos, tienen la certeza de que la nenica, el ojito derecho de sus padres, hará lo que le salga del mismo arco de su entrepierna, ahora y el resto de sus días.

Cabezona, no demasiado dada al halago ni a las muestras excesivas de cariño y con un punto "de mala follá", heredado seguramente de algún pariente cercano, no es una persona fácil de querer. Ese punto de gata, que araña en cuanto se siente ligeramente acosada, no es más que, como todas las guapas, un subterfugio para protegerse de las acciones que pudieran herirle y no la muestra de un agrio carácter. 

Por contra, su espíritu emprendedor, su risa contagiosa, sus ganas de hacer feliz a todo el que le rodea, su facilidad para empatizar con las personas, su facilidad de palabra y su conversación fluida y espontánea. Su capacidad de liderazgo y su empeño en sobreponerse a la adversidad, mezclado todo esto con su presencia irradiante, la hacen una persona atractiva, respetada y sobre todo querida.

Laura no es una persona fácil. El bobo de Ginés, prendado de su grácil paso, su expresiva y vivaracha sonrisa y por que no decirlo, de su pequeño talle y largas piernas, se ha lanzado a una aventura, que probablemente le acarree algún revolcón y no de los que acontecen en "Los Baños de Mula".

La mañana transcurría plácida  mientras Laura deambulaba por la casa en un empeño en aparentar que realizaba alguna pequeña tarea doméstica, evitando así que su madre le diera la tabarra, ante según ella,  la poca colaboración de la zagala en mantener en orden el hogar paterno. Laura, lejos de estar pensando en barrer el zaguan, llenar las tinajas o pasarle un paño a los cristales, entretenía sus pensamientos en elegir el hato que luciría ese día. Resulta que en septiembre su padre organizó, como todos los años, una esperfolla y entre cantos y anises, la panocha colorá, la primera, la que más alegría y vítores levanta, pues cerciora a los presentes que si hay una habrá más, le salió al Juan.

El mozo pertenece al partío de La Albatalía y a los ojos de Laura el joven posee una envidiable buena presencia. El chico ocurrente y lisonjero, no tuvo mejor idea que acercarse al corro de las mozas y obsequiar con un abrazo chillao, a La Chata. El hecho fue celebrado con alborozo, anises, cuartillos de vino y coplas por los demás vecinos asistentes a la jarana, pues todos sabían que la educación y la cortesía indicaban que, si el anfitrión tiene una hija en edad de merecer, debía ser ésta y no otra la primera en recibir la galanura. A Laura la acción del muchacho la halagó, más que por el abrazo, que no fue nada del otro mundo, por el protagonismo que le otorgaba en el convite del padre y por la posibilidad de que otros sucedieran al primero del efebo, pero esta vez bajo la morera que amojona la acequia, esa que pasa junto al juego de bolos, que según ella ya había estudiado, estaba al abrigo de las miradas indiscretas de los curiosos que conversan en la era.

El joven Juan se gana unos cuartos ayudando a su padre en la poda de frutales. Este año, casi brinca febrero sin realizarse en las tahullas de la familia de Laura, pero a Dios Gracias, hoy, el Juan, sus hermanos y su padre al frente, vendrán a finiquitar la labor.

Laura andaba contrariada pues suponía que a estas horas la cuadrilla ya debería estar en faena. Hoy se había saltado las clases con la inexcusable excusa de ayudar a su madre en el quehacer de la preparación del almuerzo a la gavilla, pero no oía el arrullo de las sierras, ni el murmullo de la conversación de los fámulos.

Laura despistada como pocas, no se percató de la somanta de agua que estaba cayendo hasta bien entrada la mañana, cuando acertó a preguntar a su madre si es que no iban a preparar el ágape a los obreros. La mamá con paciencia infinita y mimoso reproche, le hizo darse cuenta que con la huerta encharcá no hay dios, ni huertano que pise en ella al menos en una semana.

La nenica andaba entredientes refunfuñando, pues el agua impedía que el encuentro con su posible pretendiente se produjera, cuando la aldaba de bronce del portón de madera de morera hacía sonar tres golpes en el pomo, seguidos de un pequeño vocerío: "¡El cartero!". Como la chiquilla zanqueaba por cerca de la puerta, fue ella la que se acercó a atender al mensajero y recogió el manojo de sobres que éste le tendió. Algo le hizo percatarse de que la entrega no era como los demás días... La sonrisa bobalicona del empleado de correos, era distinta a la de otras veces... Parecía como si le diera los sobres con un poco de ritintín. Laura no le dio más importancia, cogió las cartas que le ofrecía el visitante y comenzó a ojearlas con evidente indiferencia.

Lo de todos los días, recibos de la Heredad de Regantes, soflamas del ayuntamiento y una carta roja y azul que lo único que tenía de distinto es que iba dirigida a ella. Con el cabreo que llevaba encima, ahora, las "Destierías Bernal", con ese feo sobre rojo y azul, pretendía que leyera alguna impertinente propaganda sobre su inmejorable Brandy Siglo XIX... ¡No me fastidies, con el agua que está cayendo y mi Juan sin aparecer!, pensó indignada mientras tiraba la carta sobre la almohada de su cama, decidiendo mientras si la rompería por la incompetencia de los publicistas que le enviaban un pasquín de alcohólicos a una señorita o dejarla para leerla luego, más tarde, cuando el aburrimiento de un día desbaratado por la lluvia, la llenara de tedio y de sopor.

viernes, 1 de marzo de 2013

La vuelta al mundo en mi birlocha, quedan ochenta y nueve entradas.


Amaneció el día más tarde de lo habitual a juicio de Ginés. Desde las cuatro de la mañana estaba despierto, con el único objetivo que espiar la llegada del cartero a la casa de Laura. La de ésta era bastante mas grande, moderna y bonita, que en la que él yacía en esos momentos. Ginés duerme en la habitación del fondo, la que en tiempos de sus abuelos se encontraban las pequeñas cochiqueras y que en la última reforma habían pasado a ser habitaciones, entre ellas la suya. Situada en la parte de atrás de la casona, la vista que se podía contemplar no era la más bonita de disfrutar. Los limoneros que plantara su abuelo por los sesenta, sus ramas, amenazaban con invadir el pequeño cuarto y la luz del día se colaba con dificultad entre las frondosas hojas de los frutales. Para Ginés el sol estaba llegando con retraso a su reunión en la que se había citado con el día. Nunca había tenido tantas ganas de que llegara la hora del desayuno.

Ginés, de nuevo maldijo su suerte. El mozo no se tenía por un ser desgraciado, pero si creía firmemente que tenía ese punto de desherado que lo hacía infeliz en momentos puntuales. Presumía de que, si algo inoportuno tenía que ocurrir, siempre se produciría el día que a él más le perjudicara. Evidentemente, como hoy esperaba la llegada del cartero y que tras leer la carta, Laura, pasara por el quijero, levantara la cabeza y lo mirara por primera vez en todos los meses en los que él se dedicaba a observarla... Pues hoy llovía a mares... Pensaba, con el entusiasmo que solo desarrollan los que saben que por mucho que se animen son un equipo inferior y van a perder, el tiempo cambiaría y cesaría la lluvia. Era plenamente consciente que por el quijero que serpentea a la par del azarbe nadie, en su sano juicio pasaría en varios días, debido a la cantidad de barro que se había formado. Pero él, con un optimismo que sabía plenamente injustificado, quería pensar que, si Laura leía su misiva, bien la curiosidad o bien la coincidencia de pareceres, la haría pasar tras la bardiza del juego de bolos de su padre.

El zagalico tenía preparada la excusa que le diría a su progenitor para no ir al conservatorio. Estudios que había elegido, no por su amor a la música, porque él, amor, amor.... cree que de momento sólo lo siente por Laura, si no, porque creía, que tocar el trombón de varas sería más entretenido que estudiar Ciencias Exactas en la Facultad. Existía una segunda causa para elegir ese centro de estudios. La negativa de su padre a comprarle una moto para acercarse al Campus de la UMU, le hacía tener que emplearse en compañeros para ir a estudiar o a adquirir un bonobús de por vida. Ginés, pragmático por convencimiento, calculó que si el trombón de varas no le satisfacía plenamente en el futuro, al menos, se ahorraría un montón de kilómetros y compromisos con compañeros de viaje, ya que el conservatorio se encuentra a unos pocos metros de casa. El caso es que, como su padre estaba deseando que se quedara atendiendo las necesidades del negocio, admitiría encantado que hoy se celebraba el patrón de los músicos de metales, San Huberto de Lieja, ( a la sazón patrón de los metalúrgicos), pues si le decía que era Santa Cecilia, no se lo iba a creer, ya que la abuela era cartagenera y él estaba acostumbrado a ir a la romería de la Santa y le iba a extrañar el cambio de fecha.

Todo salió a la perfección. El padre tragó la trola del jovenzuelo y éste permaneció durante todo el día atendiendo el mostrador del pequeño bar del negocio paterno. Llegó la hora a la que habitualmente solía pasar el cartero y se puso raudo en el umbral de la puerta de la bodega , con el pretexto de recoger el correo, pero con la intención real de ver, si entre las cartas que iba a repartir por las casas cercanas, iba su inconfundible y destacado sobre azul y rojo. La cara se le puso colorá como un pimiento y el corazón se le aceleró a ritmos a los que cualquier mortal hubiera sufrido una crisis cardiaca. Vió el sobre, lo recibiría Laura en unos pocos minutos. A todo esto, el tontín del cartero, acostumbrado a que los sobres rojos y azules fueran para el tabernero, lo puso en el lote de su padre, sin acertar a leer la dirección del destinatario. Ginés tornó a un tono aún más intenso de rojo, pero esta vez de furia y en un alarde de reflejos le espetó al funcionario: “¡Joder, Antonio!. ¡No ves que esta carta es para la vecina, para Laura!. El cartero, miró con asombro el sobre y sólo acertó a musitar. “¡Qué raro que las Destilerías Bernal escriban a esta chiquilla!”.

Esperó el tiempo que estimó necesario para que el cartero llegara a casa de Laura, entregara la correspondencia y ésta leyera su epístola de presentación, que esperaba que no fuera también de despedida...

Pasada algo más de media hora, Ginés se puso las botas katiuskas, cogió en una mano el paraguas y en la otra el rastrillo y a pesar de la tromba de agua que estaba cayendo se dispuso a realizar su labor diaria de alisar el campo de juego, sin otro objeto que el de observar a Laura a su paso. No tardó mucho en recibir un grito desde dentro de la taberna, con el que el padre, exento de ternura, le ordenaba: “¡Tontolpijo, que haces rastrillando el carril con esta tormenta!, ¿No ves que ahí no se va a poder jugar en al menos una semana?. ¡Ven p'acá y haz algo útil en toa la mañana!.

No le quedó más remedio a Ginés que entrar en la casa y ponerse a las órdenes de su padre... Y pensó, de nuevo, ¡qué malo es pensar!. “Le enviaré una nueva carta” dando por descontando que Laura pasaría y él no estaría en el lugar que le había indicado... Y con ésta, contaba Ginés que tendría que comprar un nuevo sello, Laura ya le debería veinte céntimos. Sin duda su historia de amor se estaba consolidando.

Y la carta comenzaba.....

jueves, 28 de febrero de 2013

La vuelta al mundo en mi birlocha, quedan noventa entradas.


Ya tenemos a los protagonistas. El zagalico se llama Ginés, si lo sé, entre sus muchos defectos también está su nombre... Este está posicionado en el lugar 27 del ranking de los nombres de varón más frecuentes en Murcia. Tiene, en mi opinión, un regusto a huertano que es donde el mozo pasa su vida. Situemos al chiquillo, ya talludito y poco versado en las habilidades del cortejo. Deambula por La Arboleja. Su casa, en bajo con soportal y parra a la entrada, pasó de sus abuelos a sus padres y si acaso siguiera en pie, dentro de un tiempo, será su única y escasa herencia. Fue levantada en el Camino de los Cabilas. Su oficio principal es el de estudiante, pero el nene no le dedica demasiado entusiasmo ni tiempo a ese menester. Los fines de semana ayuda a su padre en el Juego de Bolos que éste lleva desde tiempo inmemorial en el Carril de Los Chornos. El chavea realiza las funciones de recadero y se dedica a alisar el carril del juego para que los parroquianos lo tengan dispuesto siempre que deseen echar unas manos. En ese menester se afana cuando poco a poco fue reparando en Laura (nuestra otra partenaire). Del latín laurel, que no es precisamente una flor, pero cumple con los requisitos propuestos en el objeto de esta historia. Laura es el nombre que ocupa el puesto 18 en la lista de nombres de mujer más usados en la región. El caso es que Laura cruza por el quijero que serpentea junto a la bardiza que separa la acequia del juego de bolos y marca el lindero con el huerto del vecino de al lado. Laura debe ser estudiante, pues Ginés la observa los días de diario cruzar con su falda de tablas y cuadros escoceses, su cola en el pelo o unas coquetas trenzas. Laura es menuda y pizpireta en el andar. Ginés observa cada día como no se le hunden sus coquetos taconcicos al pasar por declive del brazal, liviana, tan sutilmente que pareciera que, como Jesucristo, cruzara sobre las aguas sin tocarlas...

Ya conocemos sucintamente a los dos protagonistas de la historia. Poco a poco iremos sabiendo más de ellos, lo que piensan, como son, que desean y como viven.

Por fin, Ginés reúne el valor suficiente para realizar el primer acercamiento a la chica que cree de sus sueños. Como buen huertano, nunca hace una pregunta directa, así que no va a ponerse en medio del azarbe y la va a abordar. Decide escribirle una carta y ésta dice así.....

Estimada señorita Laura:

Me llamo Ginés y no es mi intención asustarla cuando reciba ésta. Lo primero que desearía es poder explicar quien soy, como he llegado hasta usted y cuales son los motivos de esta misiva.

Todos los días cruza por el quijero de la acequia que pasa junto al juego de bolos de mi padre. Con ésto ya sabe quien soy, el hijo de Pepe “El chatarra”, el de los bolos.

Seguramente no se habrá fijado en mi persona. Le ruego que cuando reciba ésta, levante la mirada y al pasar por el brazal, ya he comprobado que camino a su casa, mire y allí me verá. El chico que lleva el mandil negro y rastrilla con obsesivo método la arena del carril. Que sepa usted que la arena ya hace años que dejó de necesitar ser rastrillada y mi señor padre me lo reprocha orientándome a otros menesteres, pero yo no puedo dejar de salir todas las tardes a moverla, con el único objeto de verla una vez más.

Si una vez leído ésto sigue con la hoja de papel en la mano, será que la curiosidad o el buen fin de estas letras le impulsan a llegar al final de la misma.

Se extrañará que mi carta le llegue en un sobre de “Destilerías Bernal”. Ha sido el único que el manazas de mi padre no ha roto al abrirlo para sacar la factura. El objeto de enviarla dentro de ese sobre, no es otro que el evitar que los brutos de sus hermanos se percaten de estas palabras y me partan la cara por rondar a la pequeña de la familia. Si alguna vez se fijó en mi persona, habrá observado que soy menudo y poca cosa para enfrentarme a los fieras de sus señores hermanos. Así mismo, es mi deseo, que su señor padre también se mantenga al margen de esta nueva y esperemos que larga relación, aunque sea epistolar. También he sopesado que su progenitor sospeche al percatarse que la destilería le envía una carta, pero eso es un mal menor teniendo en cuenta la fama de, con todo mi respeto, “mala follá” que tiene su señor padre entre los convecinos de su carril.

Para evitar este pequeño problema he ideado una sencilla forma de hacernos llegar las cartas, si es que usted desea dar respuesta a la mía. Al principio de la bardiza, junto a la pequeña loma que separa el brazal del carril hay una gran piedra. Seguro que usted no ha reparado en ella, no se preocupe, la he puesto yo esta mañana. Debajo de ella hay una bolsica y dentro de ella dejaremos, ahora y en el futuro, nuestras cartas, si usted a bien lo tiene. La única bolsa que he encontrado, es una que mi señor padre utiliza para que el atún de hijá no se le reseque. Nuestras cartas tendrán todas un fino y suave olor a mar, de la que se que a usted le gusta tanto visitar. Y si no huele a mar, al menos lo hará a un fruto de él, como es el atún.

Como es necesario que en todas las relaciones las partes convengan los términos de la misma, le comunico que el sello de esta primera carta me ha costado veinte céntimos, que en su momento serán abonados al cincuenta por cierto por usted y ya tenemos, usted y yo, algo en común, una deuda.

Vigilaré al cartero y como el color del sobre, rojo y azul es llamativo, me percataré cuando lo entrengan en su casa de usted. A partir de ese instante comenzaré a mirar bajo la piedra, para ver si obtengo respuesta. Es posible que tarde en hacerlo, la comprendo. Si viera que se demora en exceso iré dejando epístolas en el lugar convenido, mientras compruebe que usted las recoje.

Siempre a sus pies y esperando con verdadero anhelo su respuesta,

suyo que lo es,

Ginés

La Arboleja, Febrero de 2.013

sábado, 9 de junio de 2012

El Rayo que no cesa....

¡Qué ná!. Qué lo que más réditos conlleva es negar lo evidente. Ya lo sabéis, si os pillan en la cama con una antigua novieta o con la vecinica del tercero la mejor defensa es negar lo evidente. "¡Nenica, que esto no es lo que parece!", voceas a los cuatro vientos mientras buscas los calzones entre las sábanas... Y lo peor no es que las cosas ocurran, si no cómo y porqué hemos llegado a ésto.

¡Qué nos han rescatado!. ¿Y ha pasado algo?. Ná, que ha salido un menda (un tío que ha aceptado comerse un marrón como un piano a cambio de un buen sueldo y su posterior jubilación) y nos ha dado una explicación, con tanta maña, que casi me ha parecido que nos han hecho un favor. ¡Joder que los han puesto en el cargo para conseguir lo mismo a lo que nos abocaba el anterior gobierno, pero seis meses después. 

Aquí nos han mentido todos. Lo peor es que por lo visto, que el chiquillo se acostaba con su ex novia lo sabía todo el mundo, pero todos, también lo negaban. El nenico ese que nos dijo que al día siguiente de recibir nuestro voto, el mío no, los mercados nos iban a respetar y nos iba a llevar al país de la felicidad, o seguía mintiendo o era tan tonto del culo que no sabía de que iba el "corte". Si, el mismo que dijo que le iban a "subir las chuches" a no se que chiquilla y al final termino subiéndoselas él pero echando las culpas al otro... Ese mismo, es que ni ha dado la cara... Qué han sacao en las noticias al mismo menda que ayer dijo que "de rescate ná de ná". Pero si ayer nos mintió, porque hoy debemos creer que nos van a dar cien mil millones de euros, casi regalaos. Qué un poco más y encima nos invitan a cervezas... Si ayer mintieron, porqué hoy debemos creer que dicen la verdad...

Aquí nadie es responsable de nada, excepto los de siempre, que si no pagamos nos embargan... Sin preguntar si nos hemos gastado el dinero en putas o en leche para nuestros zagalicos de teta... Qué joder, que si escucháramos la pléyade de declaraciones de estos mentirosos compulsivos, lo que nos ha pasado ha ocurrido por la misma casualidad o explicación por la que a uno le ataca un virus o le diagnostican un cáncer... Porque sí, sin que nadie haya hecho "ná de ná".

Claro, que nos dirán que si es una herencia... ¡No me jodas!. ¡Hereditario es el colestorol que me dejó mi madre!. ¡Coño, pero tengo que apechugar con él!. Además yo no me presenté para remediarlo y ellos sí. Nos mintieron diciéndonos que tenían las recetas, que sabían el camino... Y su camino ha sido el mismo que le reprochaban a los otros... ¡Qué cara más dura!. Y el de la barba ni aparece, porque según su "correveydile" él no era miembro del Eurogrupo... Pero vamos, si nos van a dar por culo, que por lo menos venga a comunicárnoslo "la madame", porque creo que eso duele...

Qué estamos endeudados... Si, lo sé. Hace dos años me di cuenta y cogí y dejé de gastar, viví de la pensión de mi madre y me dediqué a pagar lo que debía... Coño, que nosotros ya hemos penado nuestra culpa... Y los de las Cajas de Ahorro, ¿cuándo van a penar la suya?. Si toda su pena es no cobrar unas pensiones vitalicias que pondrían la cara roja, al mismo inventor de la "falta de vergüenza"... Eso no es pena, eso es justicia... Ahora tendrán que responder por sus "presuntos delitos" o simplemente por su contumacia.

¡Qué no coño!, qué el de la barba tiene que dar la cara. ¿Qué no es su culpa?... Bueno, primero que en las comunidades autónomas estaban en el poder los de su PPartido y segundo, que él dijo que sabía como resolverlo. Si no sabía cual era la magnitud del problema, no es culpa más que de él, que primero tenía que haberse enterado... Si no sabía como resolverlo, de nuevo nos mintió, ¿porqué se ofreció para afrontarlo?. Si me han de sodomizar, que al menos sea un tipo guapo...

Si lo sé, esto es hablar por no callar. Al final nos volverán a recortar el sueldo, nos subirán los impuestos, alargarán la jubilación y nos harán pagar por aquellos servicios que ya hemos pagado... Pero son listos y los españolitos somos muy envidiosos. Nos dividirán de nuevo... Lanzarán a parados contra funcionarios. Los unos dirán que los segundos son unos privilegiados y los otros diremos que en los buenos tiempos los albañiles que iban a mi casa a trabajar cobraban 3000 euros al mes mientras que nosotros teníamos un sueldo de mil y poco euros... Los unos dirán que los otros no trabajamos y se olvidarán que también son funcionarios los profesores que cuidan y educaban a sus hijos mientras ellos se iban a hacer peonadas de precio estratosférico. Los auxiliares de enfermería que le limpiaron el culo el día que entró en urgencias con un infarto y se le fue el punto y el bombero que subió al árbol para rescatar a su gato... Unos dirán que los funcionarios no están nunca en su puesto de trabajo y los vemos pasear por el Corte Inglés, cayendo en el mismo error que le recriminan a los otros cuando nos aplican el estereotipo de que todos los catalanes son unos roñosos o los españoles son toreros....

Qué no, que los funcionarios de ventanilla que nunca están en su puesto de trabajo son los menos... Como yo tuve un par de albañiles malos en mi obra o un camarero incompetente en la boda de mi hijo.... Son minoría y lo son porque los que abundan son los otros, esos que nos salvan la vida, educan a nuestro hijo o nos hacen salir con bien de un atasco. Los llamados de los "cuerpos generales" son la minoría y los funcionarios de manguitos y el "vuelva usted mañana", si los pusieran en la calle no daban ni para arreglar el bacheado del carril de "Las cuatro piedras". Esos son mil euristas, porque nos os engañeis, los que cobran más nos son los funcionarios, son los que "eventualmente" y con nuestro voto dirigen al ejército de servidores públicos. ¿Y cuantos son éstos?. Los funcionarios, digo... Pues aquellos que han querido los políticos. Nos presentamos a una oposición y me "gané el derecho a trabajar en la función pública". Ese fue mi único delito, querer trabajar en un puesto que ofrecieron a todos los "españoles" que cumplían unas condiciones y quisieron pagar las tasas para participar en la oposición. La culpa de que el trabajador, el funcionario en este caso, no tenga nada que hacer y mate su tiempo en el Corte Inglés, la tienen ambos, el funcionario por su escasa implicación y el puto político que tiene la obligación de controlar y dar objeto al trabajo del empleado. ¿Porqué no miramos y pedimos responsabilidades al político que convoca plazas innecesarias?. ¿Porqué no pedimos responsabilidades al político que no cumple con la obligación de fiscalizar a los trabajadores que tiene bajo su responsabilidad?. Al final nos echaran a pelear parados contra personal con trabajo, cuando la lucha no es entre nosotros, es contra ellos que al final se irán de rositas y nos dirán sacando pecho...¡Y menos mal que estaba yo aquí para solucionaros vuestros problemas!. Lo que no dirán es que los problemas no los hemos creado nosotros y que la solución la consiguieron a costa de que nos dejaran el culo "como un bebedero de patos".

¿Y qué tiene que ver toda esta mierda con el gran libro de poemas de insigne Miguel Hernández?.  Pues eso, que el bueno de Miguel en ese libro idealiza a la amada y la presenta como causa de sufrimiento... Y nosotros en estos crueles momentos que ahora vivimos idealizamos a nuestros políticos pero hacemos responsables de nuestros sufrimientos a nuestros iguales...

Pero no os preocupeis ya ha dejado dicho el de la barba a la selección que nos saque de nuestros sufrimientos... Total que si ganan la Eurocopa igual no tenemos que devolver ni un puto euro a nuestros socios comunitarios y entre la algarabía y el festejo, igual se nos van cien, doscientos o trescientos responsables de rositas...

Para los resentidos, en cuanto me quede sin trabajo, pues también nos tocará a los funcionarios, os lo haré saber, seguro que eso hará más feliz a alguno y creerá que estará más cerca la salida de su miseria...

Por lo demás, en las próximas elecciones gritaremos "¡Iniesta Presidente!. Y el próximo mundial 'Rajoy Selección!.

Besicos, sin resentimiento.

jueves, 31 de mayo de 2012

¡Si es que en cualquier comparación pierdo...!.

¡Escucha, zagalico!. ¡Qué en cualquier comparación pierdo!. Mira que me empeño en que mi apariencia atlética sea la adecuada... Me refiero a que las piernecicas estén debidamente musculadas, el culico duro y respingón. La ya cana y despoblada cabeza adecuadamente rasurada... Pero que nada, que al final siempre me delata el mismo detallico... A unos los conocemos por su afilada nariz, a otras por sus exuberantes y  desafiantes pechos... Otros por su estrábica mirada... Pero es que a mí lo que me delata es mi panza... ¡Oye!. Que después de bajar durante el verano pasado de 84 a 68 kilos, ¡aún tenía barriga cervecera y to'!. Cada vez que me autoimpongo ponerme a "plan", ocurre algo para que al tercer día, cual "cristo resucitado", tengamos un sarao o acontecimiento que me haga salirme de la disciplina prusiana a la que me someto. ¡Qué ni la "Dukan", me ha quitado el embarazo!. ¡Eso sí, me ha quitado peso, pero el niñico o lo que sea, sigue dentro!". El otro día me puse ya en los 72 kilos... largos, de los cuales al menos siete son de flotador... ¡Coño, que no me la veo!. ¡Pues ayer me tuve que ir a comer sardinas... !. Las sardinas, por si mismas no es que engorden mucho... Pero es que la cervecica, las tapicas, los "belmontes" y los gintonic's adjuntos si que se pegan a la tripa... Total, que si pesamos tó' eso "al fresco", no llegará a kilo y medio, sin embargo debidamente procesado por mi estómago se transforma en dos kilos trescientos gramos, aproximadamente, de grasa... ¡Milagros metabólicos!.

Todo esto en lo único que desemboca es en un desprestigio de la "profesión", en este caso de la profesión de "corredor popular". Es que es ponerme en la línea de salida de cualquier carrerica, por desprestigiada que sea ésta y ya me miran por encima del hombro los demás runers...

Mira como será la cosa, que el otro día, cuando paseaba, domingo por la mañana, por Ronda, me espeta uno: "¡Joder, qué rapido te has duchado!". ¿Es que hay alguna ducha pública cerca?". ¡Me cago en sus muelas, qué el tío había supuesto que, por el mero hecho de tener esa deleznable pinta de atleta, mejor dicho de antiatleta, no podía haber llegado más de diez minutos antes...

Pues eso, que como mi amiguico "Luis Spanjard" anda liado en buscar "la madre de todos los coeficientes", la fórmula mágica que nos devuelva un número que sea la madre de todas las informaciones sobre las carreras, yo voy a investigar como evaluar una variable que podríamos llamar "eficacia en el rendimiento". Me explico... Si estás delgao', has entrado como un burro, tienes una pinta que más parece esculpida directamente para colocarte en la portada de la revista "Runners"... y varias variables de este tipo, si tardas 18 horas en llegar a meta, tu índice de "eficacia en el rendimiento" será paupérrimo, comparado con el mío, que con esta pinta de Sancho Panza, pelos en las piernas, haber bebido ocho o quince cervezas en la víspera de la prueba y rematar con un gintonic para templar los nervios a las doce de la noche del día de la salida, pues yo tardé sólo trece horas treinta y tres minutos... ¡Mi índice de "eficacia en el rendimiento" debe de ser estratosférico!. ¡Coño, qué tengo que investigar pá' poder hallar la fórmula mágica que me encarame a cima del éxito deportivo. Eso sí, "relativo", no ganaré nunca nada pero mi "índice de rendimiento", será el mejor...
¡He dicho!.