miércoles, 12 de marzo de 2008

El Real Murcia más la Semana Santa

A los pocos días de mi nacimiento ocurrieron dos acontecimientos muy importantes en mi vida. Evidentemente ni lo sabía y quien realmente decidió por mí fueron las circunstancias y mi padre. Las circunstancias hicieron que nos tuviéramos que mudar de la Plaza de Los Apóstoles, el mismo centro de Murcia, el de los ricos de verdad a un barrio por aquel y este tiempo de arrabal. La calle del Arbol, posteriormente nominada como de San Luis Gonzaga fue mi calle durante catorce años. La otra circunstancia fue que mi padre mi hizo socio del Real Murcia. Desde que tuve uso de razón recuerdo que mi vida, tiempo libre y demás giraba sobre un único eje, el día que jugaba el Real Murcia y la hora del comienzo. Desde que recuerdo que era capaz de cruzar Murcia, ciudad por aquel entonces no demasiado extensa, andando íbamos mi padre y yo a ver los partidos. Jugaba, estudiaba y me divertía en función del día y la hora de partido. Desde que mi santa se conformó y tuvo que resignarse a que yo fuera su novio, sabía que si el Murcia jugaba en casa, hasta que finalizara el partido no estaba disponible. Cuando estaba en la mili los permisos me los tomaba no en función de las ganas que tuviera de ver a los míos o de las fiestas, sino de tal manera que pudiera estar el día de partido. Mis dos zagalicos, el abuelo y yo enfundados en nuestras banderas, bufandas y con nuestras almohadillas y las pipas íbamos domingo sí y otro no a la Condomina. Hasta que un día dije: ¡Basta!. Salí del campo hasta la coronilla de que los jugadores no se esforzaran, los entrenadores no exigieran y los dirigentes y políticos sólo estuviera allí para lucrarse, aunque les costara dinero, del Real Murcia. Muchas veces el dinero que invertían en el fútbol no era más que un peaje para adquirir pedigree y relevancia social que no tenía. Era algo así como comprar el título noviliario. Treinta y tres años después le tuve que decir al abuelo, con todo el dolor de mi corazón que no volvería jamás a pisar la Condomina y hasta el día de hoy lo he mantenido.

El Murcia tuvo el dudoso honor de ser uno de los primeros equipos que bajaron de categoría por falta de pago. En aquella época tenía la Liga de Fútbol Profesional un presidente al que no le tembló la mano para firmar el descenso, que si no hubiera sido por el interés de unos pocos murcianos y de la afición hubiera desaparecido. El tal presidente no tuvo ni la decencia de tratar al Murcia igual que a otros como Atlético, Sevilla y otros. ¿Quién fue ese presidente que obró así?. No fue otro que Samper. El Samper que años después vendría a esta ciudad que haciendo, una vez más, gala de la leyenda de la “Matrona” que le quitó de mamar a sus hijos para cuidar a los de otro, le dió a este señor como regalo el Real Murcia. Junto a esto le dieron a precio de risa una animalada de metros cuadrados, los cuales recalificaron convenientemente y le regalaron una licencia de obras y le regalaron un campo de fútbol para cien años, para que hiciera el mayor proyecto inmobiliario de su vida, la Nueva Condomina. Un macro complejo de centros comerciales, estadio de fútbol, campos de golf, hoteles, edificios de vecinos y chalets, que llevaba asociado una ciudad deportiva de la cual nunca más se supo. De hecho los centros comerciales ya no le pertenecen y ha recuperado la inversión. Este señor, al que hemos hecho más rico de lo que era, no voy a ser tan mala persona como para decir que no tuviera dinero antes de venir aquí, es el dueño del Real Murcia. Con este panaroma el Sr. Samper no puede hacer más que vender humo. Lo primero era subir, como fuera, al Murcia a primera, era la única manera de justificar las obras, el campo nuevo ha sido la palanca que ha movido toda la maquinaria para que se realizara la mega urbanización del monte, porque aquello era la nada. Como aún no ha finalizado la construcción de los chalests, edificios, hoteles y campos de golf, el presidente intenta mantener ilusionada a la afición, bastión principal que a apoyado la construcción, pero ya con la menor inversión de dinero posible. Los buenos jugadores cobran, así que traemos uno o dos buenos, dieciocho o diecinueve mediocridades y el resto lo invertimos en un entrenador que pueda enganchar a los forofos y tenga entretenida a la prensa.

Lucas Alcaraz, no contuvo a la prensa y a la afición casi la sacó del campo a base de pésimos resultados y mal juego. ¿Qué hacemos entonces?. Traemos a Clemente, lo suficientemente mediático como para contener a la prensa un tiempo, lo suficientemente famoso para ilusionar a la prensa y lo suficientemente caradura para aguantar todo lo que se le venga encima y a final de mes le pagan con suficiencia. Para eso ha venido Clemente para jugar con la afición como el tigre juega con su presa moribunda antes de comérsela. Para ser el paraguas que aguante el chaparrón que debía de caer sobre el presidente promotor de obras. No tardará mucho el Sr. Samper en vender todo lo que ha y está construyendo y en cuanto no necesite al Murcia, lo dejará a su avío, con la excusa de que el club debe volver a sus legítimos dueños, los murcianos, pero claro con las arcas vacías y sin un metro más para construir y seguir ganando dinero.

Comienza la Semana Santa. El viernes sale la primera procesión, la del Amparo. Fui como ya comenté en otro post el año anterior fundador de un “paso” como aquí se llaman a los tronos, el de Jesús ante Pilatos. El color azul de sus túnicas inundarán las calles de Murcia. El olor a azahar llenará de aroma el aire y la cálida temperatura de la Semana Santa echará al gentío a inundar las calles. Respiraremos un aire especial y viviremos de una forma especial. Unos llenos de religiosidad y penitencia, en mi caso eufórico de tradición y costumbre, la penitencia y los rezos se los dejo a ellos.

Este año saldré vestido de rojo un sólo día. Atrás quedan los años mozos donde me vestía de nazareno cinco de los siete días de la Semana. Este año procesionaré bajo el paso de “Jesús en casa de Lázaro” el Miércoles Santo, la procesión de los coloraos. Este año es especial por dos motivos fundamentales. El primero porque el año pasado, con la coña del Ironman no salí. El segundo es que por primera vez lo haremos toda la familia, varones, juntos. Mis dos zagales y yo podremos salir por primera vez juntos y espero que por muchos años. También saldrá mi sobrino lo cual hace que en poco tiempo seamos mayoría.

Abrimos el canal de las fiestas y desde el viernes hasta dentro de tres domingos, incluídos tendremos jolgorio en las calles, lugar donde se celebra todo lo que hacemos gracias al envidiable clima que tenemos.

Intentaré entrenar todo lo que pueda, ya veremos. La voluntad es mucha pero las tentaciones son más y más fuertes. Ya lo dijo Sancho: “El hombre es fuego, y la mujer estopa, viene el diablo y sopla”.


martes, 11 de marzo de 2008

Más difícil todavía...


Miro a un lado y a otro. Esta hora no es la habitual. No conozco a nadie. El ambiente ha cambiado. Lo normal es encontrarme amas de casa y jubilados a partes iguales haciendo como que nadan. Más que nada un lavado de conciencia para ambos tipos de “deportistas”. Los primeros presumen el “club social de la tercera edad” de cuidarse, de mantener el cuerpo en alerta para que su vejez tenga una mayor calidad de vida. Las segundas expían el tiempo perdido y la dejadez de veinte años de dedicación exclusiva a los niños, la casa y el marido, siempre por este orden. Una amiga, la muy zorra, debió vender su alma al diablo, pues apareció como de la nada con un cuerpo escultural, aún mejor que cuando era joven, como de forma sibilina comentaba una contertulia que decía conocerla desde el colegio. Diversas explicaciones daban argumentos a lo acontecido. Unas, las más brujas, decían que había abandonado al marido por un querido de veinte años de nacionalidad Venezolana, que le susurraba cantarinas palabras de amor, con esa melodía que sólo las tórridas playas de aquel paradisíaco país son capaces de hacer entonar a los musculosos y bronceados cuerpos de los lugareños y por ese había se le había quedado ese tipito de meretriz cara. Otras comentaban y no paraban, sobre el coste que debía haber tenido las múltiples operaciones a las que se había, “con seguridad”, sometido. Hacía, afirmaban con convicción, varios meses que no aparecía por el jardín a pasear a su perrito. Además contaban, las más resabidillas, que hacía mucho tiempo que no la veían con el marido. El caso es que la bruja de la amiga mandó, como por arte de magia, a todas las del grupo de los perritos de la plazoleta a la piscina a intentar dejarse el cuerpo como la “golfa” de la compañera.
Ese es mi grupo habitual de natación, octogenarios y envidiosas marujillas que mueven los brazos con el mismo entusiasmo que le hacen el amor al marido, es decir, ninguno. Cuando por darme un descanso “emocional” me acerco por la pisicina en otro horario, el contenido del agua es un millón de niños de todas las edades, motivación y educación, que no hacen más que salpicar, molestar, discutir y ocupar el espacio para los que tienen intención de hacer algo. A esas horas, las marujillas, las del grupo de los perricos del jardín, están en la grada, observando a sus bástagos como hacen el cafre y castigan al instrutor como si éste o ésta hubieran sido los que mataron a Manolete y todavía estuvieran cumpliendo penitencia por ello. Ahoras, las chicas, las que se lavan la conciencia en el otro horario, están mucho más guapas, incluso, si alguna osa ponerse falda da gusto mirarla. Por todos es sabido que la mayoría de los mortales ganamos mucho más vestidos que desnudos y ellas no son la excepción. Alguna mirada picarona por parte de algún nadador y una sonrisa cómplice entre ellas es la contraseña que acordaron para comunicarse unas a otras cuando gustaban. ¡Si es que tanto ejercicio tenía que dar resultado!. ¡Ya verá la zorra de nuestra amiga dentro de un par de meses, nos vamos a poner yogurines y se derretirá de envidia!. ¡Lástima que ahora comience la Semana Santa y las Fiestas de Primavera, en estas fechas tantos saraos y verbenas me hacen engordar unos kilicos!. ¡No pasa nada!, siguen musitando para sus adentros, si para Marzo no estoy cañón, será para Abril. El caso es que llegada la fecha no están como la jodía de la “amiga”, las fiestas fueron de más jolgorio de lo esperado y al regreso no tenían ganas de volver a nadar. Siguen “cebás” como los cerdos del “Pozo”, pero ellas se alagan unas a otras comentando lo bien que les vino las tres veces que fueron a la piscina a “darle por culo” al bueno del Garban, un calvo gordito que ellas ignoraban y que nunca sabrán quien fue, pero que el no las olvida.
Como decía, que me he ido un poco, es que soy muy visceral, la hora era nueva y la fauna de la piscina era diferente. Las calles llenas de gente que formaban largas hileras que se desplazaban a un ritmo acompasado y en algunas calles dinámico. Nadie nadaba de espaldas, moviendo las orejas como único medio para desplazarse por el agua. Todo el mundo, cada uno dentro de sus posibilidades, se acoplaba a un grupo y nadaba con entusiasmo. Los cuerpos de las señoras, zagalas y demás sexo femenino, no variaba demasiado de los que me encontré a otras horas pero su actitud era muy diferente. Los “abuelicos”, esos si que habían desaparecido y la juventud no era tan joven, pero no demasiado mayor. Las puertas que abrí al salir del vestuario dieron paso a un mundo nuevo. El ecosistema de la piscina había cambiado, el paisaje había cambiado igual que a Judi Garlan, le cambió cuando entró en el mundo del Mago de Oz. Pronto localicé a quienes buscaba. No es que algo les identificara de tal forma que los hiciera diferentes al resto, es que uno de los del grupo me gritó: “¡Garban, aquí!”. Me recibieron con alegría. Pienso más porque pensaban que llegaba un pardillo nuevo, del que podrían chotearse un poco, que porque mi presencia emanara flujos positivos. El primer día fue muy tenso para mí. Cada ejercicio que proponían ponía de manifiesto que la descoordinación campa por mi pequeño, aunque orondo cuerpo. Hice mi primera confesión: ¡Queridos amigos: Tengo suspensa la psicomotricidad de preescolar y creo que ya es tarde para recuperarla!. Cualquier ejercicio constituía para mí un acto de pública humillación. Golpes contra la corchera, contra la pareta del final de la piscina... Cientos de: ¡Perdón, no quería pegarte con mi cabeza en la tuya!, ¡Perdón, no quería golpearte con la mano en la cara!... Y miles de disculpas aceptadas por parte de todos y cada uno de mis nuevos amigos. Aquello parecía más un grupo de nobles en Versalles bailando un minué con sus reverencias y almibarado trato, que un grupo de gallardos y viriles varones entrenando. Al poco terminé con más trastos encima que un marido llevando a sus tres churumbeles a la playa cargado de silletas, flotadores, tohallas, sombrillas y demás atrezzo. Una tabla, un churro entre las piernas, más grande que mi churrillo, al menos 100 tallas, las palas y otros elementos que trataban de corregir mi nado. Se lo agradezco, pues mi impericia les hizo perder más del noventa por ciento del tiempo en mí.
Ahora ya se lo que es deslizar, levantar el codo, batir los pies... Bueno, se lo que es y algunas veces durante unos pocos minutos soy capaz de controlar mi cuerpo y hacer alguna de esas cosas y ya en el colmo del paroxismo, durante unos poquicos segundos, soy capaz de hilvanar dos o tres cosas, de esas que me han enseñado, a la vez... El milagro se tiene que realizar aunque los compis han hecho otra porra y me dan por perdedor...¡Pero ellos no saben que soy un cabezón!.
¡Hasta mañana, querido diario!.

lunes, 10 de marzo de 2008

¡Semos asín!


Nos sacaron del campo. Nos subieron a la grada. No hubo partido, ni siquiera resistimos el conteo de los primeros 100 votos. Me refiero a nuestra región, mi región. No suelo votar a IU, quizás más por pereza, por no analizar su discurso que por convicción de que su propuesta no es la adecuada, pero ayer Llamazares me cautivó. Sin alaracas, sin aspavientos, sin poner el ventilador en marcha para repartir la mierda en todas las direcciones buscando excusas que justifiquen su fracaso. Me ganó su serenidad y el ejercicio de autocrítica en el que reconoció el fracaso electoral como algo personal. Podría aprender Fernández Bermejo. El paracaidista no ha reconocido que no ha tenido éxito el efecto candidato, además no fue capaz de ganar el nuevo escaño que se ponía en juego. No sólo no aportaron nada, sino que estuvieron muy, muy lejos de poder conseguir el nuevo diputado. Lo primero es hacer autocrítica. El aparato del partido no ha sido capaz de encontrar un socialista que pueda liderar un proyecto político para la región. No hemos tenido un líder con carisma, alguien que con su sola presencia pueda captar la atención del votante para que se le pueda exponer el proyecto. Quizás también nos falta un proyecto, somos momias, hace tiempo que estamos muertos en nuestra tierra y aún no han aparecido los sucesores. Las nuevas caras no han llegado y lo peor es que tampoco se les espera..., de momento. Primero autocrítica. No hemos tenido ni un poco de chance por nuestra impericia, por nuestra desidia. Ahora hablemos del resto. Lo primero es que los Murcianos “¡semos asín!”. En los municipios donde están abiertos procesos judiciales por temas de “la construcción”, la derecha ha vencido con aún más claridad. Seguramente es que nos gustará que nos roben. Otra lectura es que la huerta es fundamentalmente miifundista, todo el mundo tiene una tahulla de tierra y esperará, igual que la del vecino, les toque “una recalificación” que los saque de pobres. La consigna sería algo así como “¡hay que esperar, al menos, hasta que podamos cambiar el huerto de limoneros por otro de chalets!”. Los únicos municipios en los que ha ganado la izquierda han sido en los que los de la derecha extraía el agua de sus acuíferos par enviarlos a “Terra Mítica” (¡Vaya una mierda de ¡agua para todos!). Por lo visto ese tipo de tierra no sirve para construir campos de golf. También tenemos que reconocer la derecha ha cambiado el perfil de la población de Murcia. Ya no existen obreros, aquí no hay conciencia de clase trabajadora, todos nos dedicamos al sector servicios, ¡qué ironía!. La primera media de la izquierda sería buscar un candidato murciano, de esos que no se les entiende cuando habla en la tele, pero al que los de aquí reconocemos al vuelo, ¡Seguro que ese es de Murcia!, cuando lo escuchamos hablar, de nuestra tierra. A continuación ser capaces de presentar un programa que sirva para ilusionar a nuestros paisanos. Hay que aprender a decir que no. Ferraz es mucho Ferraz, pero debemos ser fuertes y no seguir cediendo. Tenemos que encontrar a quien pare a los prepotentes de Madrid, aunque su “movimiento”, como decía “Guerra”, lo saque de la foto. Toda batalla tiene sus costes y seguro que algún dirigente tendrá que sacrificarse para conseguir ese objetivo. Ahora tenemos que encontrar al que esté dispuesto a perder su “puesto” por ganar en esta lucha.

A nivel nacional todos, excepto el pobre Llamazares y pocos más, han ganado. Es para descojonarse. Tanta mala leche, mala baba, infundios, calumnias y tanto cavar la zanja que nos separe para volver a perder. ¿Ha merecido la pena la actitud de la derecha, para volver a perder de igual manera?. Críticas desmedidas a las instituciones, erosión al tejido democrático... ¿Para ésto?, ¿es un buen premio?. Pues creo que no. Podrían hacer una lectura en positivo, seguro que no la hacen, buscarán a quien culpar, pero por supuesto, lejos de la sede Génova, a algún juez o a algún periódico. Estimo que tanta tensión no les ha proporcionado, por mucho que quieran maquillar el resultado, el conseguir el objetivo propuesto, que era gobernar. Hagamos una España más tranquila, más sosegada y más dialogante.

Por último hablemos de los medios de comunicación. Estuve zapeando por todas las cadenas nacionales y alguna regional. Cada una daba una visión, desde el punto de vista de su editorial, parecida a las otras. Es que ejerciendo de sincero, lo que hay es lo que hay. Que empates en la primera parte no significa que puedas ganar el partido, lo único que significa es que no te han metido ningún gol..., aún. Me chocaron dos actitudes, una la de PJ y su “Mundo”. Se alegró por el escaño de Rosa Díez y se vanagloriaba de ser el único medio que le había dado bola a ese partido. ¡Hipócrita!, lo hizo por la única y exclusiva razón de que cada voto que fuese a la Díez era un voto de izquierda que podría quitar al PSOE. Me parece bien y me alegro de que le diera juego, todos los partidos deben tener acceso a los medios de comunicación, pero de ahí a ser paladín de la igualdad de oportunidades va “un mundo”. Para terminar comentar que la curiosidad me pudo. Las teles generalistas nacionales terminaron pronto el programa y no pude dejar de poner la tv de la Cope. Me intrigó que iba a contar el primo de mi santa. ¡Qué manera más venenosa de interpretar los resultados!. Según la COPE, el triunfo socialista en el País Vasco no es más que un movimiento extremista del PSOE pues ha captado votos (yo creía que eran de PNV, pero por lo visto no) de la izquierda separatista y pro-negociadora, justo de esa parte del electorado de Euskadi. ¡Cuanta mala leche!. Según ellos, ahora el futuro presidente, está obligado, para contentar a esos votantes, a reanudar las conversaciones con los terroristas, a legalizar el aborto libre, la eutanasia y a aumentar un acoso a la iglesia “católica”. ¡Y porque no se le ocurrió nada más terrible al "analista político". Ellos creen que son la “única iglesia”. Deberían leer algo más y sabrían que iglesia proviene de asamblea y en su séptima acepción dice: “Conjunto de sus súbditos”. Ellos nos son la única iglesia.

En fin, me alegro que a nivel nacional haya ganado Zapatero, hay que reconocer que es un proyecto más presidencialista que de partido y que en sus primeras palabras haya dicho que “gobernará con firmeza, pero con la mano extendida”. Por otra parte también, no ha escondido la cabeza bajo el ala, ha manifestado que trabajará para aumentar las políticas sociales y para enmendar los errores. Ha tenido el valor de reconocer que también ha errado. Rajoy no, Rajoy, como bien ha dicho el electorado, Rajoy no se ha equivocado y por eso está en la oposición. Espero que por muchos años...

miércoles, 5 de marzo de 2008

Cuestión de Actitud

En estos días previos a las votaciones se escuchan muchas cosas. Unos y otros hacen campaña prometiendo solucionar los problemas que aún existiendo mucho antes de que expongan como resolverlos, quedaron sin darle un punto y final durante el tiempo que tuvieron la oportunidad y el poder para finiquitarlos o paliarlos.
Tiempo atrás los de un partido reprochaban a los de otros que no tuvieron oportunidad de demostrar su solvencia, honradez y eficacia porque los otros desde las primeras elecciones democráticas, que ejercicio de cinismo por parte de aquellos que apoderándose del poder propusieron elecciones y resulta que ahora hay dos tipos, unas las a secas, las que ellos impusieron durante décadas y las democráticas, de las que ahora quieren obtener la certificación del poder por parte del electorado. Ya es el tiempo en el que ambos bandos, ¡qué pena que una parte de la izquierda, la que representaba el PC y parecidos haya desaparecido!, han permanecido un tiempo en el poder. ¡Cómo con el detergente, ya se puede comparar!. Un partido tuvo el gran acierto y la perspicacia de unir a todo su espectro político. En el pecado llevan la penitencia, pues a costa de ese equipaje soportan entre su militancia a ciertos personajes, rémora de un estado democrático que como tal debe aceptarlos, aunque ellos no acepten la sentencia que supone la mayoría. Por el otro una parte del censo que desea un estado progresista, pero que no está unido en un sólo grupo. Prefiero esto último, la pluralidad es la riqueza del progreso y la democracia. Me aterraría que volviéramos a ser dos, unos a un lado, otros al otro. La pluralidad, la diversidad de pensamiento hace que se pueda llegar a acuerdos con unos o con otros y que el Estado no se pare o se divida. Es algo así como una emulsión, hay que estar en continua “agitación”, entiéndase replanteamiento de las circunstancias, para que el conjunto de las partes esa uno. Con dos elementos, ¿quién va a hacer de catalizador de la reacción?. Necesitamos un tercero que realice esa misión y que una la mezcla, si no sólo habría agua debajo y aceite encima.
Una de las partes no para de lanzar a la cara de la otra el precio de los productos básicos. ¡”No de cifras macroeconómicas, al hombre de la calle sólo le interesa saber que el pan ha subido!. A esta gente, lo que piensa, sufra o calle el ciudadano de a pié le importa tres pimientos. Esto es lo que le ocurre al hombre de la calle con el gobierno de éstos que se llenan la boca, tanto que parecen obreros, con las cosas que nos están ocurriendo a la clase trabajadora. La ¡puta clase media!, como nos adjetivan cuando no hay elecciones.
Estos nuevos defensores del ciudadano corriente se pasaron por donde amargan los pepinos un acuerdo firmado entre los sindicatos y el gobierno anterior, dejando de reconocer el derecho a la negociación colectiva del sector del funcionariado. Pusieron en las sacrosantas páginas del BOE un decreto que mancillará por siempre a ese texto por el que congelaban los sueldos de los funcionarios, cuando ya estaba acordada una reforma.
Ese mismo partido gobierna aquí, en mi huerta, en mi casa y como venganza al acuerdo alcanzado entre ellos mismos y los sindicatos, a la fuerza ahorcan, retrasan la apertura de los centros de trabajo, de tal manera que vulneran los derechos de esos mismos trabajadores a la conciliación familiar y laboral ya que no dejan que la jornada de trabajo finalice antes de las tres de la tarde. Me explico. Se acuerdan treinta y cinco horas de trabajo semanales efectivas. Si dividimos las horas entre las cinco jornadas el resultado es de siete horas al día. El decreto anterior relativo a la jornada laboral obligaba a realizar esas horas obligatoriamente entre las nueve y las dos, el resto se podía hacer entre las siete y media y las tres y media y entre las cuatro y media hasta las ocho y media. El caso es que si llego a mi trabajo a las siete y media a las dos y media podría irme con mi jornada completa. Esto, a estos “defensores del poder adquisitivo del proletariado”, les pareció intolerable. ¿Cómo ellos, que no llegan antes de las nueve de la mañana tienen que permanecer en su puesto de trabajo hasta las tres y media y encima le falte media hora diaria para finiquitar su jornada y los mindundis se van a marchar a las dos y media a tomar el aperitivo?.¿Qué han hecho para solucionar este, a su entender, inadmisible estado de la cuestión?. Sencillo, decretan que los centros de trabajo no se abran hasta después de las siete y media y no permiten que los relojes de fichaje funcionen antes de las ocho menos cuarto de la mañana. ¡Viva su entusiasmo por conciliar la vida familiar y laboral!. Primero nos matan de frío en la puerta y nos contestan diciendo que si no queremos pasar frío en ella podríamos venir más tarde. La cuestión, contestamos, es que donde vivimos no pasa el transporte público y para ahorrar venimos varios ciudadanos en un solo cochepor ello llegamos al trabajo a esa hora. La respuesta de estos magnos padres de la región es. ¡Pues si no quieres pasar frío, iros a un bar!. ¡Coño, podrían haber preguntado donde vivimos y proponer una línea de autobuses públicos!. Por otra parte argumentan que es una primera medida para controlar la permanencia en el puesto de trabajo de los funcionarios, que será seguida por otras más. ¡Estupendo!. Para controlar a los que no vienen, a los que vienen y se marchan y a los que llegan a las diez de la mañana, la primera medida es cerrar la puerta a los que llegan temprano, en definitiva a los primeros que cumplen con su obligación.
Esto no es más que una anécdota personal y localista. Otra más. Cambiar un puesto de trabajo en la administración es algo así como las obras de Madrid, interminables... Pues en veinticuatro horas... ¡Bueno, exagero un poco!, en cuarenta y ocho horas han cambiado la adscripción del puesto de trabajo, las funciones, la localización física y supongo que el sueldo de uno. Por supuesto ha sido publicado en el BORM. ¡Un récord de eficacia!, sino fuera porque ese puesto esta cubierto por concurso de méritos por un funcionario, que se ha quedado en situación de “Concursante Forzoso” para el próximo concurso de traslados, con cuatrocientos euros menos en el bolsillo todos los meses y que no había tenido noticias de ello hasta el momento en el que se dio cuenta porque en el listín telefónico salía con otro destino. Este es el grupo de personas que presumen de defender el poder adquisitivo del trabajador. Por pura coincidencia el nuevo puesto de trabajo resultado de tan gran y eficaz labor de mimo del ciudadano de a pie ha ido a parar otro ciudadano que comulga con su manera de pensar y lleva las pancartas a las manifestaciones, perdón actos ecuménicos, que organizan los señores obispos en Madrid.
Estos mismos que miran por lo que cuestan los productos básicos son los que miran para otro lado, o lo que es lo mismo amontonan el expediente en un sucio cajón, cuando una organización agraria compra los desechos de una planta de carburante biológico como “cama para el ganado” y se lo vende a ganaderos que no tienen regularizadas sus explotaciones (así estiman que no los denunciarán) como “pienso” acto para animales. Cuando amanece y el gitanico ve a gran parte de su ganado muerto y al comprobar que está en la ruína denuncia lo acontecido, se limitan a precintar el producto y a esperar, supongo, que el gitano, al igual que sus animales, se muera o en el mejor de los casos, sobre todo para el denunciante, se olvide del tema.
Este mismo grupo de personas que nos gobiernan en mi región y que no para de defender al hombre medio de la calle son los que tienen entre sus ejecutivos a personas que por la mañana ordenan una inspección y por la tarde asesoran al denunciado como quitarse de encima el expediente y la sanción. Con la poca vergüenza, encima, de no decirles que la denuncia es nula puesto que quien les ha abierto el expediente no es un funcionario, única persona que según la ley tiene poder para hacerlo, sino un contratado de una empresa cuyo único fin es ayudar en la tramitación, pero nunca sancionar y menos ejercer funciones cohercitivas. Este mismo grupo de personas, garantes del bien común, son las que parten los contratos en varios, de tal manera que no tengan que salir a licitación pública y así poder adjudicárselos a quien ellos prefieran y su líder no para de pronunciar en sus actos electorales que nuestros estudiantes para pasar de curso tienen que demostrar trabajo, mérito y capacidad... ¿Y los funcionarios que ustedes premian sin presentarse a concurso, no tienen que demostrarla?. ¿Y las empresas que ustedes hacer ricas con sus contratos fraccionados, no tienen que demostrarlo?.
No quiero hacerme más pesado de lo que ya lo estoy siendo, por eso yo no voy a votarlos. No os digo a quien tenéis que votar, ni cual a mi entender sería mejor gobernante, solo manifiesto, más por salud personal que yo a esos no los voto ahora. No digo nunca porque sería tanto como negar mi condición de humano y demócrata. Estamos aquí para evolucionar, para mejorar y para cambiar si algo nos convence que debemos hacerlo, pero yo de momento no los voy a votar.
Prefiero que me cueste el pan más caro a que estos me sigan tomando por tonto.
Si... ya se que como en las peleas de colegio, "¡Los otros también lo han hecho y más!. Ya pero no querían que habláramos del presente, en el presente ellos se comportan así y como en el colegio... ¡Y aún más!
De todas formas me alegro que todos estos personajes crean en su “dios”. Me alegro porque si creen en ese dios también creerán en el infierno, que es, según exponen sus propios libros de dogma, donde ellos irán por todo el mal que hacen al prójimo, aunque después se confiesen. Se que irán al infierno y yo estoy feliz por ello.
Por mi parte, como no creo en su dios, no iré al infierno, aunque según ellos también me lo merezco, pero como yo no creo es probable que no vaya. Yo me iré a la mierda, pero eso sí, con mucha dignidad y mucho porte.

lunes, 3 de marzo de 2008

Duatlon y Primavera o viceversa

Llegó la primavera, no oficial pero si de forma extraoficial. Ayer se inauguró la terraza. Con veinticinco grados y un sol radiante, se sirvió en la terraza el primer aperitivo de la temporada. Los asistentes ataviados con las mejores galas del verano, pantalón corto, chanclas y camisetas disfrutamos de una buena ración de “don pedritos”, vermuts, cascaruja,

Trioráculos y Chitos (de la huerta de Murcia)

mejilloncicos y demás vituallas de guerra. Al finalizar el ágape, los presentes animados por el “rico estar” y por la “belleza del paisaje” persistieron en su actitud y no quedó más remedio que servir una comida. Por la rapidez de los acontecimientos, la “señora” de la casa no pudo preparar viandas de primer nivel y nos decantamos por lo más socorrido, es decir, morcillicas, patatas asadas y demás pitanza del mismo calado calórico y rapidez en la elaboración. Se acabó con una merienda, al tibio, a las seis y media ya sólo era tibio, sol del atardecer. ¡Vamos “pá echarnos a llorar”!. ¡Seis kilos “p' al cuerpo” en una “sentá”!.

En cuanto a los aconteceres deportivos, pocos y malos... El resumen mensual refleja que este ha sido el mes con menos horas de trabajo desde hace más de un año y medio. Semanas recortadas y con poca calidad=falta de entusiasmo en el entreno. Como buenamente hemos podido se ha pasado la crisis y de nuevo nos dirigimos

Mi zagal pequeño (el juez), el resto parte del equipo medalla de bronce de duatlón en el cto. de España de hace unos añicos, más gordos y más viejos

hacia el comienzo del mes con las mismas buenas disposiciones que hacemos siempre y que solamente el tiempo y la falta de disciplina nos hace ponernos frente a la cruel realidad.

Ayer tocaba descanso pero como la semana pasada no salí en la bicicleta ni sábado ni

El nenico corriendo o algo parecido.

domingo, me tomé la licencia de salir con la peña de Algezares. Hicimos noventa kilómetros a 30 por hora de media. La peña no es que sea de superclases, es que ayer aparecieron tres ciclistas de otra peña que se les había hecho tarde y claro aquello se convirtió en una carrera, en la primero tirábamos los unos pretendiendo que se cortaran los otros, para inmediatamente después tirar los otros intentando que los que se quedaran fueron los unos. El caso es que no juntamos más de quince tíos y así es más fácil ir deprisa, sobre todo si van todo el mundo “picao”. La ruta era la primera vez que la hacía y me gustó mucho. Un día tenemos que repetirla con Stani. Se iba hasta Ulea para volver por el otro margen del río, a la sombra de la poca huerta que queda por la parte de Archena.

Otra novedad es que me he buscado un grupo de natación. No se cuanto tiempo aguantaré con ellos pero lo voy a intentar. Resulta que en los vestuarios un chico me preguntó si hacía travesías. No, le contesté. ¿Porqué lo preguntas?. Por el dorsal que llevas pintado en el gorro. Le expliqué que hacía triatlón y que iba a nadar más para purgar mis pecados que para mejorar, pues cada día lo hacía peor. Me comentó que a las diez de la noche había un grupo que estaba bien y que se corregían entre ellos. Eran máster que en sus tiempos nadaban rápido pero que ahora se quitaban el gusanillo con su propio grupo y a veces hacía travesías. El viernes fui a sopar y no estaba mal, por lo menos se daban caña y se corregían entre ellos. Mi nuevo amigo me presentó y me aceptaron como “pezqueñín”. Prometieron no hacerme aguadillas y cuidarme como un hijo. Lo malo es que van de diez a once de la noche Lunes, Miércoles y Viernes, intentaré acoplarme a ellos, aunque sea sólo un mes, si mejoro algo, por un mes, merece la pena el esfuerzo.

Ayer disputé, si se puede llamar disputar a lo que protagonicé, mi primer duatlón de la temporada, esperemos que no sea el último. Mi entrenador me ha regañado, diciéndome que parecía que la cosa no iba conmigo... Acepto a regañadientes la reprimenda, más porque a mi edad, los ancianos somos así, no estamos muy receptivos, que por falta de razón, pero es que “uno es asín”.

Juan, Garban y Stani. Tres patas pá un banco

Lo bonito del sitio era que estaba junto al mar. También tenía de positivo que los acompañantes disfrutaban de la prueba pues nos veían si moverse ni un metro un montón de veces. Como negativo podríamos enumerar el vendaval que hacía, más propio de la “American Cup” que de un duatlón y que el circuito eran fundamentalmente dos rectas una de unos teóricos 1.250 mts. que luego se quedarían en 1.135, así que le faltaban quinientos metros a los cinco mil de la carrera a pie. ¡Tiene cojones que en una recta de más de diez kilómetros que tiene ese paseo, se equivoquen en 120 mtrs.!. ¿Será por falta de sitio?. Después había que dar cuatro vueltas a otra recta que culminaba en dos redondas, que con doscientos tíos era peligrosísimas. De hecho todas las retiradas, excepto las de mi hijo que fue porque se le descoñó la cala de la bici, ¡tanto tiempo sin usar! y Román que pinchó (jua, jua, jua ¡no me lo creo!) fueron por caídas en los grupos que se formaban.

¿Cómo me fue la carrera?, pues depende. Si lo miramos en términos absolutos, fue un pequeño desastre. Si lo miramos como me lo pasé, pues cojonuda, disfruté como un enano. Nada más comenzar a calentar tuve un pinchazo en la parte de atrás del muslo izquierdo. Me dolía bastante, la realidad es que aún me duele y tengo que consultar que hago. Por una parte creo que debo seguir entrenando, por otra, si se rompe definitivamente, espero que no, me parará por lo menos veinte días... El caso es que sabía que no iba a correr todo lo rápido que podría, lo cierto es que no me encontré mal en la carrera a pie, el pinchazo no es excusa, pues una vez caliente apenas lo noté. En la salida, sólo se me oía hablar a mí, con las bromas y ocurrencias de siempre, de ahí es de donde creo que mi entrenador saca lo de la falta de interés, lo siento... El caso es que salimos bien, estaba en el sitio que me correspondía, quizás un poco atrás, pero el cinco mil es una distancia que se me atraganta mucho. La transición fue patética, decir que mi entrenador y mi santa me las cronometraron y en la primera tardé dos minutos y otros tantos en la segunda. Perdí maquillándome y dándome lustre en boxes al menos tres minutos y pico respecto a los del grupo que iban conmigo. En la bici pequé de pardillo. ¡Claro, una cosa es predicar y otra dar trigo!. La teoría me la sé, pero la práctica es otra cosa. Me pasaron dos que fueron los que hicieron el segundo grupo, el que a la postre perseguiría al grupo de Stani, los dos entramos a boxes practicamente juntos y el salió un día y medio antes, así no hay quien lo coja...jajajaja. El caso es que me pasan dos pollos a cuarenta por hora, me pego a rueda y me llevaban muerto. Pienso, son cuatro vueltas a este ritmo y me muero. Los dejo ir, ese fue el primer error, si me reviento allí, hubiera llegado al grupo bueno, pues después cuando se hizo el grande, la cosa cambió radicalmente. El caso es cojo por detrás y hacemos un grupo de cuatro. Ibamos dos de Cieza, otro y Plazas (el hermano pequeño) que se dió un paseo a nuestra costa, para luego dejarnos en la transición a pie (es un crack, como nos la metió doblá el chiquillo). El caso es que los dos Carrillo tirámos y el resto a cola. En un sentido se volaba pero a la vuelta el vendaval te daba en “tos los morros” y siempre a los mismos. Llegamos a la cola del grupo bueno, con tan mala suerte de que es en la rotonda de vuelta, me quedo en la cola a darme un respiro y el efecto látigo de la salida, hace que el junior, el pobre es aún más pringaillo que yo, se va de rueda, cuando levanto la cabeza veo que se nos han ido treinta metros y ya fue imposible volver a cogerlos. El resto de la bici la hicimos contra las olas, al final siempre terminamos en la orilla. Por detrás y a trescientos metros de boxes me pilla un grupo, en ese momento mis compañeros se había quedado de rueda y me comía todo el aire yo solico, donde iban todos los que había ido dejando en veinte kilómetros. En el pelotón va Juan, nuestro compañero de entrenos. Me da un pellizco en el culete, miro y exclamo. ¡Coño Juan!. ¡Pues ya estamos “tós”. Tenía primero que recuperarme del golpe moral y luego buscar fuerzas, ¡estaría bueno que me ganara Juan!. No por nada, que es un gran chico y además entrena un huevo, es más que nada por “el pundonor humano de uno mismo”... jajajajaja. El caso es que intento hacer una buena transición y sale otra mierda. Salimos a correr yo unos metros delante de mi compañero y por supuesto con el objetivo de pillar a Stani descartado, pues había entrado en un gran grupo y había volado en la bici. Aprieto los machos y pongo un buen ritmico, más que nada para que Juan se castigase si quería ganarme, siempre dejando algo para tener un par de cambios a la vuelta del cono. Cuando doy la vuelta y veo que no me ha cogido y aún le faltaba algo para llegar ya sabía que de regreso no me cogería... Corrí todo lo que pude, teniendo en cuenta las circunstancias y llegó un par de metrillos por delante de mi compañero. Así que tendré que practicar las transiciones e intentar mejorar, porque sino ni podré pillar a Stani y seguramente Juan, mejor ciclista que yo, me pasará por la piedra en cuanto me descuide. Al final unas cervecicas con Xarli, que estaba un pelín lejos de nosotros, no mucho y para casa. Ponemos fotos y hago en este momento acto de contrición para tomármelo un poco más en serio la próxima vez.

El domingo me toca ser suplemente de una mesa. ¡Como falle el titular lo pico!. Me presentaré vestido de ciclista y rezaré todo lo que sepa para que pueda salir en la bici en cuanto se constituya la mesa. Lo siento por los otros, pero espero que ganen los míos. Los otros me están haciendo todo el daño que pueden y con las cosas de comer no se juega.

¡Hasta pronto, querido diario!

P.D.: Gracias a Mariló, fotógrafa oficial por las fotos.

martes, 26 de febrero de 2008

Granada Tierra de la luz y del color

Genial imagen de Francisco Izquierdo que nos daba la bienvenida y nos observaba desde el dintel de la puerta

La semana ha transcurrido con pereza. “Perezoso” es el nick que utilizaba cuando escribía en el foro de la Federación de Triatlón de la Región de Murcia (www.trimurcia.org). El lunes debía haber nadado pero cuando llegamos de Valencia la pereza me venció. El Martes que era el día dedicado al descanso lo transformé en spinning y natación. El miércoles tocaba de nuevo natación, para rematar jueves con un rodaje por Murcia junto al Capitán Bajoca que debía haber sido de setenta y cinco minutos y se quedó en algo menos. El Viernes debíamos salir para Granada temprano y sólo pude nadar dos mil metros. Ahí terminaría mi actividad deportiva de esta semana. Prometí a mi santa que dejaría los trastos de “matar” en casa y me dedicaría exclusivamente de viernes a domingo a disfrutar de su compañía y de la de los suyos.
Creo que ya lo he comentado alguna otra vez. Mi familia es pequeña, se reduce a mis padres y mis hermanos. En cambio la familia de mi santa es de las “quedar mucho”, de esas, que quizás sea lo normal pero no es mi caso, de las que todos saben de todos y se reúnen en cuanto tienen una pequeña oportunidad. El vivir en Murcia nos ha impedido muchas veces el poder acudir a esos “pequeños eventos” familiares. Se que le apetece, ahora que tenemos los críos mayores, reencontrarse con esa parte de la familia que está mucho tiempo sin ver. De una familia por otra parte extensa, tanto en número, como en cariño entre sus miembros.
El fin de semana nos fuimos a Granada. En otra entrada comenté que mi santa tenía, que yo sepa, que igual tiene varios más, un tío importe, “un famoso” como diríamos los que provenimos de “la calle del árbol”.
Este viernes se inauguraba en Granada un ciclo homenaje a Francisco Izquierdo, conocido en casa como el Tío Paco. Una persona y un personaje que, como ya dije otras veces, no tuve el acierto ni la suerte de tratar más que en un par de ocasiones. Este hombre era un genuino ejemplo (cito a quien de verdad le conocía) “de humanista de nuestro tiempo y cultivó las letras y las artes: fue narrador, ensayista, editor, autor de singulares guías turísticas; pintor, dibujante, grabador, ilustrador; cinéfilo, colaborador en periódicos, revistas y programas de radio; y hombre abierto, dinámico e irónico”. De su obra conozco poco más de un par de libros que en su día nos hizo llegar a casa, los cuadros de él que están colgados en casa de mi suegro, en Murcia y en casa de su hermana Beatriz, en Granada y poco más. De su carácter, como digo hablé pocas veces con él, puedo dar fe que me dejó la misma opinión que al escritor que he citado con anterioridad un hombre abierto y dinámico, pero sobre todo muy muy irónico y socarrón. Pues hasta Granada nos fuimos a disfrutar de la compañía de la familia de mi santa y por supuesto, a contemplar el primer hito de los actos que se celebrarán en el ciclo homenaje, la inauguración de una exposición antológica de su obra en el Centro Cultural Gran Capitán. Una gran foto del artista presidía la entrada a la sala de exposiciones, donde unos minutos después de la apertura por parte del Excmo. Sr. Alcalde de Granada se sirvió un ágape. Mientras me tomaba mi enésima cerveza miraba la enorme foto que ocupaba toda la puerta de entrada y rumiaba en mis adentros: “Nos mira con sorna y está pensando que vaya “pechá” a jalar que nos estamos dando en su nombre”. De todas formas creo que era un hombre que no dejaría a ningún amigo sin “alboroque”. Entre las muchas anécdotas que se cuentan del él circula una, en la que según cuentan, el Tío Paco charlaba con sus amigos sobre “la muerte” y él les espetaba: “¡Maricón el último”. Por lo menos el no fue el agraciado con el adjetivo. Entre sus muchos premios, el Nacional de Periodismo y más, que invito a conocer buscando en el google con la entrada Francisco+Izquierdo+Granada, consiguió uno que le duró menos que una golosina en el puerta de un colegio. Su biografía en www.franciscoizquierodo.org nos cuenta que obtuvo El Nacional de Literatura, en 1970, por "El apócrifo de la Alpujarra Alta", el cual, después de concedido y comunicado al autor, por la denuncia de un jurado, Pedro de Lorenzo, que figuraba como premiado el año anterior, se declaró desierto. El argumento del Sr. de Lorenzo para impugnar el galardón era que en el libro se "atacaba" al ejército, institución intocable, como el gobierno y la iglesia, según se establecía en las bases del concurso. Me hubiera gustado haberlo visto y oído reaccionar ante este revés. Seguro que su reacción estaría en consecuencia con su forma de ser, irónico y socarrón.
Como anécdota del fin de semana destacaría la foto que de mi santa y mía aparece en el diario “La Opinión de Granada”. En ella se ve a una pareja, una de espaldas, el otro de perfil que observan las pinturas expuestas y una larga fila de las mismas al fondo. En general se comentó que “¡hay que ver la santa, “pá una vez que viene y la sacan en el periódico!. Mi santa el único comentario que hizo fue: "¡ Ja, ja, ja, qué risa!. ¡Garban, se te nota la barriga cervecera!" Sobre la foto hay varias teorías. Una afirma que el fotógrafo fue sobornado por uno de los dos con cincuenta euros para que nos sacaran. Otra, la menos aceptada, afirmaba que éramos las dos únicas
Invitación al ágape
personas que estábamos disfrutando con la belleza expuesta, mientras el resto se dedicaba a la pitanza y a la plática en la antesala de la exposición. Una tercera se difunde en el sentido, también poco apoyado por el respetable, de que el fotógrafo reflejó en la instantánea la calidad de las obras y las aderezó con la presencia de dos personas que rezumaban sensibilidad y cultura, reafirmando en la fotografía la sensibilidad de unos con la belleza de otros, siendo el resultado otra magnífica obra de arte como es la foto publicada. En este momento desvelaré la realidad de la escena:
-¡Hola Garban!, ¿qué haces por aquí?. Se dirige a mí el fotógrafo de La Opinión. - ¿Me recuerdas?, soy fulanito. Nos conocimos cuando tú colaborabas en La Opinión de Murcia, entonces yo trabajaba de fotógrafo allí.
-¡Hola, fulanito!. Recogí el guante del reportero, al que no recordaba de nada. - ¿Cómo no me voy a acordar?. Pues estoy por aquí, pues el homenajeado era tío de mi “señora esposa”. Por cierto fulanito, aquí mi santa.
-Poneros allí, un poco a la derecha, otro poco a la izquierda.
Mi santa se gira pues no le gusta salir en las fotografías, creo, aunque ella no lo reconocerá nunca, que piensa igual que los habitantes de algunas tribus africanas, cree firmemente que una fotografía le robará el alma.
En un momento ¡Flash! y nos dice: -”¡Tanto gusto!. Mañana os saco en el periódico. Y esa es la verdadera historia.
Un paseo por la siempre bella ciudad de Granada y la visita a algún que otro bar para tapear y tomar cervezas. ¡De acuerdo, fueron algunos más que alguno, pero tampoco fueron tantos como podríais imaginar! y regresamos a casa, despues de haber conocido, en mi caso, a muchas personas, cual de ellas más interesante. Por cierto, quedé con Amores, un pintor
La santa y Garban contemplan la magnífica exposición
granadino para volver pronto pues se “ofreció amablemente” después de varios ginc-tonic, por mi parte (es decir, que me los tomé yo y me puse más “pesao” que la mano de un novio), a pintarme un cuadro.
He regresado de nuevo a la rutina. Sin demasiada entusiasmo por el triatlón en estos momentos. Ayer hice un test sobre 2.500 mts., no tocaba pero tengo que tomar una decisión pronto y la incertidumbre me puede. He mejorado algo, pero no lo suficiente. El sábado por la tarde estoy inscrito en el duatlón de San Pedro del Pinatar. No pensaba ir, no me apetece, pero la presencia en la prueba de mi zagal mayor, sin entrenar, pero mejor que se anime a participar a que se quede en casa y de mi zagal pequeño que actuará de juez, quizás me anime a ponerme en la línea de salida. Al menos ya tienen a mi hijo en la línea de salida para darle pedigree a la prueba, no todos los días hay un subcampeón de España de tri, aunque sea de G.E., en la línea de salida y varias veces bronce por selecciones regionales de duatlón.
¡Pues nada que me piro, Ramiro!
Hasta el próximo día, querido diario.

jueves, 21 de febrero de 2008

Valencia Tierra soñada por mí





Entradilla primera:

Me inquieren sobre la inactividad del blog. Este lo creé como medio de comunicación conmigo mismo, mejor dicho con mi Alter Ego “Garbanzito”. Los objetivos no eran otros más que dar, desde un prisma de un personaje, de mi acontecer diario. El humor y el quitarle importancia que los deportistas “a tiempo parcial” le damos unos claramente sobredimensionados pequeños problemas, un dolor en un gemelo, un mal resultado en una carrera... era y sigue siendo el motivo de la existencia de éste.

Garbanzito no es más que un personaje sin vida. La mía y la de mi familia se mantiene de mi trabajo y éste ahora está en un momento de crisis. La palabra crisis no tiene que ser definitoría de un mal momento, también se puede emplear como un cambio, un punto de inflexión. Soy informático por que las circunstancias así lo requirieron. Mi empresa se encuentra inmersa en convulsiones importantes. Primero una certificación de calidad pionera en nuestro grupo y en nuestro sector. Después otra certificación, esta vez de seguridad, así mismo primera en el sector y en España. Ahora hemos comenzado otro proyecto faraónico, novedoso dentro de nuestro holding. Estamos migrando una red de más de 3000 usuarios a un entorno totalmente abierto y desprovisto de licencias. Estamos en fase de terminar la migración más grande, en este sentido dentro de nuestro pequeño mundo. Todo lo novedoso requiere una gran aportación de ilusión y trabajo. Mucho I+D+i y mucho esfuerzo que te deja seco, falto de ideas y sin ganas para dedicarle excesivo tiempo más al supremo arte de pensar. Para aumentar aún el riesgo del proyecto lo estamos haciendo en “caliente” con el usuario conectado y solicitando nuestros servicios. Al final quedará una gran plataforma clusterizada y cliente-servidor, totalmente gratuita para la empresa, con sus herramientas de usuario y de administración superior creadas casi totalmente en la “casa”. Cuando termino no tengo muchas ganas de escribir y si las encuentro los problemas son tan grandes que me quitan el humor y le quitan importancia a los aconteceres del deporte. Este blog, sin humor no tiene objeto y por ello prefiero no escribir a hacerlo por quitarme el compromiso de encima. De todas formas intentaré remediar la sequía creadora.


Entradilla segunda:

Estoy en fase de reflexión. Unos comentarios en el foro del Atleta me han tocado personalmente. Es por ello que me cuestiono si merece la pena pertenecer a este mundo global de los foros y los blogs. El tema es que unos usuarios comenzaron a cuestionar la actitud de otros y en el debate, sin comérmelo ni bebérmelo, salió mi nombre. Lo que más me molestó fue que lo asociaron a dobles nick y demás chiquilladas de ese tipo.

Me considero lo suficientemente preparado para debatir con cualquiera sin necesidad de esconderme tras un segundo nick. Es obvio que me considero lo suficientemete hombre para dar la cara defendiendo mis convicciones. Estos “chicos” que hablan de progresía y moderneces, siguen sin digerir bien cuando alguien no piensa como ellos y les expone lo que piensa y además se lo argumenta. Enseguida si alguien escribe en parecidos términos y el nick es diferente, contraatacan acusándole de troll y dobles nicks. Muchachos, el pensamiento único pertenece al pasado y puede que haya más personas que piensen diferente a vosotros, es posible que estén equivocadas, pero eso no significa que tengan que ser malintencionadas. No sois perfectos y lo que comenzó como una ayuda al usuario ahora se parece más a un mercadeo. Jesús echó a los mercaderes del templo. El templo es el foro del Atleta, los mercaderes serán los que se “beneficien” de alguna manera, por leve, simple y nimia que sea de él. Uno de los acusadores, atendió a mi respuesta en el foro y con la boca pequeña se medio disculpó, no muy convencido de mi inocencia. El otro, el que más respeto exige, ni se molestó en contestar. Con su pan se lo coma.


Valencia, tierra soñada por mí.

Teníamos mucha ilusión por Valencia. Digo teníamos, pues mi Santa, aunque el año pasado juró no volver, se ilusionó con la propuesta de éste. En principio íbamos a irnos el sábado por la mañana. El viernes a última hora salimos a Valencia ya que nuestro amigo Juanma nos achuchó con la promesa de una suculenta cena. Esta cena tenía como acicate, aún mayor pues soy una maruja, su compañía y el de su guapa novia. Que “Butragueño”, el tuno más dicharachero de Valencia y el corredor de maratón más gandul de la comarca, tuviera una novia, era suficiente argumento como para coger el coche e ir a conocerla en persona. La cena y la compañía fue suculenta y divertida y acabamos tarde, pero aún sabiendo como nos llamábamos. Comenzó el viaje a Valencia con “excelentes” premisas para el divertimento, pero anunciando debacle inminente en la carrera como la cosa siguiera por ese derrotero.

La mañana del sábado amaneció grisácea y fría. Lo primero que hicimos, mi santa y yo, fue “jurar y volver a jurar” que nos comportaríamos como deportistas, aunque sólo lo fuéramos “a tiempo parcial”. Tras correr durante treinta minutos siguiendo mi costumbre en las ciudades que visito, por el centro de la calle para conocer de primera mano y en profundidad los lugares a donde voy, regresé a casa de Susana. Susana, para quien no la recuerde es la escultora de San Cucufato, patrón de nuestro paraje y santo que paseamos, “en solemne procesión el último fin de semana de julio” por los alrededores de nuestra casa. Fuimos paseando hasta el hotel de la organización y tras varias colas recogimos el dorsal, la bolsa y las demás chucherías, pitanzas y otros cachivaches que nos obsequió la organización. Esperamos a Stani y Mariló, como no podía ser de otra forma, en un bar cercano, donde nos tomamos unas cervezas y vermuts para amenizar la mañana. Llegados nuestros amigos y como el bar era un sitio calentito nos tomamos otras cervezas para celebrar nuestro encuentro y luego nos tomamos otras mientras que Susana se acercaba a nuestro encuentro.

En las séptimas u octavas cervezas decidimos que Susana nos acercaría a un sitio maravilloso que recomiendo como es “Casa Montaña”. Un garito con el sabor de una taberna de mil ochocientos, con su mostrador de mármol blanco, su mobiliario de madera, sus grandes toneles, su pizarra con los vinos y tapas escritos con tiza, pero con unas tapas de diseño y costumbristas que nos encandilaron, más o menos nos encandilaron hasta las cinco de la tarde. Con la promesa rota, la que habíamos hecho a las ocho de la mañana de comportarnos como deportistas, nos dirigimos a dormir la siesta. Por la tarde, nuestra anfitriona nos llevó a ver otra parte de la ciudad que el año pasado no visitamos. Entre los sitios que vimos estuvo el mercado de estilo modernista de Colón. A las tantas acabamos la troupe compuestas por la guía, la familia de Alfonso, la pareja formada por Stani y nosotros, entre nueve y diez personas en un garito comiendo pasta. Un poco de pasta, un vino, otro vino, otro vino más, creo recordar y un par de cervezas y sobre la una de la madrugada nos metimos en la piltra con la sana idea de madrugar al día siguiente y correr una maratón en el majestuoso tiempo de hora y media. Mi intención era acompañar a Stani, hasta ese momento.

Bien está lo que bien acaba, aunque los comienzos fueran terroríficos. A las seis estaba de pié y mi santa dormía con una cara de ángel que me daba pena el despertarla. Cuando ya estuve en condiciones la desperté. Resultó que lo hice tarde. Desayunamos, cogimos el coche y el reloj avanzaba inexorablemente hacia las ocho, momento en el que deseaba estar en la línea de salida. Este año, como novedad, algunas más llevaba pero vamos como novedad más evidente, me había agenciado un navegador que mi hijo me había prestado. Lo pusimos, le dimos la dirección y “¡Voila!”, en un plis estaríamos en el Carrefour. ¡Y una mierda!. El bicharraco se empeñaba en llevarnos por calles cortadas por las obras del metro, para después darnos como alternativa otras que estaban valladas por que la carrera pasaba por allí. Tras mucho preguntar, hacer más kilómetros que un taxista y los nervios a flor de piel el reloj marcó las ocho y media. Dejé a mi santa con el coche ( al final tuvo que dejarlo encima de una acera) y me encaminé guiado por el cauce del río y las torres del alumbrado del estadio hacia la línea de salida. A las nueve menos veinte arribaba al lugar y comenzaba a cambiarme. ¡Menos más que lo llevaba casi todo puesto!. A las nueve menos diez aparece mi santa y puedo dejarle la bolsa y nos conminan a que entremos en los cajones de salida. No había visto a nadie, ni a Juanma, ni a Stani, ni a Pepo... Decidí que no era el momento y que mi humor no era el más apropiado para hacer compañía a nadie. Me dirigí a mi cajón de salida. Ni estirar, ni calentar, ni beber, ni hablar, sólo esperar unos segundos pues la salida sería dada ya. Eran las nueve menos dos minutos.

Se lanza la carrera y me pasa el globo de las tres horas, correcto. Mis sensaciones son buenas, aunque mis ánimos no eran los mejores para la larga prueba. Con mi norma de no llevar reloj, me acomodo a un ritmo conocido a cuatro cuarenta, aproximadamente. Unos me pasan y paso a otros. Me cruzo con Michel, de Santa Pola y me pregunta por Stani. Le comento que estoy esperando que me pase el globo de las tres horas y media, pues seguro que ahora irá rápido para recuperar el tiempo perdido en la salida. Pronto desisto. Me cruzo con el globo y no veo a Stani. Sigo a un ritmo de tres horas y veinte. A los pocos kilómetros se forma un grupo de cinco corredores, cuatro valencianos y yo. Llevaban un forerunner 305 y lo seguían como la biblia. Me parecieron gente seria y me fié de ellos. Los únicos momentos en los que se salían del guión eran cuando se acercaban a la salida. Comentar que me gustó mucho el pasar tantas veces por la salida, había un gran ambiente, mucha animación y motivaba mucho. Una de las veces tuve hasta ánimos de gritarle a mi santa: “¡Pá qué veas que es verdad que cuando me voy de casa y te digo que voy a entrenar!”. Cuando el corredor que llevaba la iniciativa del grupo apretaba, le preguntaba, ¿qué ocurre, hay algún conocido cerca?. La respuesta siempre era afirmativa. Conozco la forma de actuar de los que somos populares. En una amplia avenida, luego sería el kilómetro 38, me cruzo con Stani. El grito siempre es el mismo: ¡Stani maricón, Stani maricón!. Va ligeramente por delante del globo de las tres horas y media. Ya es muy tarde para esperarlo y mi humor sigue siendo igual de malo. Tengo frío. Estamos a punto de pasar la media maratón y aún llevo la camiseta de algodón que me puse en la salida, mis guantes y mi pañuelo-gorrito de Homer Simpson que me regaló mi hermana. Al final no me quitaría la camiseta más que para entrar al estadio y sólo porque se me viera el dorsal. Vamos bien, pero no era optimista. Sabía que el día no era el adecuado desde que me empecé a equivocar de trayecto en el coche, así que estaba preparado para el plan B. Cerca de una estación de metro o de tren, Pepe, el hijo del Mago me reconoce. Lo saludo, me alegra el día. Pienso en terminar pronto pues luego tenemos una comida con ellos que promete ser espectacular. Me gustó el circuito. Me gustó la animación, me gustó el voluntariado, siempre con ganas de ayudar y siendo enérgicos cuando la ocasión así lo necesitaba, pero siempre educados. Creo que no se podrá repetir ese circuito, el pifostio del tráfico fue tamaño “Delta del Nilo”. Llegamos al treinta, dos de mi grupo se paran a orinar, otro sigue y yo me hago con mi botella de agua. Había tomado dos geles y me disponía a tomar el último. No llegué a echármelo a la boca. Un regusto amargo me salía por la garganta. Me pasaron mis compañeros meones y en ese momento comencé a encontrarme mal, muy mal. Tenía unas ganas de vomitar enormes, pero no podía. Llego al treinta y uno, definitivamente me despido de mis compañeros de viaje y me dispongo a realizar la travesía del desierto. Me agaché para vomitar y lo único que conseguí fue marearme. Pensé en sentarme, pero intuí que si me paraba y me caía al suelo lo primero que harían sería llamar a mi santa en cuanto llegara el de la ambulancia, así que pensé que ese susto no se lo podía dar, con lo bien que iba el fin de semana. Creí andar, luego me di cuenta que iba más rápido de lo que creía correr, el subconsciente es un arma muy poderosa. Pasé el treinta y cinco. Un montón de corredores comenzaban a adelantarme, la situación requería nervios de acero. No hay nada que me siente peor que me adelanten al final de la carrera, significa que soy un pardillo y que me he sobrevalorado. No me sobrevaloraba, yo lo sabía, pero me jode que los demás piensen que sí, era un mal día. En el treinta y cinco no veo a nadie de la Cruz Roja. Decido que para que para allí, seguiría hasta que encontrara a algún medico. Si lo había no lo ví. Llegué al habituallamiento del 40 y allí, recordando la maratón de Roth me paro a beber y charlo con un voluntario. El tiempo que estuve allí me sentó de maravilla, más a mi psiquis que a mi cuerpo, pero encontré nuevos motivos para correr. A lo lejos veo llegar al globo de las 3:30. Me espero y decido que intentaría entrar con Stani. Mi amigo no va en el grupo. Me pego a ellos con la intención, no de no quedarme, que sabía que me cortaría, sino de hacerlo poco a poco, de forma progresiva, de tal manera que cuando volviera a quedarme sólo estuviera muy cerca de meta. El globo se va. Uno de los prácticos, con la cabeza afeitada, como yo, va dando gritos de ánimo a todo el mundo, gritando y diciendo que lo iban a conseguir. Hay que hacerle un monumento al chico, me daban ganas de correr hasta a mí, si hubiera tenido fuerzas. Pienso que entraría en meta sobre las tres treinta y cinco horas. Bajo al estadio y el spiker comenta que ya ha entrado el globo y que había ganado aproximadamente un minuto a su tiempo estimado. El caso es que tras analizar los tiempos, en once kilómetros sólo perdí diez minutos, cuando me sentía que iba andando, luego aún corría rápido. Creí que podría entrar dentro de las tres horas y media y efectivamente, el reloj marcaba 3 horas, treinta minutos, cincuenta y ocho segundos cuando crucé la línea de meta con la peor cara de mi vida en este mundo de las carreras. En la grada mi entrenador apostaba a que hoy no me tomaba ni una cerveza, de lo mal que me vio, mi santa apostó a que antes de las dos me habría tomado al menos dos. Por supuesto mi santa me conoce más y ganó la apuesta. Otra vez el navegador, las obras y las calles cortadas nos hicieron llegar tarde a la comida con Pepo. El lugar era guapísimo y comimos con entusiasmo, abundancia y con suficiencia de riego. El Tridente es un lugar para volver. Unos entrantes buenísimos, como en todos estos sitios, algo minimalista, yo es que soy de la huerta y claro un plato no está lleno mientras que vea a través de él al comensal de enfrente, es broma, todo estupendo. El vino, la paella, el cava. Los quesos y los postres fueron de cine.

Al final nos trasladamos al bar en donde nos tomamos varias copas de balón y tarde, nos recogimos, con la promesa de volvernos a encontrar en otra nueva aventura.

P.D.: El año pasado hice mejor marca, pero prefiero esta y haber disfrutado tanto de mis amigos y por supuesto por ver la cara de felicidad de mi santa al haberla podido corresponder con un viaje como el que ella se merece y no como los que habitualmente, con el rollo este de correr rápido, la suelo obsequiar.

¡Hasta el próximo año, querida Valencia! y por supuesto amigos...